Libros y Cuentos de Willow Chase
Acepto El Matrimonio Contratado
El aire olía a flores blancas y a promesas en el día de mi boda, el momento en que Ricardo Morales esperaba para unir su vida a la de Sofía. Pero su sonrisa no apareció; en cambio, su voz fría y calculadora resonó en la iglesia, declarando ante todos: "Esta boda es una farsa y no puede continuar... Estoy embarazada, pero el hijo que espero no es de Ricky. El padre es Mateo." El silencio denso y las miradas de lástima se clavaron en mí, mientras la humillación me sofocaba; mis propios padres, avergonzados, se acercaban. ¿Cómo era posible que Sofía, la mujer con la que soñaba, usara a nuestro propio hijo como pasaporte para el maldito Mateo, mi "hermano"? En ese instante de quiebre, el amor se hizo cenizas y acepté una salida aparentemente sin amor: un matrimonio arreglado que me llevó lejos, a una nueva vida, y una esposa que ni siquiera conocía.
El Precio de la Libertad: Una Bailaora Inquebrantable
La Feria de Abril de Sevilla estaba en su apogeo. Como bailaora, mi vida debería haber sido puro arte y pasión. Pero para mí, era una jaula de oro bajo el control de Máximo. Él me arrancó del tablao, me obligó a servir a sus amigos mientras él besaba a su amante, Scarlett, delante de todos. Entre risas, apostaban cuánto tardaría en llorar. Mientras recogía los billetes, mi corazón se heló al escuchar a Scarlett comentar sobre mi esterilidad y la pérdida de nuestro bebé, una tragedia que ella misma causó. Máximo, inmutable, respondió: "No necesito que me dé hijos. Para eso hay otras mujeres." Esa indiferencia me acuchilló. A pesar del tobillo roto, resultado del empujón de Scarlett por las escaleras y su posterior risa, Máximo me obligó a bailar descalza sobre piedras. Solo la sangre entre mis piernas me salvó de la humillación, y aun así, él me dejó tirada para consolar a Scarlett. Después, me inyectó un sedante, permitiendo que Scarlett vertiera aceite hirviendo sobre mi pierna, dejándome una horrible quemadura. Mi existencia se había vuelto una farsa dolorosa, cada acto de sumisión, una moneda para pagar la deuda de mi tablao. Pensaban que era débil, sumisa, quebrada. Pero mientras ellos se regodeaban en mi dolor, yo estaba planeando mi escape. Mi verdadero dolor era mi disfraz más potente. Y cuando la última deuda se saldó, finalmente, volví a ser Lina.
