Libros y Cuentos de Gui Mu Mu
El Precio De Mi Amor
Cinco años. Creí que era la reina en el palacio de mármol de Ricardo, mi esposo, el \"rey sin corona\" a quien amaba ciegamente, incluso con la cicatriz de una bala que me recordaba la vez que lo protegí. Pero una noche, una puerta entreabierta reveló su verdadera voz, fría y cortante, hablando no de negocios, sino de Camila, la mujer a la que protegía y por quien yo era solo un "escudo perfecto". La palabra "escudo" me golpeó más fuerte que cualquier bala, destrozando cinco años de lo que creí era amor. Mi vida de lujos, cada beso, cada "te amo", se convirtió en una farsa grotesca, un cruel soborno para la tonta que fui. ¿Cómo pude ser tan ciega, tan ingenua? El hombre que amaba no existía; en su lugar, un monstruo calculador me había usado de la manera más cruel imaginable. Pero esa noche, la Sofía ingenua murió. Con una determinación de acero, una nueva mujer nació en medio de las cenizas de mi corazón roto. Y esa mujer, ya no sería un escudo; sería libre, y Ricardo iba a pagarlo.
Querido Marido, Nunca Te Perdoné
La música de la fiesta ahogaba mi alma, mientras Ricardo Vargas me exhibía como su trofeo más reciente. Soy Sofía, su "musa", una cara bonita que sonríe vacía para pagar las facturas del hospital de mi madre y la comida de mi pequeño hijo Leo. Mi vida de bailarina de flamenco, heredera de la gran Carmen, terminó en un escenario, con un hueso roto y el amor de mi vida, Mateo, abandonándome sin una mirada. Después, mi madre sufrió un derrame cerebral, postrada, y yo, desesperada, vendí mi alma a Ricardo para sobrevivir. Pero la humillación no conocía límites: en la fiesta, Ricardo me exhibía como su "pequeña ave rota", y justo entonces, Mateo, ahora "El Fénix del Flamenco", reapareció. Él no sintió compasión, solo desprecio, confirmando lo que ya sabía: su éxito se construyó sobre mis ruinas. "Veo que por fin encontraste tu verdadero talento, Sofía", me susurró venenosamente, mientras iba por el whisky de Ricardo. "Servir a los hombres". La rabia me quemaba, pero mi rostro permaneció sereno, sin una pizca de emoción. Luego, Isabel, su hermana, me atacó en el baño, gritando sobre "familias destruidas". Mateo intervino, pero su falsa compasión solo profundizaba mi herida: ¿era él quien orquestaba esta tortura? Cuando reveló que Luna, su hermana menor, se había suicidado por la crueldad de mi madre en la academia, y que yo fui "ciega y cobarde" al no hacer nada, su venganza cobró un significado aterrador. Ahora él quería verme sufrir, arrebatarme todo lo que amaba. Pero ¿qué más podía quitarme? Mi carrera, mi amor, mi dignidad ya se habían ido. ¿Y si en el corazón de esta tragedia, lo que él pensaba que era un acto de venganza, era en realidad un descubrimiento que cambiaría su mundo para siempre?
