Libros y Cuentos de Neilla Steedly
Renacer del Dolor: Mi Amargo Dulce
El olor a plástico quemado y carne chamuscada me llenaba la garganta, un recuerdo que ni la muerte había podido borrar. Sentía el fuego devorándome, pero el dolor más profundo era el de la traición que ardía en mi pecho. Mi prima Camila, con una sonrisa de triunfo, se inclinó sobre mí en la cama del hospital. "Pobre Sofía", susurró, "toda tu vida lo tuviste todo, mientras yo no tenía nada." Su aliento olía a victoria. "Pero ahora", continuó, "todo lo tuyo será mío." Vi en sus ojos la envidia y la codicia que la llevaron a prenderle fuego a mi casa, matando a mis padres y dejándome en este infierno. "Adiós, primita." La máquina emitió un pitido largo y agudo, y la oscuridad me tragó. Pero en lugar del vacío, sentí la suavidad de mis sábanas. Abrí los ojos: estaba en mi habitación, intacta. Busqué mi teléfono, y la fecha me dejó sin aliento: era un año antes del incendio. Un día antes del día en que todo comenzó. Había vuelto. El destino me había dado una segunda oportunidad. Y esta vez, no la iba a desperdiciar. Con una rabia helada y una determinación absoluta, juré proteger a mi familia a cualquier costo. Justo entonces, el teléfono de la casa comenzó a sonar, como un eco del monitor del hospital. Sabía quién llamaba. Sabía qué noticias traían.
No Quedo Odios Tras noche
El anillo de compromiso de Sofía Rojas, un brillante símbolo de su amor por Mateo Díaz, un exitoso empresario, se sentía de repente como una cadena. Había sacrificado todo, trabajando 72 horas sin dormir, para salvar la empresa de Mateo de la ruina, creyendo en su recompensa: un futuro juntos. Pero en la fiesta de celebración, la aparición de Camila Soto, la ex de Mateo, lo cambió todo. Los celos y las provocaciones de Camila desataron la furia de Mateo, quien, en lugar de defender a Sofía, la acusó de humillarle públicamente. El castigo fue un cruel "juego". Mateo, ante una multitud sedienta de morbo, le arrancó el anillo a Sofía, declarando que la apuesta inicial era su dignidad. Al día siguiente, en un club privado, Sofía fue obligada a un interrogatorio humillante donde sus recuerdos más preciados fueron destruidos: el relicario de su abuela, pisoteado por Camila, y el contrato fundacional de su padre, arrojado al fuego. Incluso le cortaron un mechón de su cabello. ¿Por qué Mateo, el hombre al que había salvado y amado, la sometía a esta tortura pública? ¿Qué había hecho ella para merecer tal desprecio y humillación? En la última ronda, Mateo lanzó la apuesta final: la ruina de la familia de Sofía. Desesperada, Sofía recurrió al antiguo arte de su abuela, el "compartir el corazón", transfiriendo todo su dolor a Mateo. La conexión la mató, pero hizo que Mateo experimentara su sufrimiento y comprendiera la verdad del sacrificio de Sofía, un amor incondicional que él había destruido.
Lágrimas De Cristal
La placa de honor de mi padre, fría en mi mano, era el único consuelo en un mar de desesperación. Después de que lo perdimos, me partí el lomo para que a Miguel, mi hermano menor, nunca le faltara nada. Pero no fue suficiente. Una banda de criminales nos quería fuera de nuestra casa, el único legado de mi padre, y cuando Miguel intentó defenderla, lo golpearon hasta casi matarlo. Ahora yace conectado a máquinas, mientras esos miserables caminan libres. Fui a la policía, a la fiscalía, a todas partes donde se supone que se busca justicia, pero sus manos estaban manchadas. Mis denuncias se perdieron, y por atreverme a alzar la voz, también me golpearon y humillaron, dejándome claro que mi dolor no importaba. ¿Cómo era posible tanta impunidad? ¿Acaso la justicia era solo una palabra vacía en este infierno? Rota y desesperada, recordé el último legado de mi padre: sus condecoraciones. Con Miguel en brazos, me arrodillé frente a la fiscalía, aferrando esas medallas, mi última esperanza. Justo cuando los criminales se acercaban para terminar con nosotros, las puertas se abrieron. El viejo colega de mi padre, un fiscal respetado, salió. Él nos vio, y en sus ojos cansados, la justicia que mi padre defendió renació.
Mi Esposa Está Embarazada De Mi Hermano
La muerte de Elena, la gemela de mi esposa Sofía y esposa de mi hermano Fernando, había envejecido a mi suegra diez años en siete días. Pero el verdadero golpe llegó cuando mi suegra propuso algo monstruoso: Sofía debía tener un hijo con Fernando para perpetuar el "linaje familiar", ¡como si mi esposa fuera un objeto! Mis propios padres bajaron la mirada, cómplices de esta locura. Mi furia y la incredulidad se apoderaron de mí. Fernando siempre había sido el favorito, el sol, y yo la sombra, el segundón. Sofía era mi única luz, mi socia, mi amante, mi todo. Ella me apoyó, invirtió sus ahorros en mi negocio y me amó incondicionalmente. Pero la familia, ¿mi propia familia?, quería que la compartiera como una incubadora. Sofía gritó: "¡Amo a Ricardo! ¡Jamás lo traicionaría!". Sentí alivio, pero la presión familiar continuó, asfixiándome. Una noche, busqué agua y escuché risas desde la habitación de Fernando. Era Sofía, en la cama con él, riendo, una risa íntima y cómplice. Mi vaso de agua se hizo añicos en el suelo, pero mi corazón se rompió aún más fuerte. Su "lealtad" era una mentira cruel, y yo, el tonto de siempre, había caído. Al amanecer, Sofía entró sigilosamente, con una falsa preocupación. Abrí mi armario y empecé a empacar. "No me toques", dije. "Te vi con Fernando". Ella suplicó, "¡No es lo que piensas, Ricardo! ¡Solo lo estaba consolando!". Pero sus lágrimas no me engañaron. "Quiero el divorcio". Ella se negó, actuando de víctima, mientras Fernando se pavoneaba con una sonrisa arrogante. Mi familia se puso de su lado, llamándome egoísta. Me fui de esa casa tóxica. Cuando Sofía regresó, con una sonrisa extraña me entregó una prueba de embarazo. "Estoy embarazada", anunció. "Es tuyo, Ricardo. Es nuestro bebé". Sabía que el bebé era de mi hermano. Mi corazón estaba muerto.
Tu Amor Me Duele
Mi esposo, Mateo, y yo habíamos construido un imperio de moda, nuestra marca era el sueño hecho realidad de toda una vida. Pero una tarde, al llegar a casa antes de lo esperado, escuché algo que destrozó mi alma: Mateo le confesaba a mi sobrina, Camila, que yo era su "gallina de los huevos de oro" , y que solo esperaba el momento de asegurar una inversión millonaria para abandonarme. Lo peor no fue solo la infidelidad, sino descubrir que mi ingenua sobrina, a quien crié y amé como a una hija, se reía de mí y formaba parte de este cruel engaño desde hace años. Sentía una profunda humillación y una ceguera inimaginable al darme cuenta de que mi supuesto amor y mi propio hogar eran una farsa, un negocio calculado donde yo era solo una herramienta. No había vuelta atrás, así que el mismo día en que le exigí el divorcio, exigí un millón de dólares a cambio de mi silencio y mi parte de la empresa, y luego desaparecí del mapa.
La Esposa Tierna decepcionada
El informe del laboratorio se sentía frío en mis manos. Letras nítidas: mi hija, Valentina, no podía ser nuestra. Mi mundo, un mural vibrante de colores y amor, se hizo añicos. El médico confirmó la pesadilla: era genéticamente imposible que Alejandro y yo fuéramos los padres biológicos de Valentina. Un intercambio. Un horror indescriptible. Caminé como una autómata. Luego, escuché la verdad, una verdad monstruosa que me heló la sangre: mi esposo, Alejandro, y su amante, Isabel, habían orquestado un cambio de bebés. Y no solo eso, ¡él me había inyectado anticonceptivos para esterilizarme! Pero el golpe final fue saber que mi verdadero hijo, Mateo, había sido asesinado y preservado en un barril de aguardiente. Fui confinada, humillada públicamente por Isabel en una fiesta, y forzada a una extracción de médula ósea para "salvarla" a ella, una farsa más para robar otra parte de mí. ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo pudieron mis seres más cercanos ser tan monstruosos? Cada revelación me pulverizaba, me convertía en una histérica para el mundo. Mi cuerpo, mi maternidad, mi alma... todo fue profanado. Me vaciaron por completo. Pero cuando Isabel se regodeó de mi dolor, presionando mi herida abierta, el hielo se rompió. En ese charco de mi propia sangre y desesperación, la furia, fría e imparable, resurgió. Ya no había nada que perder. Me liberé, y en la oscuridad, una señal de ayuda de Javier, un arquitecto que conocí en México, se convirtió en mi única esperanza. Esto no era un final, era mi renacimiento.
La Hacienda de los Secretos Muertos
Volví a casa de la feria de artesanías, con el corazón lleno de ansias por abrazar a mi hija, Lupita. Nuestro hogar, la hacienda, debería haber sido un refugio de paz. Pero un silencio anormal y pesado me recibió. Mi esposo, Mateo, emergió de la capilla, con un rostro helado, confesando que Lupita estaba siendo "castigada". La encontré en el sótano, rígida, azul. Muerta. Mi grito de dolor se ahogó en el horror. ¿Cómo pudo nuestro propio padre hacer esto? Pero el infierno no acabó ahí. Lo encontré con su prima Camila, besándose sobre el altar, su devoción falsa. En el funeral de nuestra pequeña, él la consolaba públicamente, mientras el mundo me juzgaba a mí, la madre fría. Luego, intentaron profanar sus cenizas, quemándolas en un ritual macabro para "salvar" a su hijo. ¿Cómo pude ser tan ciega? Mi vida, mi amor, mi hija... todo era un sacrificio por una obsesión ajena, una mentira construida sobre una devoción retorcida. La inocencia de Lupita fue aniquilada por la locura de un hombre y la crueldad de una manipuladora. Decidí esfumarme, fingiendo mi propia muerte para escapar de aquel infierno. Pero dos años después, él me encontró, arrastrando consigo cenizas y revelando un horror aún mayor: había purificado "nuestro amor" aniquilando a quienes se interponían. Ya no había vuelta atrás: era hora de que el monstruo pagara por sus crímenes.
