img La destrucción de un molino  /  Clásico 3 No.3 | 60.00%
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Historia

Clásico 3 No.3

Palabras:1469    |    Actualizado en: 14/11/2018

la hora de la independencia! prorrumpió el joven comp

o la playa con sus rayos, como si materialmente el inmortal cochero hubiera vaciado en ella todos los dardos de su dorada aljaba. Con la luz solar se derramó en la naturaleza alegría y regocijo. Se oían gorjeos de pájaros, un voluptuoso temblor movía las aguas hasta entonces tranquilas, las olas se deshacían en espumas en las playas de la isla, y al oir su murmullo nadie hubiera distinguido si era rumor de olas ó rumor de besos. Blancas gavio

exclamó: morir

ua hasta el cuello. También le persiguieron los Arbanitas, y se escapó escondiéndose á pocos pasos de distancia del molino. Lo oyó y lo vió con sus propios oídos y sus propios ojos. Te lo he contado

o y otro, el joven y el viejo, el sol brillaba s

ítu

Atenas con licencia, hecho todo un médico, y sin cuidarse de otra cosa que de procurarse una buena clientela. En la isleta ya no quedaba ni un vestigio del histórico molino. En su lugar se levantaba un elegante pabellón de madera, en el que se había instalado un diligente y emprendedor

tensión del Occidente, y su reflejo magnífico sobre las olas tranquilas, hacía el efecto de un misterioso y coralíneo país de espíritus y nereidas en el momento de su emersión del abismo del mar, para admiración de nuestros mortales ojos. En aquella hora el señor Timoteo, apoyado en la ventana de su casa, fijaba más su atención en el movimiento extraordinario de la isleta, que en la magnífica pero en aquel horizonte ya acostumbrada decoración de la puesta

Timoteo no le había visto. Le volvió á reconocer ahora en su casa, tan vieja como él, dentro de su ancho cuarto de invierno, con una gran chimenea cuya cónica bóveda salía bruscamente de la pared, con los rincones cubiertos de telarañas, con el pavimento gastado y crujiendo ruidosamente bajo los pies, con su techo sostenido por amenazadoras vigas, con sus paredes ennegrecidas y sin revoque alguno, c

ene tan cogido como puede. ¡No creo que esta vez pueda

apitán Mitros, ni sano ni enfermo, soltaba fácilmente á los que con él se encon

o ejerces de mé

días que lleg

dónde e

spués de aquél que nos encontramos en el molino, me marché de aquí,

es qué? ¿no lo quitaron de en medio? Estos cafetero

por la vieja ruina, que en otro tiempo fué causa para él, de extraña conmoción, y que al volver no encontró va en su sitio; únicamente

o fué esto

que no lo sepas? y se sent

habléis, añadió observando que excitaba involuntariamente al viejo á una larga conversa

ante el deseo imperioso de desahogar su pena. Conviene que lo sepas para que veas á que e

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