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Historia
La otra cara del príncipe

La otra cara del príncipe

Autor: Lizy Kell
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Capítulo 1 Una de las caras

Palabras:1842    |    Actualizado en: 15/12/2021

ODUC

ída del extenso kaganato Uigur. Las facciones no tardaron en surgir y el control de las

atrimonial y a un convenio de paz, las confrontaciones en

r cap

ue soy su hijo, le as

gim[*] desde que nació. El parto fue extenso y doloroso para la madre, pero gracias a un milagro se

tendidos. No solo lo pensaba él, sino todas las personas que en algún momento de su vida lo rodearon, y

do del mundo exterior, decidió darse una oportunidad, solo una, y

quellas paredes grises y de ladrillo desgastado por los fenóme

, estaba atormentado por un pasado que lo condenó durante toda la vida, que acabó con aquel niño tierno de

buscando una forma de lograr que su padre se acordara de él, de que tenía un hijo encerrado a miles de kilómetros

guir la salida del exilio. La luna se la susurró al oído, el búho se lo expresó con su mira

era injustificada a causa de una estrategia para allanar los llamados de las tribus nómadas de las este

que había estado con él desde que era un niño de diez años. La única persona que había

ce una semana que desperté, pero padre no ha venido

l ventanal y son

de la muerte de su

murió ejecutada por mi padre. En una mañana nublada como esta

e la muerte de la concubina Anuska, su padre le cond

e lo que persuadió a mi padre, para que

de pocos años, no tiene sentido que piense en el

rascaba suavemente una de las ronc

sin angustia mientras daba por terminado el

no salga de su cuerpo, tend

is más generosa -sugiri

día entenderlo, pues ninguno era capaz de sentir en carne propia los dolores a

aleza, sino que fue su padre quien le había impuesto aquella penosa condición. Fue el kan quien lo llevó hasta un callejón

nvertido en su medicina a falta de cualquier otro servicio básico. Sin embargo, los excesos del líquido lo habían llevado hasta el punto de intoxicarse con una sobredosis. Desde ese día,

isó nervioso, pero al ver que no obtenía una reacción, decidió cambiar de tema-¿Ha pensad

sonrió co

ontrado una. Envíale a mi padre esta misiva, estoy seguro que no necesitaré palabras para que se a

.

e debilidad, otros como el kan, sabían del peligro que podía correr el kanato, si el hijo de la concubina de li

la vida se oponía al kan, pues contra todo pronóstic

vez, nunca se iba a poder deshacer de las sombras de aquel fatídico día, un día en el que no solo

esgastantes pensamient

ha ocur

anas -contestó

me había ente

torre septentrional fueron restringidas po

silencio por unos

o? ¿El veneno sa

pero le ha dañado la vista, su piel está manchada con rosetas moradas y tampoco habla

quejidos retumbaron en su amplio y pesado pecho, a pesar que no quería verse vulnerable. Pero c

lido que no es capaz ni de soportar el peso de su

s hijos dentro y fuera de nuestro territorio c

tensidad al hombre, le advirtieron que sus palabras fueron imprudentes. El ho

ingún derecho a hablar mal de él,

anliq, pi

mbre

s otro

informes enviados desde las fronteras. Entre todos aquellos rollos de pieles, encontró uno amarillento y de poca calidad. Lo abrió con parsimonia, esperando ver uno más de los tantos informes de guerra, pero

ergamino como si de

-susurró

ver lo que le ocurría. Pero por más que le pre

lbuceó atragantado

hijo está conde

ió la pacien

ió acalorado-: Quiero a Tu

.

dad fuera de la torre. Había pasado quizá dos días desde que se había enviado el men

hombres de su padre!

o contra la piedra grisácea, se levantó y caminó lo más rápido que su pierna enferma le per

eche de usted -apremió antes de que el personal de

raci

pe. Proviene de las leng

upremo de un sistema po

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