Libros y Cuentos de Ai Huo Nv Rong
Corazón de Mariachi, Alma Valiente
El sol de la tarde apenas calentaba el polvo del pueblo, pero no secaba las lágrimas de Xóchitl. Con Luna, mi hija, ardiendo en fiebre, y mi Pedro ya no aquí, solo me quedaba su guitarrón. Era su alma, su música, la historia de nuestro amor. Lo llevé a la plaza, un último intento desesperado por venderlo y comprar la vida de mi niña. Pero mientras la esperanza se me escapaba, una camioneta negra se detuvo frente a mí. De ella bajó El Jefe, el hombre cuya crueldad se susurraba en cada esquina. "Así que la viuda del músico," dijo, y mi corazón se encogió. Me arrebató el guitarrón, no solo despojándome de él, sino también de la última pieza de mi esposo. "La música que contenía ya está muerta, como su dueño," se burló. Un dolor que no conocía me atravesó. ¿Cómo iba a salvar a la pequeña Luna ahora? Cuando creí que no me quedaba nada, los hombres regresaron. "El Jefe dice que el guitarrón de tu marido esconde algo," uno de ellos gruñó. Mencionar mi "estúpida leyenda familiar" y su "tesoro" me heló la sangre. "¿Cuál es el secreto de la melodía inconclusa?" preguntaron. No lo sabía. Pedro se había llevado su secreto a la tumba, o al menos eso creía. Pero la amenaza fue clara: "Tu linda hijita podría empeorar de repente." La rabia me encendió. Necesitaba ir al viejo cementerio, el lugar de la "Dama de la Justicia" . Algo me decía que allí, entre lápidas retorcidas, encontraría una respuesta, no para un tesoro de oro, sino para la libertad de mi pueblo y el legado de mi Pedro.
Mil Veces Sí
Elvira, una joven soñadora enclaustrada en una jaula de oro, vivía bajo el yugo posesivo de Adrián, su tutor y protector, quien, sin saberlo, era el dueño de sus pensamientos más prohibidos, el amor de su vida. Cuando un programa de estudios en el extranjero le ofreció la promesa de libertad, Elvira descubrió una verdad devastadora: estaba embarazada, y el bebé era de Adrián. El corazón se le hizo pedazos al presenciar a Adrián con otra mujer, Valeria, compartiendo intimidades que a ella le fueron negadas, confirmando que nunca fue más que "su hermanita". La humillación pública orquestada por Valeria, que expuso sus diarios y su amor "inapropiado" por Adrián, llevó la tragedia a un nivel insoportable, culminando en la pérdida de su hijo y la indiferencia cruel de Adrián. Sola, herida, y traicionada, Elvira huyó, cortando todo lazo con el pasado, sin saber que su partida desataría una búsqueda obsesiva y dolorosa, impulsada por un amor que solo en la ausencia pudo ser reconocido. Adrián, al descubrir la verdad detrás de la traición de Valeria y el tormento oculto de Elvira, no escatimaría en desmantelar un imperio y renunciar a todo por recuperarla, enfrentando su propio pasado tóxico y la resistencia de una mujer decidida a forjar un nuevo comienzo, lejos de las sombras de su "anciano" tutor.
El Precio de la Humillación
El aire de la Feria de Abril aún olía a azahar cuando Máximo me pidió matrimonio. Yo le di el "sí" más dulce, creyendo en un futuro perfecto junto al hombre de mis sueños. Una semana después, en la cena familiar oficial, su madre, dueña de media Sevilla, me entregó una tarjeta de débito con una "ayudita" de 20.000 euros para el ajuar. Parecía un cuento de hadas. Pero el sueño se desmoronó brutalmente en la tienda de novias más exclusiva. La dependienta, con voz discreta, anunció: "Fondos insuficientes." De 20.000 euros, solo quedaban 500; los 19.500 euros restantes habían desaparecido. Cuando intenté aclarar lo sucedido, Máximo y su madre, con sonrisas falsas y palabras melladas, me acusaron sutilmente de derrochadora. "¿Usado? ¿Cómo iba a gastar 19.500 euros en una semana sin que nadie lo notara?", grité, pero ellos insistieron, haciéndome dudar de mi propia cordura. Incluso mis padres, deslumbrados por el apellido Castillo, me pidieron que reflexionara y me disculpara, dejándome sola y humillada. ¿Cómo iba a aceptar ser acusada de algo que no hice? ¿Cómo pudieron mis propios padres dudar de mí? La rabia me quemaba por dentro. No podía ser. Alguien me estaba tendiendo una trampa. No iba a permitir que me pisotearan así. Con la ayuda de mi amiga Sylvia, decidí tenderles una trampa a ellos. Si querían jugar, íbamos a jugar. Y yo sería la ganadora.
