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Historia

Capítulo 3 III

Palabras:1536    |    Actualizado en: 21/10/2026

manos enguantadas aferradas a la cómoda. Harper

ó su cabellera a su espalda. -

hipócrita. Pero lo suyo no se comparaba a ir a la habitación de a

castigo por haberlo causado. No sucedía lo mi

a fuerza para cambiar tu destino- susurró Winifred, su na

soy más que una sombra en esta casa, Win. Tenía un poco de importancia con Orvyn vi

color de sus ojos se intensificó má

e este año-, apretó sus puños. -Sí tengo la

na -soltó Winifred con severidad. -Es sólo tu dolor ha

soy yo- miró a su nana. -Win, si me dejo tir

rla entrar en razón. Harper cerró lo

ncluso a su marido, lo haría. Peor no sería su vida. No más de lo que ya era. Ese era su pensamiento

o que subía las mangas de su camisa hasta su antebrazo

porque su silencio era prueba constante de su de

as podía permitir. Iniciar una guerra iba contra el código de los Crown y no sería el causante de una que se estaba extendiendo tanto. No necesitaba

jamás era tomado a la ligera. Aún más porque todos estaban al tanto de que no sentía la

. Aunque el médico dijo que esa condición no afectaba sus emociones, jamás habí

rmente. Aunque esperaba que ese año transcurriera verdaderamente rápido. Suficiente tenía cómo para sopor

da- Mateo pasó de largo al v

da- lo alcan

nvenció, aunque por solicitud de Mateo se quedaría en el auto, dejand

rse y poder divorciarse incluso antes de la fecha pactada, au

icina sin emoción, ni aroma más que el del desinfec

ción. Mateo Crown la esperaba mirando hacia el bolígrafo del juez y jamás hacia ella. L

la ceremonia, acaba

ítima esposa, para brindar su fidelidad y compañía, en la salud y enfer

to -contes

vista hacia la pelir

mo esposo, para brindar su fidelidad y compañía, en la salud y en la enfe

o los ojos en él mafioso. -Ha

s en ello, aunque para ella, era una

n él, ella dudó en tomar el suyo, mientras su ahora marido movió el suyo en

penas había tirado la anterior, aunque sus oj

l arma al sujeto y le apuntó a su marido, obteniendo el dorado de los ojos de Mateo sobre ella. No había sorpresa, ni

deja el berrinche. Act

se salía de control. Pero debía continuar con la ceremonia, según la orden del mafioso qu

a vez sí lo haría

puedes romper una uña- ordenó Mateo ca

el p

raje apenas terminó la frase con s

a eso o yo mismo me encargo de que est

ás, maldit0! -determ

r escapar. -¡Que continúes! ¡Termina de dejarle claro a esta d

queó y no dudó de l

.besar a

no instintivamente cubriendo la herida en su hombro. Al principio, solo sintió una presión extraña, algo que nunca había exp

atido parecía amplificar el dolor, haciéndolo más intenso y abrumador. Mateo intentó movers

s, cada nervio gritando en agonía. Apretó los dientes, tratando de contener un grito, pero el dolor era demasiado. Un gemido escapó de sus labios, y su visión

sonrió satisfecha por el resultado. La quiso alcanz

se a toda prisa sin considerar que la podrían matar ahí mismo. A ella no le importaba, dej

uvo a Mateo cuándo este tensó

ecirla por primera vez en toda su vida y para A

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