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Amarte es un arte
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Capítulo 1 Grabriel
1394    |    26/09/2021

Era perfecto, estaba ahí acostada en la cama pidiéndome que no me fuera, que me quedara unas horas más; como si en toda la noche no hubiera tenido suficiente, eso ayuda a mi ego debo admitir, creo que no hubo ninguna posición del kamasutra que no hiciéramos; no me gusta ceder el control, la verdad Lucrecia era una de las pocas mujeres que lograba saciar mi apetito sexual, sabe hacer muy bien su trabajo tanto con las manos como con su boca; solo pensarlo ya me prende, pero una noche es suficiente, sacie mi necesidad y es hora de regresar a la vida.

Ella es esa clase de mujer que te ayuda a olvidar un mal día y estar concentrado en solamente sexo, sudor y placer, me vuelve loco para que negarlo, rubia, ojos azules, cuerpo de diosa, sonrisa refrescante, divertida y sobre todo no me presiona, sabe que nuestra relación está basada en encuentros fortuitos, ella aburrida, yo aburrido y en una llamada en minutos nos estábamos divirtiendo o simplemente un mal día y ya estábamos metidos en la cama.

Todos los que nos conocen dicen que hacemos una pareja increíble y como no; la hija de los mejores amigos de mis padres, amiga de mi hermana, tiene todo lo que quiere; nos parecemos mucho en realidad, por eso nuestra relación no puede pasar del sexo, juego y diversión, ella lo sabe por eso nos llevamos de maravilla.

-Vamos nene, no te vayas, quédate un poco más, ni siquiera sale el sol - quitándose las sabanas que cubrían la poca piel de su cuerpo, que tentación, me sonríe y me guiña un ojo - anda, sabes que te quieres meter a la cama otra vez, un mañanero te caería bien.

- A ti te caería bien- reímos - eres una tentación Lucrecia, pero ya fue suficiente y debo irme.

- Vamos Gabriel, no todo es trabajo y negocios, algún día deberías tomarte el día y pasarla bien y yo te puedo ayudar.

- Me ayudaste mucho, sé que no todo es trabajo, estás metida en mi cama, ¿no?.

Hace ese gesto molesto en su rostro de que no le gusto el comentario, se levanta, molesta de la cama y empieza a vestirse, pero si de algo me caracterizo es de ser sincero.

- No te molestes Lucrecia, siempre hemos sido así, me llamas o te llamo, nos vemos, nos acostamos, la pasamos bien y luego cada quién a su vida, a sus cosas, lo sabes.

- Si lo sé, pero... no sé, solo digo que podríamos tener más, nos divertimos juntos, compartimos los mismos gustos en todo y nuestras familias se adoran, así que pensé porque no hacerlo real para todos y dejar de vernos así.

-¿A ver Lucrecia, me estás hablando de tener una relación como novios, flores, citas románticas, agarraditas de mano, fidelidad y todas esas estupideces?, porque sabes bien que no soy ese tipo de hombres, me gustan demasiado las mujeres para amarrarme a una sola, no me gustan los compromisos y en cuanto a nuestras familias, que ellos sean amigos y tengan negocios en común no significa que tú y yo seamos perfectos juntos, así que ve quitándote esas ideas de tu cabeza, como estamos la pasamos bien.

- No digo que no la pasemos bien, ni que hagamos la casita y agarraditas de mano por la calle, ni nada de eso, solamente que yo te gusto y tú me gustas, así que suponía que podríamos intentarlo y ver cómo nos va, no tenemos que ponerle nombre a lo que tengamos, nada más estoy dando una idea.

Se me queda mirando mientras me dice lo que piensa y únicamente imaginar una vida de atadura, problemas, caprichos, adiós, diversión, a las mujeres guapas, empezar a dar explicaciones, ir a compromisos familiares y los negocios. Bueno, siempre dicen que los negocios no se deben mezclar con los placeres y mucho menos con la familia, la sola idea me provoca náuseas, ¿en qué cabeza cabe que yo Gabriel Ziegermman pueda ser todo eso, por Dios?.

- Lucrecia, vamos a dejar algo claro, porque al parec

er se te olvido las condiciones de esto acuerdo, tú me buscaste, ¿lo recuerdas?.

- Si Gabriel pero...

-Pero nada fui claro, te dije que si hacíamos esto no quería compromisos, que no creyeras que seriamos novios o que tendríamos derecho a exclusividad y mucho menos pensar en algo serio. Que únicamente sería diversión, sexo y nada más, que nuestros amigos y familia no debían saber para qué no lo arruinaran y pensaran cosas que no son, estuviste de acuerdo, aceptaste cada una de las condiciones y yo las tuyas, ¿ahora me sales con estas?.

- Gabriel, eso fue hace cuatro años, las cosas cambian y yo solamente supuse que tal vez era el momento de dejarnos de juegos y hacer de esto algo más, después de todo sabes que siempre estoy ahí cuando me quieres ya sea para hablar o sexo. Siempre te he apoyado, he estado contigo en las buenas y malas, somos amigos y en la cama nos entendemos a la perfección y sé que nos llevaríamos bien como pareja, ¿por qué no lo podemos intentar?

- Tu misma lo has dicho, como amigos, Lucrecia; amigos que tienen sexo cuando quieren, no hables como si yo soy el que siempre te busco y tú la sumisa que está ahí; porque tú también me has buscado y podría decirse que más de lo debido para una dama - abre los ojos, simulando estar indignada por el comentario.

- Y no me mires, así que sabes que es cierto, yo he estado también para ti, pero no significa que quiera una formalidad, sabes que he estado con muchas mujeres todo este tiempo y yo sé que tú has estado con otros; así que no entiendo por qué cambias de opinión ahora, así que olvídalo.

Tomo mi chaleco, mis llaves y me dirijo a la puerta y solo escucho sus últimas palabras que dice.

-¿Podrías nada más pensarlo?

-¿Para qué?, yo no voy a cambiar de opinión, sé lo que quiero y definitivamente no es una relación seria, ¿por qué quieres que yo te dé eso? ¿Por qué?

- ¡Porque te amo!.

Se va acercando a mí, mientras la veo y pienso, ¿me ama?, esas palabras retumban en mi cabeza, ¿está loca?, no nací para que una mujer me ame, no soy bueno para amar a nadie, solamente hago daño, solo soy bueno en sexo, mujeres, negocios y destruir a mis enemigos, ¿pero amar?, nunca he amado a nadie que no sea mi madre, padre y mi hermana, pero a una mujer que no sea de mi familia. No claro que no.

- Escucha Gabriel, sé que la palabra amor asusta, sé que por alguna extraña razón nunca has querido hablar de amar, que te parece tonto creer que un hombre y una mujer puedan sentir algo tan fuerte que morirían si algo le pasara al otro, pero si existe, ahí están tus padres se aman y adoran como pocos, tu hermana y Sebastián, viven uno para el otro, ¿o acaso no lo crees?.

Mira, sé que tú y yo podemos tener algo hermoso, sé que sientes cosas por mí, si no fuera así no estaríamos cuatro años juntos, no me buscarías para aplacar tus demonios o desahogar tus frustraciones y deseos. Algún día querrás tener hijos, una mujer que te amé, que esté ahí para ti, que sea tu mundo y tú el de ella, ya no eres un niño, no puedes seguir viviendo como uno, debes empezar a pensar en una familia y yo te ofrezco eso y más.

Solo me mira esperando una respuesta y no sé qué decirle por primera vez me hace pensar en un futuro, yo podría tener una familia, una mujer que de verdad me mire por lo que soy y no por mi apellido o mi cuenta bancaria. Una mujer que sea solamente mía y de nadie más, una mujer buena, desinteresada, dulce para aplacar mis demonios, una mujer..., ¿pero qué diablos estoy pensando?, eso no va a pasar, no existe una mujer así, todas son iguales, interesadas, traicioneras, mentirosas. Aparto sus manos de mi pecho y cuando voy a hablar, ella me corta y me dice:

- No digas nada, solamente piénsalo.

Con las mismas salgo de esa habitación.

            
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