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Historia

Capítulo 4 Ya no hay mañanas...

Palabras:1234    |    Actualizado en: 15/03/2023

a?- preguntó Margarita por teléfono- m

Thomas- ¿Puedes esperar hasta mañana? Creo que

- se quejó ella- tenemos bastante tiempo si

mpresas, eso lleva algo de tiempo, es un proceso le

mañana para salir- dijo ella- siempre re

as paciente, no deseo que les falte nada ni a ti ni

mbre súper exigente en los negocios y en su vida personal, tenían demasiadas aristas que

l amor que le profesaba, solo no se sentía tan bien por el desapego q

quince años, un hombre que le daba estabilidad, no estaba arruinado, y tenía

decía su nuevo esposo, atendiendo a un infante qu

ió por error su vejiga, y no se dio cuenta, esto había complicado más la salud de ella, teniendo que e

erfecta para él, nunca tendrían pequeñas persona

rera al médico tratante, por haber arruinado la salud

ncubadora por ser prematura, fueron tiempos de tensión para Tomás, al ver a su

to que fuera a heredar los nego

ser feliz, pero Margarita no era feliz, tenía otras expectativas

iba a convencer de buscar a su hija, pero

l afectó bastante a Margarita, pero allí estaba su oportunidad de

de esperar a que él tuviera tiempo para atenderla, así que tomó una d

u pequeña, ella sabía que la amaba, pero no a su hija, años después también se fue

on a vivir con un resentimiento en medio de su matrimonio, no se dec

había divorciado de Miguel y ya no había a quien rendi

tantos años buscaba una oportunidad con su hija y para Tomá

y se la llevaría con ella, robando el cariño de

s él se ocupó de recuperar las empresas, hoy era un importante hombr

or por su hija y su amor por los negocios, lo demás para él no tenía impor

ta y siete años, estaba en la plenitud de su vida,

reflexionando, ya se había hecho adulta, seguía teniendo miedo, v

n pronto, él se había apresurados a tener una familia muy joven y no había sa

hacer su vida con otro hombre, meses después había firmado el divorcio y jamás

e a ella, Sara poco a poco se fue dando cuent

amá nos a

rda

resp

cer y nosotros no est

n día? »- había

había respondido- pero

jo ella- ya dejé

s a dormir princesa!

er, segura, bella, dispuesta siempre a complacerlo cuando l

e sintió avergonzada, además ese hombre miraba a su hija como

muchacha, solo era un aprovechado, su hija so

do la vida económica de su padre llevándolo a la muerte, Armand Davies, reci

bién, necesitaba concentrar sus esfuerzos en vengarse

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