Libros y Cuentos de Germaine Blagg
Cuando el Juego Termina
En el año 2038, mi vida tenía dos realidades: en "El Sueño del Guerrero", era "Puente del Sur de Bambú", una jugadora deliberadamente fea, profundamente enamorada del todopoderoso "Guerrero de Fuego", el campeón del juego. En mi "otra" vida, Sofía era una ilustradora anónima, viviendo con la ansiedad de ser juzgada por mi belleza natural. Creía que Héctor, mi Guerrero de Fuego, me amaba por lo que era, más allá de la pantalla. Pero un día, mientras preparaba un regalo para él en el juego, mi mundo se vino abajo. Lo escuché decir que solo me utilizaba para "pasar el rato" mientras su exnovia Ximena regresaba. Y lo peor, el CEO de InnovaTech, mi quisquilloso cliente en la vida real era el mismo Héctor, quien me despreciaba en persona y en el juego. La humillación no se detuvo ahí: me despojaron públicamente de mi título de colíder de gremio y Héctor, sin un ápice de humanidad, disolvió nuestra relación frente a todo el servidor. "Nunca te quise", me espetó, "salir con un avatar tan feo como el tuyo era asqueroso". Mi dolor se convirtió en ira, ardiente e imparable. Decidí que ya no sería más la víctima de nadie y que el mundo se enteraría de todo.
Renacer de Cenizas, Sofía
El "bip" rítmico de los monitores era lo único que me recordaba que estaba viva, o al menos eso creía. Había sobrevivido a una cirugía de emergencia que, según me dijeron, salvó mi vida y la de mi pequeño Leo. Pero una noche, en el frío corredor del hospital, la verdad me golpeó más fuerte que cualquier bisturí. Escuché las voces de mi esposo Mateo y su prima Camila Solís, esa "heroína" que me había estado cuidando. "Todo salió perfecto, Mateo. Mejor de lo que imaginé." Luego su voz, dulce y venenosa, retumbó: "Mi amor... la estúpida de tu esposa lo criará como si fuera suyo... yo lanzo mi carrera." "Sofía es la herramienta perfecta", respondió Mateo, "ingenua, confía ciegamente. Se casó conmigo por un vientre seguro para ti, Camila." Mi mundo se desintegró. No solo la boda, el bebé, mi vida entera… ¡sino también la muerte de mi madre! Camila confesó haberla empujado hacia la explosión que acabó con ella, y Mateo lo encubrió todo. ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Tan estúpida? La humillación y el dolor me consumieron, pero en lo más profundo de mi ser, una furia helada comenzó a arder. Yo no era una herramienta, no era ingenua, ni mucho menos una víctima sin voz. En la oscuridad de la casa, mientras ellos celebraban su cruel victoria, contacté a mi hermano Ricardo. El juego de Mateo Vargas acababa de terminar. El mío estaba a punto de empezar.
Una Mentira Por Celos
Era el Día del Padre y yo, Sofía, publiqué una tierna foto con mi papá, llena de amor y gratitud. No imaginé que ese simple gesto detonaría una pesadilla orquestada por mi compañera de cuarto, Valentina, una chica envidiosa y amargada. Al revisar mis redes, el corazón se me heló: una cuenta anónima había usado una foto mía en pijama, insinuando que soy una "Sugar Baby" y que tengo una relación inapropiada con mi propio padre. Incrédula y temblorosa, confronté a Valentina, quien, entre risas y cínicas palabras, admitió su "broma" y me escupió su odio: "Siempre tan perfecta, tan feliz con tu papi. Algunos no tenemos esa suerte" . La rabia me cegó, pero mi impotencia creció cuando la policía, al ver su actuación de víctima, se encogió de hombros, dejando impune la difamación. ¡Pero ella no se detuvo! Al día siguiente, la misma cuenta anónima publicó la foto, ahora manipulada, con mi rostro en un cuerpo pornográfico. ¿Cómo era posible tanta maldad? ¿Quién es capaz de urdir una calumnia tan vil? No iba a dejar que me destruyera. Armada de una ira helada, sabía que la arrogancia de Valentina sería su perdición. Respiré hondo, el miedo se transformó en determinación. Marqué el número de mi prima Camila, abogada. Ahora, empezaba mi contraataque.
Tu Amor Solo Existe Cuando Ella No esté
Era nuestro segundo aniversario de bodas, y mi corazón, aunque roto, aún guardaba una chispa de esperanza. Preparé la cena perfecta, esperando a mi esposo, Ricardo, en la mesa del comedor, iluminada por velas. Pero él nunca llegó. Sabía dónde estaba: en su oficina, riendo con Sofía, su primer amor, su mano acariciando el cabello de ella con una ternura que nunca me había mostrado a mí. Un dolor agudo me atravesó el pecho al verlos tan íntimos, y mi mano, que protegía mi vientre, se retiró bruscamente. En ese instante, en el silencio de ese pasillo, la verdad me golpeó: yo no era su amor, solo un contrato. Este matrimonio había sido un frío acuerdo para salvar el negocio de mi padre, y yo, tontamente, me había enamorado. Creí que él también sentía algo, pero la reaparición de Sofía lo cambió todo, volviéndolo distante e irritable. La humillación alcanzó su cima en una cena de gala, donde Sofía me trató como una extraña, monopolizando a Ricardo mientras yo guardaba el sonajero de plata para nuestro bebé, un secreto que arruinó esa noche. Pero la gota que derramó el vaso fue cuando Sofía llegó a nuestra casa, fingiendo mareo, y Ricardo me ordenó que le preparara un té, ignorando mis propias náuseas matutinas. "Estoy embarazada, Ricardo," pensé, pero él solo me vio como un drama. Me dijo que nuestro matrimonio era solo un acuerdo, que Sofía era su amiga y yo debía respetarla. En ese momento, la dolorosa verdad de saber que la traición de Ricardo había llegado tan lejos me causó una decepción abrumadora, revelando su ceguera y la farsa de nuestro amor. Las pruebas de su infidelidad llegaron en forma de fotos y videos enviados anónimamente: él y Sofía en batas de baño, riendo, besándose, con un mensaje final: "Él nunca dejó de amarme. Siempre fue mío. Ríndete, Elena." Mi corazón se hizo pedazos, el futuro que soñé se convirtió en cenizas. No iba a permitir que mi hijo fuera la segunda opción de nadie. Firmé los papeles de divorcio y los dejé sobre su almohada, lista para empezar de nuevo.
La Traición de Mi Prometido: Mi Héroe, Mi Verdugo
Mi vida era un cuento de hadas, forjado entre los lujos de Bogotá y el amor profundo que sentía por Alejandro Rojas, el leal jefe de seguridad de mi padre y mi flamante prometido. La noche de la gran gala benéfica de la Fundación Nuevo Amanecer, con el preciado anillo en mi dedo, sentía que lo tenía todo. Pero bajo las luces cegadoras, Alejandro sacó una placa de la DIJIN y su voz, antes de amor, tronó una acusación helada: mi padre, el respetado filántropo, era un narcotraficante y criminal de guerra. El caos estalló y, en un instante de horror, fui disparada por su lealtad, cayendo mientras mi mundo perfecto se desintegraba a pedazos. Desperté en un hospital estéril, el dolor de mi hombro pálido ante la cruda verdad: Alejandro, el hombre que amaba, me confirmó sin piedad que siempre fui solo una "herramienta", parte de una "misión", un objeto desechable. Me sentía sucia, humillada, la hija de un monstruo, y cada mirada a mi alrededor, cada palabra de su fría exnovia Elena, confirmaba que no era más que daño colateral. Él me bloqueó, me ignoró, sus ojos vacíos me atravesaron como si fuera invisible, dejándome sola y rota. ¿Cómo podía el amor de tres años, las noches compartidas, la promesa de una vida juntos, no significar "nada"? ¿Cómo el hombre que me salvó la vida podía ahora destrozarme el corazón con tanta crueldad, llamándome la "hija de un asesino" mientras el misterioso número 734 revelaba la impensable traición de mi padre contra mi propia madre? Mi héroe era un monstruo, mi amor, un verdugo, y la verdad se había retorcido hasta volverse irreconocible, dejándome ahogada en un océano de dolor y de preguntas sin respuesta. Pero entre las cenizas de mi mundo en ruinas, una chispa de rabia y un oscuro secreto materno-mi madre había sido una valiente infiltrada asesinada por mi padre-encendieron el fuego de una venganza implacable. Ya no era Sofía Vargas, la niña rica traicionada; ahora era "Luna", la "adicta" infiltrada en las fauces del cartel de "El Espectro", dispuesta a sacrificarlo todo para vengar a mi madre y purgar los pecados de mi padre, aun si eso significaba mi propia destrucción.
