img Luna por accidente - El vinculo del Alfa  /  Capítulo 3 La chispa del vínculo | 4.17%
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Historia

Capítulo 3 La chispa del vínculo

Palabras:1335    |    Actualizado en: 30/09/2026

aba su muñeca con una fuerza contenida, firme pero sin llegar a lastimarla. La luz del teléfono tirado en el suelo iluminaba de medio lado la ca

ntar él. Su voz no era normal; sonaba gruesa, cave

s minutos, ese sujeto era un lobo gigante del tamaño de un oso, desangrándose en el suelo. Ahora, era un hombre enorme,

esfuerzo supremo para que no le temblara tanto la voz-. Te es

músculos del cuello se le marcaron como cuerdas tensionadas. Llevó la otra mano a su propio pecho, justo donde hacía un instante tenía

n lo que lo tenía deso

punto donde la sangre de la palma de Aria tocaba su piel. El hombre abrió los ojos de golpe.

ino y tierra mojada que se le metió hasta el fondo de los pulmones, y una necesidad absurda, casi violenta, de acercarse

lgo así. No era atracción física común ni miedo; era una atracción magnétic

atrás. Se tambaleó ligeramente, apoyando una mano en la pared de ladrillos p

luego mirando a Aria como si ella fuera un fantasma o un mon

erro! -estalló Aria, aprovechando la dist

mente hacia la salida del callejón, manteniendo la luz apuntándole directamente a la cara.

ue sabía perfectamente que ese pedazo de metal no le haría ni cosquillas a un sujeto de su tamaño-. N

lavó en las tijeras y luego en la cara de ella. Una

enfermera pueden detenerme? -dijo

una mano al costado y soltó un gemido bajo. Aunque la herida por fuera estaba cicatrizada, la transformación tan repenti

entos más absurdos, le dijo que el tipo estaba al límite de sus fuerzas. La energía

mbaba en los oídos-. Tu cuerpo gastó demasiado en... en lo que sea que acabas

hablaba así. Nadie lo miraba con esa mezcla de desconfianza

rme y dominante, la voz de un Alfa. Pero el mareo lo volvió a golpear. Se pasó

viejo! -protestó ella-. Tú fuiste el que empezó a brillar y a cam

usualmente solo respondía a la autoridad y a la violencia, estaba extrañamente tranquilo. No quería atacar a la humana; quer

la del Alfa Valerian Dra

azadores», pensó Valerian con rabia. Si la manada se enteraba de que su líder había quedado vinculado a una chica común de la ci

ipo pasaba del dolor a una frial

-ordenó él, má

dando otro paso hacia la calle iluminada-.

detenerse. No era un dolor físico real, sino esa extraña opresión del vínculo que prot

la. Sabía perfectamente lo que estaba sin

discusión-. Si te vas, tu olor va a atraer a las cosas que me estaban caza

arecía muy lejana. El silencio de la noche, que antes le pa

ó ella, apretando el t

ando toda su estatura y la presencia in

on esa mirada de plata que parecía leerle los pensamiento

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