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Historia
Capítulo 4 : No salgas de casa sin desayunar
Palabras:1087    |    Actualizado en:30/04/2022

Quienes la vieron caer no tardaron en intentar ayudarla, pero el golpe fue tan abrupto que nadie quería tocarla por miedo a hacerle incluso más daño.

No fue sino hasta que ella misma se movió, aturdida, que dos chicos jóvenes la ayudaron a incorporarse. Se tocó con cuidado la cabeza, y aunque le dolía bastante, su mano no se manchó de sangre. El mareo también se le fue pasando poco a poco, haciéndola creer que aquello, por suerte, solo había sido un susto.

—Será mejor que llamemos a emergencias, solo por las dudas —exclamó una señora mayor que estaba ahí cerca.

—No, no, ya estoy bien, que solo ha sido una sacudida.

—¿Segura? Ha sonado fuerte —insistió uno de los chicos.

—Segura, no se preocupen, muchas gracias ¿tengo la espalda sucia?

Por suerte sus pantalones negros no lucían sucios, pero la señora le describió como su chaqueta beige ahora tenía una mancha de suciedad de gran tamaño que la cubría desde la cintura hasta el omóplato derecho «me quiero morir, en serio me quiero morir ¿Por qué esta chaqueta?» le preguntó a los cielos llevándose la mano derecha al rostro.

—¡Bueno! no importa… muchas gracias por todo, no se preocupen, en serio estoy bien —insistió mientras se quitaba la chaqueta y se iba caminando lentamente.

Una vez en el Uber cerró los ojos por un segundo y dejó reposar su cabeza mientras relajaba la espalda. Estaba adolorida, muy adolorida, pero no quería darle muchas vueltas a aquello ni publicar nada en Twitter, no quería preocupar a nadie ni preocuparse ella misma. Intentó dejar la mente en blanco, sin embargo un tenue malestar en la garganta comenzó a incomodarla, un cosquilleo sospechoso que se completaba con una leve pero persistente picazón en la nariz. «Venga ya, lo que faltaba» pensó molesta mientras tosía.

El lugar de la entrevista no quedaba demasiado lejos, por lo que pronto tuvo que bajarse del Uber para entrar a otro edificio. Paso al interior, subió hasta el quinto piso de aquella torre y ahí la recibieron con los brazos abiertos un chico con sus veintes recién cumplidos y una chica de unos veinticinco.

—¡Hola, Alicia! Muchas gracias por venir, esto es muy emocionante para nosotros, poder entrevistarte es un gran honor para mí y Alejo —le dijo la chica con efusividad.

—No, no, calma, Jana, que para mí es un gusto estar aquí —la tos interrumpió por un momento lo que estaba diciendo. Y aunque quiso disimularlo, el gesto de dolor se le marco en el rostro.

—¿Estas bien? —preguntó Alejo mientras le acercaba una botella de agua.

—Sí, sí, no se preocupen. Es el frío nada más.

—Bien… en ese caso, gracias de nuevo por venir, Alicia. Siéntate por aquí y espéranos unos minutos, ya estamos preparándolo todo para la entrevista.

—¿Me da tiempo de ir a comprar algo de comer? No he desayunado nada.

—Hay algunos locales aquí cerca pero… —Jana se mordió la lengua.

—Creo que no falta mucho para empezar, iré a preguntarle a producción de igual forma, dame un minuto —completó Alejo.

Ambos desaparecieron tras una puerta cercana y Alicia, un poco impaciente, tomó asiento en un sillón azul en aquella pequeña sala «tendría que haber desayunado, es que de verdad, por no dejar a otros esperando dejo de comer y encima tengo que esperar yo».

Alrededor todo estaba muy bien decorado con temática de videojuegos y anime. Su mirada se paseó un breve momento por las paredes, tapizadas de posters de películas hasta dar con una gran estantería. Ahí relucía una extensa colección de Funkos y estatuillas que, si bien le gustaban, no llamaron del todo su atención, salvo una. Por un minuto a Alicia se le olvidó el hambre que la asediaba y el dolor de cabeza, mientras contemplaba con anhelo una estatua realista de cuarenta centímetros de alto de Deathwing, el mítico dragón de Word of Warcraft, colocada en aquella estantería con luces LED rojas.

—La quiero —susurró en voz baja antes de que su teléfono sonara.

Revisó el móvil rápidamente, era Mary, su mejor amiga, que la estaba bombardeando por Whatsapp.

—¡He visto tu stream anoche! ¡Felicitaciones! ¡Ya un millón! ¡Ya puedes invitarme a cenar! ¿Cómo estás? ¿Ya saliste de tu reunión con Coca-Cola? ¿Ya estás en la entrevista? Ten cuidado con las respuestas que des, creo que es un canal de salseo —todas esas preguntas iban por separado en distintos mensajes, todos sobrecargados de emojis.

—¡Gracias, hermosa! Sí, ya salí de la junta, estoy esperando para la entrevista. En la reunión ha ido todo bien, muchas cosas legales, nada que comentar. Tranquila, no me preocupa que sea un canal de salseo ¿en qué polémicas he estado metida yo? Solo tonterías, si quisieran sacar chica invitarían a otra persona —contestó Alicia con mensajes un poco más cortos y sobrios.

—No se trata de las polémicas que tengas, cariño, se trata de lo que puedas decir y que se pueda malinterpretar.

Al leer esto, Alicia soltó una carcajada mientras recordaba brevemente todos los clips sacados de contexto que había visto de sí misma en TikTok y YouTube nada más ese año. Desde hacía tiempo había intentado que eso no le quitara el sueño.

—Te preocupas demasiado —le contestó a Mary tras remarcar su risa con varios emojis.

—Pues más vale que alguien se preocupe por ti. Ríete lo que quieras, pero igual anda con cuidadito. Por los únicos canales de salseo que metería mis manos en el fuego son El Tío Noseque, el que le pone nombre de enfermedades horribles a sus videos y por otros dos que no recuerdo.

—¿Pero qué dices, Mary? ¡Si ellos son iguales! —escribió riéndose con fuerza.

—Es en serio.

—Vale, vale ¿pero entonces según tu todos los demás son malos? Es un poco radical lo que dices. Además, quieras que no, ellos a veces son publicidad. No todos hablan mal de ti de forma gratuita, simplemente exponen un tema que, bueno… los fans son como son, siempre quieren saber un poco más.

Justo en ese momento, Jana volvió a la habitación. Por lo que Alicia escribió un último mensaje.

—No te preocupes, Mary, veras que la entrevista saldrá bien, te quiero.

—Ya vamos a estar listos, te prometo que cuando terminemos el desayuno irá por nuestra cuenta —la interrumpió Jana.

—Vale, vamos allá.

«Y más les vale que sea algo bueno, porque me estoy muriendo» Pensó enojada mientras le gruñía el estómago. «Que le den por culo a los compromisos, de mi casa no vuelvo a salir sin comer».

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