Libros y Cuentos de Dan Ruo Tu Mi
Mi Boda, Su Más Grande Error
ALEXIA CUEVAS POV: Estaba en la prueba final de mi vestido de novia, a solo unos días de casarme con el amor de mi vida, Mauricio. De repente, mi organizadora de bodas recibió una llamada. Su rostro palideció. "Señorita Cuevas", me dijo con voz temblorosa, "me acaban de llamar para cambiar el nombre de la novia en las invitaciones... por el de Ida Juan". Ida era su "amiga", la misma a la que vi a Mauricio arrodillarse en nuestra propia fiesta de compromiso. En un bar, lo escuché decirles a nuestros amigos: "Alexia es mi obligación, pero Ida es mi placer". Incluso cuando me caí por las escaleras, él y sus amigos simplemente se dieron la vuelta y continuaron su fiesta, dejándome tirada. No solo me traicionó, sino que planeaba robar mi fecha de boda, mi salón y hasta el diseño que yo había creado. Pensó que yo era una tonta, una víctima que aceptaría posponer todo para que él pudiera casarse con su amante en mi lugar. Pero se equivocó. Fui con mi padre y le dije: "Quiero que arregles mi boda. Para la misma fecha. Pero con Antonio Díaz".
Corazón Roto, Alma Fuerte
El trauma era una sombra, un recordatorio constante de que hombres exitosos podían destruir todo a su paso. Por eso, Sofía Romero se convirtió en abogada, jurándose jamás permitir que un hombre la lastimara. Levantó muros altos y gruesos alrededor de su corazón. Hasta que Ricardo Vargas apareció. Después de siete años de promesas de amor incondicional y un futuro juntos, Sofía lo encontró besando apasionadamente a su joven clienta, Valeria Soto, en una gala. Al llegar a su apartamento, sus pertenencias estaban empacadas en una caja, y Ricardo entraba con Valeria, quien despectivamente criticaba su hogar. Ricardo, sin mirarla, le exigió la llave de su caja fuerte, conteniendo documentos cruciales y el preciado collar de su abuela. Ante su negativa, él le arrebató el bolso, la despojó de la llave y tiró el collar con desprecio. Minutos después, recibió una llamada de su colega Daniel Ortiz, informándole que su caso más importante, el de las trabajadoras de la maquiladora, se desmoronaba por una filtración y acusaciones de mala praxis. Su santuario profesional se hacía añicos. Cuando intentó ir a la oficina, Ricardo la detuvo, revelando que él mismo había filtrado la información para que Sofía, rota y vulnerable, accediera a usar sus contactos en beneficio de Valeria. "¡Fui yo, Sofía. Yo filtré la información. Necesitaba que estuvieras rota para poder pedirte este favor por Valeria!" El mundo se detuvo, y la abogada fuerte e impenetrable, se desmoronó. ¿Cómo pudo ser tan ciega? ¿Cómo pudo un hombre destruir todo lo que ella había construido? Era una trampa cruel, un acto calculado de maldad, que convertía su historia de amor en una grotesca farsa. Ricardo la había engañado, destruyendo no solo su relación, sino también su carrera y la reputación de su mentor, el señor Méndez. La sed de justicia de Sofía, una abogada en defensa de mujeres como su madre, ahora estaba encendida por una furia tan grande que amenazaba con quemar todo su mundo.
La Receta De La Diosa
Éramos Sofía y Elena, diosas entre los mortales, repostera y costurera, creadoras de maravillas. Por cinco años, entregamos nuestra esencia a los hermanos López, Carlos y Ricardo, construyendo su imperio restaurantero "ladrillo a ladrillo, postre a postre, diseño a diseño". Pero la noche previa a la inauguración de "El Olimpo", su proyecto cumbre, ellos lo revelaron: éramos solo "empleadas", herramientas desechables. "Nunca fueron más que eso", escupió Ricardo. La traición se grabó en mi pecho cuando Ricardo, con brutalidad, agredió a Elena. "Sofía...", susurró ella antes de desaparecer, "quiero quemarlos a todos". Su cuerpo mortal se disolvió en polvo de estrellas. La mataron. Ellos lo vieron y solo preguntaron: "¿Dónde están los diseños?". Ninguno mostró una pizca de preocupación. Mis ojos, ya no los de la humilde repostera, prometieron una venganza fría. No los perdonaría. Ahora, ¿cómo cobraría una diosa su dolor en el mundo mortal? ¿Y qué secretos guardaban los que la traicionaron? Decidí darles las "recetas", pero escondí la verdadera magia. Luego, hice lo impensable: regresé al Reino Celestial frente a sus ojos. Mi muerte mortal fue solo el principio de su tortura divina. El juego apenas comienza. ¿Están listos para probar el verdadero sabor de mi venganza?
Vendida por Mi Mejor Amiga
El sabor dulce de la Coca-Cola se volvió amargo en mi boca. Lo último que recuerdo es la sonrisa de Sofía, mi mejor amiga, pasándome la botella en el camino a una fiesta en un pueblo remoto. Cuando abrí los ojos, el sol me quemaba la cara a través de un techo de lámina y el aire olía a tierra quemada. Una mujer de ojos duros me observaba, su voz arrastrada soltó la verdad: mi amiga me había vendido. Intenté levantarme, pero el mareo y la náusea me tiraron al petate áspero. Mi mejor amiga, la que conocía todos mis secretos, me había entregado como si fuera ganado. Me querían como esposa para su hijo, un muchacho simple. La rabia y el pánico me inundaron. Golpee la puerta de madera intentando escapar de esa pesadilla que gritaba ser real. Las lágrimas de impotencia me quemaban la cara. ¿Por qué Sofía, mi querida amiga, me haría esto? ¿Por celos de mi talento, de mis sueños de estudiar en el extranjero? De pronto, un detalle tallado en el dintel de la puerta me heló la sangre: un águila devorando una serpiente. Era el mismo patrón que había visto en una vieja foto de la casa de mis abuelos. No podía ser una coincidencia. Me habían traído de vuelta a casa, al pueblo de mi abuelo, Don Ramiro, una leyenda viva. Levántate, inútil. No creas que porque eres de ciudad te vamos a tratar como reina. Esa fue la última vez que me verían como la "princesita". Ahora, la verdadera fiesta estaba por comenzar.
Te Quito como La Raíce Enferma
Nuestra historia, construida en diez años, se cimentaba en promesas y rituales sagrados, como esa copa de vino carísimo que habíamos soñado con probar juntos. Entonces, una foto anónima de Chile lo destrozó todo: Mateo besando a otra, Érica, su colega. Pero lo que me rompió no fue el beso, sino la copa de vino que él le ofrecía a ella, nuestro ritual más íntimo, profanado sin piedad. Mis mensajes suplicantes de vida recibían un cruel "leído" sin respuesta, mientras él se burlaba de nuestra conexión. ¿Cómo era posible que el chico de 18 años que talló una cajita de olivo para mí y me juró "nunca más te haré sentir esta incertidumbre" se convirtiera en el hombre gélido que me dejaba en visto y me abandonaba en medio de una tormenta? La traición ya no era una foto, era una realidad palpable, y en ese momento, una visita inesperada transformaría mi dolor en una decisión inquebrantable.
