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Historia
Capítulo 7 : Fanáticos sobreprotectores
Palabras:824    |    Actualizado en:30/04/2022

No tuvo que dar muchos pasos para llegar a su habitación. Encendió la luz y comenzó a quitarse toda la ropa con mucha calma, mientras buscaba a Nora. Finalmente la encontró; su pelaje negro se confundía fácilmente con el teclado sobre el que estaba acostada, siendo reconocible solo por el danzar de aquella colita y el brillo de sus ojos amarillos.

—Hola cariño —la saludo al acariciarle la espalda—, pronto tendrás que pararte, tengo que hacer cositas.

Como si Nora hubiese entendido con exactitud lo que le habían dicho, se levantó lentamente del teclado mientras Alicia se ponía su ropa de andar por casa; un suéter abrigado y un pantalón de pijama decorado con ositos pardos. Luego camino hasta el baño, pensando en retocarse el maquillaje para el streaming.

Frente al espejo, por un segundo la mirada se le nubló, haciendo que su mente comenzara a divagar «Ya me estoy asustando ¿y si me golpee realmente fuerte? ¿Y si me pasó algo?». Pensó mientras retocaba sus cejas.

—¿Pero qué dices? Si esto siempre te pasa cuando estas cansada ¡y lo estas! —se reprendió con dureza—También puede ser el estrés. Veré si hablando con el chat me sube el ánimo. No sé cómo lo logran, pero siempre me animan.

Se sentó en la PC y en pocos minutos ya estaba editando un video para poder subirlo a YouTube. Intentaba hacerlo rápido para que le diese tiempo de dormir una siesta, pero antes de darse cuenta ya eran las siete de la noche «Yo dormiría quince minutos al menos… es que me conozco. Si me duermo ahora no habrá quien me levante» suspiró resignada.

Sin darle más vueltas al asunto subió una historia a Instagram «Ha sido un día agotador, pero ahora toca streaming, no te lo pierdas». Y poco después, habiéndole avisado a sus moderadores, abrió directo.

No habían pasado más de quince minutos cuando ya una firme audiencia de tres mil personas la estaba viendo. Todos saludaban, la halagaban llamándola hermosa y algunos enviaban donaciones para apoyarla. Una sonrisa cálida y genuina se dibujó en rostro de Alicia, mientras sus moderadores le preguntaban por su día y hablaban con la gente del chat. Ni el tiempo ni la vista le permitían contestar de forma efectiva a aquel maremoto de saludos y comentarios que subían a una velocidad estrepitosa.

—Bueno chat, que ya somos bastantes. Hoy tenía planeado terminar el castillo de fantasía pero, pero, pero… he llegado muy cansada de la entrevista, y no me apetece mucho jugar Minecraft hoy ¿qué les parece si me acompañan un rato? Hablamos y reaccionamos a algunos videos.

No había terminado de hablarles cuando ya el chat del directo rebosaba de miles de palabras en apoyo de su idea. Eran complacientes pues parecía ser que a esas alturas no veían el directo por diversión del juego, sino para estar con ella. Mientras veía los videos iban haciéndole preguntas y ella contestaba poco a poco, hablando de temas vánales y riendo como una tonta mientras una voz robótica leía los mensajes de las donaciones.

Todo iba muy bien, pero poco a poco, tras una hora de streaming, los videos se hicieron pesados. Dejó escapar algunos bostezos, tosía y su voz carraspeaba un poco, pero ella no cayó en cuenta de esto hasta que los mensajes cambiaron, y una idea se hizo más y más presente en el chat. «Alid deberías descansar» «Alid ¿Por qué no duermes un poco?». Aquello la dejo intrigada.

—¿Qué está pasando? —Les preguntó, pero los mismos mensajes seguían repitiéndose.

«¿Por qué me mandan a descansar? ¿Tan mal se me ve? Si abrí directo fue para relajarme, para pasar el rato ¿es que lo estoy haciendo mal?». Los pensamientos empezaron a agobiarla a tal punto que, con tristeza, se vio a sí misma en su segunda pantalla. Tenía el ceño fruncido, ojeras que no ocultaba el maquillaje y estaba encorvada. De pronto una donación que no pudieron detener los moderadores sonó.

—Qué cara de destruida. Si tan cansada estas vete a dormir en lugar de hacer un directo de mierda.

Aquello fue un golpe bajo, que termino de echar por suelo el poco animo que le quedaba.

—¡Bueno chat! Ya que insisten tanto en que me vaya, es lo que hare. Buenas noches.

Y frustrada cerro directo de inmediato. Se levantó y se lanzó sobre la cama para disgusto de sus gatos que se habían echado sobre las almohadas. Aunque aquello fue un alivio para su espalda, sentía tanto peso sobre su cabeza y los hombros que incluso sintió que no podía respirar.

—Que mierda, de verdad… —su voz temblorosa se ahogó en un sollozo.

Agotada, enojada, el dolor de cabeza se entrecruzo con todas sus emociones y rompió en llanto. Tan sumida en su tristeza estaba que no percibía nada de lo que pasaba a su alrededor, ni sus gatitos acurrucándose con ella, ni el sonido de la lluvia, ni la sombra que la rondaba.

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