Libros y Cuentos de Cun Li De Wa
La Sustituta Escapada quiere La Libertad
Yo era Isabela, la hija del ama de llaves, una sombra silenciosa en la grandiosa mansión Rivas. Mi vida transcurría entre trapear y recoger los pedazos de los cristales rotos de Alejandro, el heredero. Pero cuando su hermanastra Sofía se fugó, la furia de Alejandro se desató, convirtiéndome en su "asistente personal". Esa orden marcó el inicio de mi infierno personal. Fui el blanco de su ira, un objeto de humillaciones constantes y crueldades silenciosas en una jaula de oro. Lo peor llegó cuando, tras un embarazo del que intenté escapar, fui forzada a un procedimiento devastador. No solo perdí un hijo, sino que Sofía se aseguró de arrebatarme toda posibilidad futura de ser madre. El dolor físico era cruel, pero la imposibilidad de tener hijos me sumió en una calma helada. En ese instante, la última atadura se rompió; ya no sentía miedo, solo una resolución gélida. ¿Cómo la vida podía quitarme tanto, reduciéndome a un mero objeto de la crueldad ajena? Entonces, una idea se arraigó: Isabela Montes debía morir para que yo, por fin, pudiera vivir.
Cicatrices Que Hablan: Amor Renacido
Un año después del accidente que me dejó con una pierna destrozada, creí que finalmente me recuperaba. Había sacrificado mi cuerpo, y mi pasión por la danza, para salvar la vida de mi prometido, Mateo. Él me susurraba en el hospital que era su heroína, que me amaría por siempre, que mis cicatrices no significaban nada. ¡Ingenua de mí! Hoy, en la que se suponía sería nuestra fiesta de compromiso, descubrí la verdad más brutal que cualquier hueso roto: Mateo se acostaba con mi prima Elena. Los encontré en nuestra futura casa, riéndose de mi sacrificio, de mis "estúpidas" cicatrices, de mi "patética" devoción. Escuché a Mateo confesar que me drogaba con "calmantes" para mantenerme dócil y confundida, y que Elena ¡estaba embarazada! Su plan era casarse conmigo por la fortuna de mi padre, Don Fernando Romero, y luego deshacerse de mí. Todo fue una farsa, una cruel manipulación que me dejó vacía. Pero en ese momento, el dolor se transformó en una rabia helada que me dio una claridad aterradora. No iba a ser su escalón, ni su tonta "coja". Con el corazón destrozado y la mente fría, hice lo único que podía hacer. Llamé al hermano de Mateo, Ricardo Vargas, el verdadero poder de la familia, el hombre que siempre me había mirado con una extraña admiración. "Cásate conmigo", le exigí, sabiendo que acababa de firmar mi venganza. Esta noche, Mateo perdería todo.
Esposo Sometido, Vida Nueva
Aquí es donde la magia ocurre, ¿no? Diez años de matrimonio. Diez años construyendo su imperio, mientras yo, Mateo, el "esposo de apoyo", me quedaba en la sombra, cargando con todo. Pero esta noche, nuestro aniversario, mi esposa Sofía no solo brillaba por su ausencia. Brillaba junto a su asistente, Marcos, en una foto, riendo a carcajadas. Una foto que me reveló un Porsche de regalo, y el espacio vacío donde solía estar su anillo de bodas. Sentí el filete en mi plato volverse asqueroso, y el vino amargo. Cuando por fin llamó, su voz fue un fastidio: "Estoy celebrando con Marcos, ¿qué no ves que consiguió un contrato importantísimo?". Ignoró nuestro aniversario, se burló de mi "mentalidad de pobre" por no entender sus "logros reales". Y luego, ese mensaje de Marcos, desde el Porsche que Sofía le regaló: "Gracias por el regalo de tu esposa. Se siente increíble. 😉". La humillación era absoluta. ¿Cómo podía ser tan ciego? ¿Cómo pude permitir que me pisoteara así durante diez años? Toda la rabia contenida, la frustración, la sensación de ser una simple chequera con patas, explotó. Fue entonces cuando tomé la decisión. Se acabó el ser el hombre sumiso. Se acabó la sombra. Preparáte, Sofía. El juego cambió.
Mi Odio No Desaparecerá con Muerte
Siete años después de mi muerte, ni la tumba me dio paz. Mi hermana Sofía, la Reina, la misma que tosió sangre por años y vio a nuestro reino caer, finalmente exhaló su último aliento. Pero su agonía no era por su enfermedad, era el preludio de mi juicio póstumo, un espectáculo macabro donde todos clamaban venganza contra Elena, la bruja muerta. Mi Rey, Ricardo, el hombre al que una vez amé más que a mi propia vida, juró aplastar mi alma convertida en amuleto. Incluso mis padres, aquellos que me dieron la vida y me la arrebataron, se unieron al coro de odio, desenterrando mi ataúd con una bandera de contención de almas, ritual reservado para los peores criminales. Con malicia en sus rostros, clamaron, no por descansar en paz, sino por una tortura eterna en un cerdo. ¿Cómo podía el amor de mi vida odiarme tanto? ¿Por qué mis propios padres, aquellos que debieron protegerme, deseaban mi sufrimiento más allá de la muerte? Viajaron a la tierra salvaje de mi exilio, buscando mis restos para profanarlos. Pero al llegar, no me encontraron a mí. En su lugar, hallaron a mi pequeña hija, la niña que nadie sabía que existía, acunando mi tablilla conmemorativa, esperando justicia. Ricardo, el que creyó todas las mentiras, la arrojó sin piedad a una pila de cadáveres, desatando su furia. En ese instante, mi alma fragmentada, atrapada en el horquilla de madera de mi hija, sintió la misma agonía, la misma desesperación. Grité, pero nadie me escuchó. Solo pude ver cómo pateaban a mi hija, la maldecían y la humillaban. Fue entonces, al verla al borde de la muerte, que mi pequeña, en un acto supremo de amor y sacrificio, activó el Testimonio de Sangre, un hechizo que revelaría la verdad, una verdad que Ricardo y todos ellos se negaron a creer. Esta es la historia de cómo una bruja, traicionada por los suyos, encontró la redención a través de una hija que desafió la muerte para limpiar su nombre.
Cuando El Hombre lo empujan al límite
Durante diez años, Rico Mendoza fue la roca detrás del imperio de cosméticos de Sofía del Valle. Una noche, con los pétalos de rosa sobre la mesa y un anillo de diamantes quemándole en el bolsillo, le propuso matrimonio en el restaurante más caro de la ciudad. Ella le dijo que era "anticuado", lo humilló públicamente, y luego se rio, revelando que ya tenía un amante y que su relación con Rico era solo una apuesta con sus amigas. El corazón de Rico se hizo pedazos al escucharla confesar con desdén que él era solo su "perrito faldero" y que lo creía tan predecible que "siempre volvería rogando". Rechazado y con el alma destrozada, Rico decidió que era hora de que Sofía descubriera de lo que es capaz un hombre cuando lo subestiman y lo empujan al límite.
No Soy Tu Marioneta: El Juego Final
El agudo dolor de un parto sin ayuda me despertó, pero este no era el suelo sucio donde morí sola en mi vida pasada. Estaba en mi cama. De pronto, la voz de mi madre me exigía que abandonara mis sueños universitarios para ir a la maquiladora. Ella, la misma que en mi otra vida se negó a pagar mi cesárea y me dijo que mi único valor era servir a mi hermano, MateoSofía, mi nombre, pero mi vientre estaba plano, mis manos sin cicatrices; había renacido. Con terrible claridad, recordé las torturas, el trabajo forzado, el matrimonio arreglado con un abusador, la indiferencia de mi padre Ramón y cómo mi hermano Mateo bebía mi sangre hasta la última gota. No, esta vida no sería su marioneta; el miedo de mi pasado se mezcló con una calma helada. Esta vez, las cosas serían diferentes.
