o el brazo a ciegas entre las s cobijas para apagar la alarma, pero al ver la pantalla se dio cuenta de que no era el reloj:
u correo -soltó Sofía al otro lado de la línea, sin siqu
añana y todavía sentía el dolor de cabeza residual por el estrés de la gala de la noche anterior. El recuer
do, Sofi. ¿Qué pasó? ¿Se
solicitudes formales de reunión privada. De las oficinas ejecutivas directas. No pasaron por la página
nando descalza hacia la pequeña cocina de su de
es estamos
ínea Marítima Cross. Las tres empresas más grandes de la ciudad, Elena.
con la jarra de
estás hacie
guien en la oficina vacía la estuviera escuchando-. Los tres ejecutivos exigieron la misma franja horaria. Quieren verte esta tarde. Ninguno ac
Lo que había comenzado como una extraña competencia de miradas y provocaciones en una fiesta elegante ahora se estaba trasladando de lleno
os a dejar intimidar. Organiza la agenda. Dale a cada uno un espacio de una hora, con treinta minutos de diferencia entre cada re
n pongo
de la noche anterior. La fuerza bruta e impetuosa de Alexander, la fria
s. Y a Dorian a las cuatro y media. Si quieren mi proyect
e presentación y a comprar bastante café cargad
ue la tormenta ya estaba sobre su cabeza. Podía haber rechazado las reuniones, claro, y mandar a volar a los tres magnates para mantener su paz mental. Pero la realidad financiera de su em
, con un puñado de escritorios, una sala de juntas pequeña con mesa de cristal y una vista decente a la avenida. Sofía
s de código y responder correos rutinarios, pero le resultaba imposible. Cada
co, el ascensor del piso s
s ojos abiertos de par en par y le hizo una seña con la ma
largo suspiro para calmar el ritmo desenfrenado de su corazón. Salió a la recepci
a Alexander Thorne. Llevaba un traje impecable pero con la corbata ligeramente ajustada, y no venía solo: detrás de
Tenía los ojos fijos en la puerta de la oficina de Elena, y en cuanto
r hasta en los cristales de las ventanas-. Tienes diez minutos para despejar

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