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Historia
Capítulo 3 : Don't Stop Me Now
Palabras:994    |    Actualizado en:30/04/2022

No se detuvo a pensar aquello y entró al edificio. En el lobby había mucha gente refugiándose de la lluvia; algunas personas estaban tan empapadas que se habían formado pequeños charcos que pronto se llenaron de mugre por el contacto constante con las suelas de los zapatos, dándole al suelo blanco de mármol un aspecto desagradable y aun peor, haciéndolo muy resbaloso.

Alicia camino con cuidado para no caerse y llegó hasta los elevadores, pidió que le marcasen el piso veintidós y en poco más de un minuto se hallaba en la sala de espera de las oficinas principales de Coca-Cola en Barcelona.

Aquel sitio tenía un aspecto muy cálido y familiar para ser una recepción «que agradable lugar, sobre todo en un día como este» pensó mientras ponía el paraguas en un paragüero cercano. Tristemente se equivocaba, y aunque el sitio se viese acogedor, el aire acondicionado estaba congelando a Alicia. La recepcionista, una mujer joven de cabello rubio, la saludó con un gesto al reconocerla y un segundo después llamó al interior de la oficina.

—Buenos días, señorita Alicia. No se preocupe, el señor Duque pronto se desocupara. ¿Se mojó mucho? Tenga —dijo ofreciéndole algunas toallitas para que intentara secarse. Un gesto que resultó más de cortesía que otra cosa, pues las zapatillas de Alicia inevitablemente se habían empapado.

—Gracias ¿Sabes si ya llego…?

—¿La señorita Nuria? Si, ya llegó, está adentro esperándola.

«Me está esperando, esperando para hacerme un lio por no responder a sus mensajes» se dijo sonriendo. Casi al instante, como si las hubiesen estado escuchando, la puerta se abrió y tras ella estaba un hombre de unos cuarenta años, con el rostro bien afeitado y el cabello corto.

—Buenos días, Alicia, espero que no hayas tenido que esperar demasiado —la saludo afable, mientras la invitaba a pasar con un gesto de su mano— ¿Te mojaste de camino?

—Por suerte no mucho.

Ambos tuvieron una conversación casual mientras la guiaba hacia la sala de conferencias donde tendrían la reunión. Una mesa amplia para unas diez personas, varias sillas y poco más. Ahí aguardaban otros dos ejecutivos y la agente de Alicia, Núria.

Nuria era una mujer de treinta y cinco años, de tez morena y expresión seria. Tenía sus lentes de lectura puestos, su largo cabello negro amarrado con una cola de caballo y en sus ojos una mirada retadora. Era la única que no tenía un gesto amigable en aquella sala. Por eso, a la llegada de la afable Alicia, todos pudieron respirar un poco mejor. Se presentaron con calma e incluso se dieron oportunidad de charlar un rato antes de comenzar a hablar de negocios.

En general, por las siguientes dos horas, discutieron sobre lo que pretendían sacar de aquel acuerdo. Alicia tendría oportunidad de sortear distintos premios con su público, todos patrocinados por Coca-Cola, participaría en distintas campañas publicitarias de la marca y recibiría un pago por ellas, no consumiría otra marca de gaseosas distinta durante los streamings ni en otras redes sociales, y otros puntos importantes que se iban discutiendo al detalle. «De no ser por el hambre yo estaría mucho más tranquila» pensó con frustración mientras movía su pierna bajo la mesa con impaciencia, deseando que aquello acabara de una vez.

Como última parte del trámite, Nuria le explicó paso a paso los parámetros del contrato a Alicia, incluyendo las responsabilidades de cada parte, el monto exacto de los pagos por publicidad y más. Puros tecnicismos legales que estaban agotando a Alicia, y estiraban mucho más una junta que ya la estaba retrasando para su siguiente compromiso. Con tristeza, ya habiendo firmado todo, tuvo que rechazar cortésmente el refrigerio que le ofrecían, pues tenía que salir corriendo a una entrevista que le harían pronto.

—¿Consideras que esa entrevista es más importante que comer con tus nuevos socios? —pregunto Núria con un tono de desconcierto.

—No. Considero que cumplir con mi palabra es más importante. Es muy distinto.

—Bien, tú sabes lo que haces. Solo cuídate de la lluvia, no es producente que te enfermes.

—Aja…

—Y recuerda que este viernes es la GamerFest. Ten esto —abrió su bolso y sacó un rectángulo amarillo plastificado, con su foto, el sello del evento y la palabra «pase» en mayúsculas— es tu pase, no lo extravíes, por favor. Y no faltes, tienes que ir por allá, saludar seguidores y eso.

—Sí, lo tengo claro, Nuria.

—Y por favor, intenta no mojarte, no importa si los conoces, un canal de salseo es un canal de salseo y te harán preguntas que tal vez es mejor que no respondas.

Alicia viró sus ojos hacia arriba con impaciencia y le dio la espalda para salir de las oficinas de Coca-Cola con el paraguas en la mano «No llegare tarde solo por escuchar lo mismo por quinta vez».

Tenía que aprovechar el momento, pues la lluvia había cesado, pero las nubes oscuras seguían arremolinándose sobre la ciudad. Una vez estuvo dentro del ascensor revisó su teléfono, esta vez el Uber si la estaba esperando abajo, por lo que respiró tranquila. Tomó la oportunidad para tomarse una selfie sonriendo para subirla a la historia de Instagram. Podía leerse el mensaje «Ni la lluvia podrá detenernos, hermosos» Mientras sonaba Don't Stop Me Now de Queen. Tal vez si tendría que haberse detenido.

El lobby del edificio, otrora lleno de gente, había quedado casi vacío, pero el suelo seguía sucio y resbaloso a pesar del arduo trabajo de los empleados de limpieza. Alicia no reparo en esto cuando se abrieron las puertas y salió casi al trote del elevador; cuando quiso detenerse fue tarde.

Perdió el equilibrio y al intentar recuperarlo sus zapatos se despegaron del suelo, haciendo que ella se fuera hacia atrás. Intento sujetarse de algo pero alrededor no había nada ni nadie. En menos de un segundo su espalda y su cabeza se azotaron con fuerza contra el suelo, y ahí se quedó, privada de dolor y con la vista nublada.

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