Libros y Cuentos de Syra Tucker
La Promesa Rota, El Amor Rescatado
El sol de Madrid quemaba mi piel, pero el escalofrío de la predicción de la tarotista se me clavó en los huesos: "Un amor que fue ruina, regresa. Traerá de nuevo el caos." La profecía no tardó en cumplirse. Mi exnovio, Mateo Vargas, por quien sacrifiqué mi sueño en Berlín, regresó a mi vida como un brillante cirujano, acompañado de una prometida, y con una frialdad que helaba la sangre. Su desprecio, los cotilleos maliciosos y las burlas de su prometida me destrozaron, pero nada se comparó con el momento en que se negó a operar a mi padre moribundo, conduciéndome a la desesperación y su fatal desenlace. Huí a Buenos Aires, solo para despertar de un accidente sin recuerdos, y con la horrible verdad de que él, el hombre que me había aniquilado, había aprovechado mi amnesia para casarse conmigo y construir una falsa vida perfecta. Cuando mi memoria regresó, descubrí no solo este tormento, sino que yo llevaba su hijo. Pero la verdad más impactante estaba por revelarse: su crueldad no era venganza, sino una defensa nacida de su propio trauma más profundo. ¿Cómo pude haber malinterpretado tanto al hombre que amé? ¿Podría el amor, nacido de una falsedad y manchado por el dolor, sobrevivir a la verdad más amarga? Cuando el destino lo puso en el ojo de una tormenta de la que solo yo podía sacarlo, mi corazón roto se vio obligado a elegir entre el odio y una última oportunidad para el amor.
La Jaula de Oro y el Veneno Silencioso
Isabela Vargas, una joven muda de un pueblo costero de Oaxaca, vivía en una jaula de oro. Casada con el poderoso Ricardo Montenegro, su vida era un lujo vacío, una prisión sin barrotes. Pero un día, el velo de la opulencia se rasgó con un acto de crueldad inimaginable. Ricardo, enloquecido por la desaparición de su amante Sofía, ató a mis padres en la playa, con el agua subiendo peligrosamente. Exigió que revelara el paradero de Sofía, o ellos pagarían el precio. Mi mudez, una tortura adicional, se convirtió en la mordaza de mi angustia más profunda. Observé, inmovilizada por el terror, cómo sus hombres empujaban las cabezas de mis padres bajo el agua. Un grito ahogado murió en mi garganta, mientras el mundo entero de desvanecía. Mis padres. Muertos. Por mi culpa, resonaba en mi mente. El dolor era tan inconmensurable que me consumía, un fuego invisible que mi silencio amplificaba sin piedad. ¿Cómo podía el hombre que juró amarme ser mi carcelero, mi torturador, culpándome de una tragedia que él mismo orquestó? De ese abismo helado y esa agonía silenciosa, nació una nueva Isabela. Con un único y sombrío propósito: venganza. Busqué a Elena Cruz, mi amiga química, y en un cuaderno escribí una nota firme: "Necesito un veneno. Indetectable. Para él. Y para mí."
