Libros y Cuentos de Blue
Separamos Es El Destino
En la alta sociedad de Jalisco, Scarlett Salazar y Máximo Castillo no eran la pareja más envidiada por su amor, sino por la guerra sin cuartel que libraban públicamente. Nuestra contienda era la comidilla de todos, un constante tira y afloja donde cada uno luchaba por demostrar su indiferencia total hacia el otro. Pero mi mundo se detuvo el día que recibí un diagnóstico: una enfermedad hepática terminal. Por primera vez, anhelé una tregua, busqué a Máximo para terminar nuestros últimos meses en paz. Su voz gélida al otro lado del teléfono, acompañada por el gemido meloso de mi mejor amiga y prima, Yolanda, destrozó toda esperanza. "Scarlett es como un tequila sin añejar, pura apariencia", escuché decir a Máximo, "Contigo, en cambio, cada momento es un extra añejo, complejo y adictivo." Fue entonces cuando la traición se reveló en su forma más vil: Yolanda había orquestado una grabación falsa, convenciendo a Máximo de que nunca fui más que una interesada. ¿Cómo pudo mi propia amiga, la que se crió a mi lado, apuñalarme así? ¿Y Máximo? ¿Cómo pudo creer semejante mentira y devolverme tanto odio? Con el corazón hecho pedazos y la salud desvaneciéndose, solo una idea me invadió: borrarlo todo. Decidí que borraría cada recuerdo de Máximo, de Yolanda, y de esta guerra sin sentido, para encontrar la única paz que me quedaba antes de morir.
Mi vida de mentira, destino fatal
Isabella Vargas vivió veinte años creyendo ser la hija de una rica familia bodeguera, dueña de prestigiosos viñedos en Mendoza. Su vida parecía un cuento de hadas. Pero un día, el hallazgo de un viejo testamento reveló la devastadora verdad: no era de sangre Herrera, sino la huérfana de modestos empleados fallecidos en un trágico accidente. Toda su existencia fue una mentira. La familia la expulsó con una frialdad desalmada, pero Mateo Herrera, el hijo mayor, obsesivo y posesivo, la forzó a un compromiso, convirtiéndola en su cautiva personal. A pesar de intentos desesperados, su vida se volvió una jaula de oro. Tras un accidente que le causó amnesia a Mateo, la familia la denigró a sirvienta, pagándole una fortuna para que desapareciera, una libertad agridulce que la llevó a Uruguay con su amigo Santiago. Sin embargo, Mateo recuperó la memoria, y con ella, su enfermiza fijación, arrastrándola de vuelta al infierno. La sometió a una tortura psicológico y física sin límites, incluso intentando usarla como moneda de cambio en sus sórdidos negocios. ¿Cómo se liberaría de un monstruo que la perseguía sin tregua? En el culmen de la humillación, Isabella se negó a seguir siendo una víctima. Su espíritu renació, no para huir, sino para desmantelar el imperio de Mateo. Se armó de ingenio y coraje, convirtiéndose en arquitecta de su caída, porque en esta cacería, ella sería el cazador, buscando la justicia y la ansiada paz.
