Libros y Cuentos de Flory Corkery
Un Vuelo Sin Retorno Para Olvidarte
Durante siete años, fui la sombra detrás del éxito de Paulina, pintando los cuadros que mi esposo, Rodrigo, vendía bajo su nombre. Creí que era un sacrificio por amor, hasta que vi el grabado oculto en su anillo de bodas: "P & R". La traición me golpeó de lleno en la gala de premiación. Paulina no solo se llevó el crédito de mi obra maestra, sino que tocó, con la flauta de plata que yo deseaba, la melodía secreta que compuse para Rodrigo en nuestra intimidad. Al confrontarlos, Rodrigo me empujó frente a todos, protegiendo a su amante y a su supuesto hijo no nato. Por teléfono, Paulina se burló con crueldad: "Él nunca te amó, Alma. Solo eres la herramienta para mantener mi fama". Comprendí que mi matrimonio era una estafa y mi vida, una mentira diseñada para engrandecer a otra. Pero no les daría el gusto de verme derrotada ni un segundo más. Dejé los papeles del divorcio firmados sobre la cama y subí al primer vuelo con destino a Oaxaca. Horas después, cuando le informaron a Rodrigo que mi avión se había estrellado sin dejar sobrevivientes, se dio cuenta de que mi "regalo sorpresa" de aniversario era dejarlo con la culpa para siempre.
Ladrona De Mente
El eco de la sirena de la ambulancia aún perfora mis recuerdos. Un listón suelto, según ellos. Mi carrera de bailarina, mis sueños en el Festival Nacional de Danza Folclórica, se hicieron pedazos junto con mi tobillo. Pero la verdadera tragedia fue ver a mi madre, mi única familia, consumirse por el dolor y la injusticia de todo lo que me hicieron. La enfermedad que se la llevó fue un veneno lento, goteando de cada titular que me acusaba de mi propia "negligencia". "La joven promesa, Sofía, descuidó su propio vestuario en un acto de irresponsabilidad imperdonable", repetían, mientras Catalina sonreía, inocente, detrás de su fachada de preocupación. ¿Cómo podían creerles? ¿Cómo podían culparme a mí, la víctima, de mi propia desgracia? La desesperación me llevó al borde, pastillas en mano, una carta de despedida a un mundo que me había traicionado. Pero la oscuridad no fue el final. Un parpadeo. El olor a laca. El murmullo del público. Mi tobillo, perfecto. "¡Sofía! ¡Sales en cinco minutos! ¿Estás lista?" Había vuelto. No era un sueño, ni el más allá. Era la noche del Festival, mi segunda oportunidad. Y esta vez, no caería en la trampa.
Mi Querido Esposo 18 Años
La pelea con Máximo me dejó destrozada, sus palabras rebotando en mi cabeza mientras conducía por las calles de la CDMX. Me gritó que su aventura con Sofía, de la que esperaba un hijo, era "solo un error". Busqué refugio en nuestro viejo departamento de La Roma, el que él llamó mi "refugio para el arte", ahogándome en el dolor de los recuerdos de un amor que ya no existía. Pero la puerta se abrió a un pasado imposible. Ahí estaba él, no el hombre cínico de 35 años que acababa de romperme en pedazos, sino el Máximo de 18, mi Máximo de Guanajuato, mirándome con sus ojos puros y la pregunta: "¿Luci, qué te pasó? ¿Por qué te ves tan… mayor?" El pánico me invadió; ¿cómo podía explicarle que su futuro era el hombre que me había traicionado? Intenté mentir, inventé un matrimonio con un petrolero rico, diciéndole que ya no lo amaba, que él solo era un recuerdo de Guanajuato. Pero la verdad, la cruda verdad, me esperaba en la oficina de mi abogada: Máximo no solo me había engañado, sino que planeaba que criara a su bebé con ella, usando mi supuesta infertilidad como excusa. La rabia me consumió, y justo cuando el joven Máximo prometía "matar" a quien me había hecho llorar, la puerta del elevador se abrió. Y los dos Máximos, el traidor del presente y el ángel del pasado, se encontraron, listos para un choque que revelaría no solo sus verdades, sino mi propia liberación.
