vista d
te en blanco. Kael acababa de estar dentro de mí. Cada centímetro de él.
l colchón a m
uerpo. Eso era todo. Ya estaba hecho. Había perdido la v
s Kael
inta. Confundida. Se miró a sí m
icé fuera de la cama. Me temblaban las piernas. M
alrededor de mi muñeca-.
ír
isa. Ropa interior. Sujetador. Falda. Blusa. Me puse
taba detrás de mí, con la voz baja y peligrosa-.
asunt
o golpeó la madera por enci
lo
ndo para tapar la vergüenza-. Igualmente me habrías pedido que viniera. Igualmente me habrías
la hija de mi
-Negué con la cabeza-.
orque ahor
gándome a mirarlo. Sus ojos eran oscuros. Feroces. Nada que ver c
No vas a irte a casa a ver a ese
rc
bre va a mirarte como te miro yo. Sabías en
no lo
menos que fueras en serio con todo lo que esto implic
abía excitado. La idea de que alguien estuviera tan obsesionado
hacer esto. Mi pa
mpo llevo deseándote. Con cuántas mujeres he estado imaginando qu
a y abrí la puerta
í cor
-
Ka
a. Mi mano seguía levantada, donde la había apoyado contra
vi
sido v
hecho? Julian era mi socio. Mi mejor amigo. Y acababa de tomar la virg
era una sumis
que entraba en una habitación con esas faldas cortas que me hacían la boca agua. Había soñ
lo hab
había
nó hacia mí con esos ridículos zapatos de suela roja, con la mirada afil
ad
nti
arlow antes de que hiciera alguna estupidez. Como llamar a su padre. C
udor y el sexo flotaban en el aire. Recorr
tro de
con una copa en la mano-. Hace unos do
acera. La calle estaba vacía, salvo una pareja que tropezaba al subir a
arl
resp
directo al buzón de voz. Volví a
de es
titos. Luego nada. L
as
o Julian me pidió que le llevara un regalo por su cumpleaños. U
e antes de poder
ándola al mismo tiempo. Ella no tenía ni idea de lo que me había hecho.
miné hasta la puerta. Llamé a su
voz de Sage sali
ne. Necesito
la puerta hizo
recomponerme. Para recordarme que ella era la hija de Ju
e frente a su
uy abiertos. -Está en su c
era pequeño, abarrotado de libros de texto y tazas d
ho, todavía con la ropa que se había puesto a toda prisa
e, K
N
yé en ella. Me fulminó con fuego su
erecho a est
el derecho
Vine a ti por una cosa y la c
e encogió contra el cabecero, pero mantuvo la
-dije, deteniéndome en el borde de la
mi
igues llevando mi sem
mate. Abrió la boca, la
u lado. Ella se estreme
hacerte da
o hic
ho. -Lo sé. Y lo siento. Pe
iró de verdad. Le temb
res de mí?
od

GOOGLE PLAY