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Legado de sangre
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Capítulo 1 El Comienzo
1852    |    24/01/2022

Abrí mis ojos de golpe al escuchar un fuerte ruido, fue en ese momento que noté que estaba lloviendo y el sonido de un trueno había sido quien me despertó.

Miré a mi alrededor para saber donde me encontraba ya que no recordaba nada, al mirar vi que estaba en mi pieza, al reconocer el lugar me di cuenta que antes de todo estaba estudiando para las pruebas del final de semestre, ni siquiera sabía cuando me dio tanto sueño como para quedarme dormida.

El sonido de la fuerte lluvia era relajante. Me desperecé y salí hacia la habitación de mi hermano. Durante el día había estado con fiebre, y quería corroborar como seguía ahora.

Al entrar a su habitación vi que él estaba profundamente dormido. Toqué su frente y por suerte no tenía temperatura, di un suspiro de alivio. Me sorprendió ver que sus cosas seguían del mismo modo en que lo deje cuando lo vine a ver temprano, pensé que mi madre cambiaría todo después de venir a darle sus medicamentos.

Baje al primer piso y un trueno iluminó toda la casa que se encontraba a oscuras. Miré la hora y vi que ya eran las 22:13. Ellos no solían salir hasta tan tarde. Mi teléfono comenzó a sonar dándome un susto, el número era desconocido y no quise contestar. Sonó demasiado tiempo y al terminar vi que ya tenía tres llamadas perdidas de ese número. Intenté imaginar quién podría llamarme a esas horas y sólo se me ocurrió una, Ian. Probablemente había cambiado el número para que no supiera que era él. El teléfono volvió a sonar y lo ignoré nuevamente.

Subí a mi habitación para continuar con mi estudio. Las pruebas de final de semestre estaban a la vuelta de la esquina y debía prepararme bien. Ya no quedaba mucho para poder pasar al último año de estudios. Y no quería que mis notas bajaran por la ansiedad.

Estaba totalmente concentrada leyendo cuando algo frío rodeó mis pies. Di un respingo por el susto y un trueno volvió a iluminar todo. Y consigo también el sonido del timbre. Sentí un extraño temor y una presión en el pecho, pero no entendía porque. Después de todo sólo fue el timbre. Quizás mis padres estaban volviendo y no salieron con las llaves. El timbre volvió a sonar con insistencia y me levanté para bajar, conforme iba bajando las escaleras una oscuridad comenzó a inundar todo el lugar. Ignore eso y me dispuse a abrir la puerta.

Al abrirla dos oficiales de policía estaban en la puerta, uno de ellos era Cris, hermano de Ian.

"Se les ofrece algo oficiales. En qué los puedo ayudar." Dije con formalidad.

"Buenas noches Mera, crees que podamos pasar."

"Tenemos que conversar algunas cosas Señorita Trikru."

"Claro... Pasen." Dije haciéndome a un lado para que entraran. El oficial acompañante de Cris, miraba todo el lugar.

"Se encuentra sola Señorita."

"Estoy con mi hermano, amaneció enfermo así que está en su habitación y yo... Estaba estudiando." Dije con frialdad al ver que el oficial seguía mirando alrededor.

"Cree poder llamar a su hermano."

"Disculpen mis modales pero en verdad estoy ocupada, mis padres no están y mi hermano descansa, agradecería pudiesen ir al grano ya que tengo muchas cosas por estudiar."

"Señorita, sabe usted que es ilegal..."

"Carlos." Dijo Cris callando al oficial que me retaba.

"Bien, lo siento, podemos tomar asiento."

Asentí con la cabeza y fui a la cocina en busca de dos vasos de agua, no iba a ofrecerles nada más, pensé en poner sal en el agua del oficial pesado pero me contuve por completo.

"Gracias." Dijeron ambos, pero podía notar a Cris levemente incómodo.

"Y bien que sucede, en verdad tengo que estudiar demasiado." Dije de pie cruzandome de brazos.

"Mera... Toma asiento... Nosotros..."

"Lo que sea, díganlo ya, no es necesario que me siente." Dije mirando a ambos, la oscuridad comenzó a rodearlos... Comenzó a rodear todo pero no podía distraerme con eso. Mi pecho me estaba ahogando... Así que debía mantenerme firme y tranquila.

"Mera lo que sucede..." Las palabras de Cris salieron de sus labios pero no escuché ninguna palabra. Aún así leí sus labios... Sentí como el mundo se me caía de golpe y la oscuridad amenazaba con abrazarme. No me di cuenta que me desvanecí hasta que Cris me sostuvo poco antes de tocar el suelo.

La oscuridad comenzó a ir hacia las escaleras y al mirar, mi hermano yacia ahí, con mirada preocupada y sin comprender. En ese momento el otro oficial se acercó a él para hablar pero no logré ver la reacción de mi hermano, ya que en ese momento la oscuridad inundó todo el lugar, no dejó ningún rincón sin cubrir y luego fue hacia a mi, se acercó con delicadeza y me tendió un abrazo, y con el dolor que sentía en mi pecho, permití sumirme en ella.

Después de esa noche sentí que mi mundo se había perdido. Ya había pasado una semana desde que despedimos y enterramos a mis padres. Mis abuelos estaban con nosotros, y de a cuerdo a lo que había escuchado nos iríamos a vivir con ellos por ser aún menores de edad. Hacía solo dos semanas habíamos cumplido 16 años. En la escuela nos cerraron el semestre para poder hacer el traslado a la escuela del pueblo de mis abuelos. Como teníamos notas buenas, nuestro resumen fue excelente. Pero nada de eso me importaba en ese instante, solo tenía en mente la causa de muerte de mis padres y en po

rque mis padres habrían salido de noche de casa y como habían terminado en un bosque con el auto volcado. Ellos odiaban el bosque, siempre nos impidieron acercamos a estos, entonces como es que estaban ellos ahí.

La gente murmuraba y se nos acercaba con lástima mirándonos como los pobres huérfanos. Mi hermano había empeorado en su salud y susurraban que quizás pronto me quedaría sola.

Odiaba a esas personas que hablaban de ese modo. No sabían nada de mi y mi hermano y hablaban como si nos conocieran de toda la vida. Incluso los vecinos con los cuales apenas compartíamos se creían dueños de poder hablar como si nos conocieran demasiado bien. No sabían nada, solo hablaban y se iban a hacer presentes para figurar.

"Mera, cariño... Debes comer algo." Dijo mi abuela ofreciéndome un pedazo de pie de limón, pero negué con la cabeza. Estaba absorta en mis pensamientos por lo que no me percaté de que mi abuela me tendió una de sus preparaciones. Pero aún así no tenía ganas de comer, no tenía ganas de nada en esos momentos.

"Hija, no has comido nada... Acepta eso, te ayudará y dará azúcar. La necesitas." Dijo mi abuelo motivándome. Miré a mi hermano y este con ojos suplicante me incitaba a aceptar por lo que no me quedó más opción que aceptarlo.

No podía negar que estaba delicioso, pero aún así no podía disfrutarlo como antes. Mi cabeza no dejaba de dar vueltas y la oscuridad tampoco me daba la oportunidad de poder despejar mis ideas.

Llegada la tarde, el cielo se oscureció y comenzó a llover nuevamente. Adoraba cómo habían estado esos días, ya que parecían expresar lo que yo no podía hacer.

Después de que me desmayé el día de la noticia no había derramado ninguna lágrima, ni siquiera a solas. Simplemente no era capaz de expresar nada similar.

"Abuela... Cuando nos iremos al pueblo." Preguntó mi hermano, sacándome de mis pensamientos. Ya había pasado una semana desde el accidente y ellos no habían dado algún indicio de irnos pronto.

"Dentro de poco, aún tenemos que realizar algunos trámites aquí por lo de sus padres. Pero apenas terminemos nos iremos."

El timbre de la puerta sonó y me puse de pie para ver que persona hipócrita vendría ahora a dar las condolencias. Pero grande fue mi sorpresa al ver a Cris, vestido de civil del otro lado.

"Mera... Yo... Como estás..."

"Bien, dentro de lo que se puede, que haces aquí. Mira si vienes por tu hermano yo..."

"No, no vengo de parte de él... Yo, vengo por ti, es decir vine a verte a ti, por mi propia cuenta."

"¿Porqué? Pasó algo..."

"No sólo... Te gustaría salir un momento, así podemos conversar un poco." Lo mire extrañada, a Cris le cargaba la lluvia y que me pidiera salir con lluvia afuera era extraño, más que el hecho que viniera por su cuenta y no por pedido de su hermano. Pero aún así sentía que sería bueno salir a despejarme un momento.

"Está bien, dame un momento." Dejé la puerta abierta y me volví donde estaban mi hermano, y abuelos. "Voy a salir un momento, ya vuelvo."

Mis abuelos asintieron y mi hermano me dio una sonrisa en modo de asentimiento. Les hice un gesto con la mano y camine en dirección a la puerta donde Cris me esperaba.

"Vámonos."

Caminamos en silencio por un momento, si él me invitó para sólo estar en silencio fue en verdad tiempo perdido.

"Cómo has estado en general." Preguntó él mirándome Fijo.

"Bien, supongo."

"Supe... Supe lo que pasó con mi hermano, no puedo creer que en verdad hubiese hecho eso."

"Creí escuchar que no viniste por tu hermano."

"Sí tienes razón, pero aún así..."

"Bien, hasta aquí llego, me voy a casa." Dije en tono serio, de todas las cosas este tema no era de mi total agrado.

"Mera, espera..." Dijo Cris sujetándome del brazo, atrayéndome un poco hacia él.

Lo observé asombrada por su acto, él no solía ser así, además nosotros nunca habíamos sido tan cercanos. Sus ojos demostraban duda, su manos sobre mí temblaban.

"Que te pasa..." Dije sin saber que decirle.

"Dentro de poco te vas a ir... Y ahora que no estás con mi hermano, no puedo seguir ocultando esto."

"De qué hablas..."

"Estoy enamorado de ti Mera, desde que te vi por primera vez, me enamoré de ti. Pero mi hermano se te acercó antes... Tenemos cuatro años de diferencia por lo que creí que nunca me verías, pero en verdad... Te Amo."

Las palabras de Cris me tomaban por sorpresa, de todas las cosas que pude esperar que me podría haber dicho eso no estaba en mis pensamientos.

Me quedé inmóvil sin saber que decir y en un segundo Cris me besó. No logré reaccionar de inmediato y luego lo empujé alejándolo.

"Cris... Perdón pero yo... Soy la ex novia de tu hermano, además yo..."

"Lo siento, no podía dejarte ir sin expresarte lo que siento. No te pido que respondas a mis sentimientos pero necesitaba decírtelo."

Cris me dio la espalda y se fue dejándome sola, sin poder asumir lo que acababa de suceder.

Me sentía una total idiota, siempre había sido firme y reaccionaba rápido pero ahora me sentía una tonta que no supo actuar inmediatamente.

Pero mis ideas y remordimientos no pudieron seguir, la oscuridad comenzó a rodearme en el camino. Y comprendí que sucedía.

"Por lo visto no se van a rendir." Susurre y me di la vuelta en dirección a casa.

            
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