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Yellow Rose

6 Libros Publicados

Libros y Cuentos de Yellow Rose

Amor y Sangre: Venganza Inevitable

Amor y Sangre: Venganza Inevitable

5.0

El aroma a tamales y canela lo era todo para Sofía, un cálido abrazo de hogar en medio del bullicio del mercado, mientras su hermanita Isabella reía como campanitas. Era el cumpleaños de Isabella, un día para celebrar, un día que se convirtió en una pesadilla congelada. Un chillido desgarrador de llantas, un sonido sordo y brutal, y el mundo de Sofía se hizo añicos. El culpable, Ricardo Morales, hijo del cacique intocable del pueblo, olía a alcohol y desprecio, mientras Isabella yacía inmóvil en el asfalto. La policía local, cómplice, ignoró su ebriedad; la justicia era una burla y la impotencia un sabor amargo en su boca. Como si el dolor no fuera suficiente, los Morales intentaron comprar su silencio con fajos de billetes y, al negarse, le arrebataron la beca universitaria que representaba su futuro. "¡Ustedes no están en posición de exigir nada. Son unas pobres diablas" , rugió el cacique, mientras las amenazas se cernían sobre ellas. La esperanza se desvanecía, siendo silenciada y difamada en redes sociales, su hogar destruido y su perrito herido, el sistema las aplastaba sin piedad. La voz de su padre resonó en su mente: "el último recurso" . Con la medalla al valor de su padre en la mano, Sofía tomó una decisión desesperada: si la justicia no venía a su pueblo, ella la llevaría hasta la capital. Y así fue, una joven desesperada, arrodillada ante la imponente sede de la Policía Federal, suplicando por el honor de su padre y la vida de su hermana. "Comandante, le ruego, por la memoria de mi padre, que me ayude" , susurró Sofía. En ese instante, la hija de un héroe se negó a ser silenciada, encendiendo una chispa que desataría una tormenta.

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El Autor de La Muerte De Mi Hijo

El Autor de La Muerte De Mi Hijo

5.0

El teléfono sonó, rompiendo el silencio ensordecedor de la sala de espera del hospital, trayendo la noticia más desgarradora: mi pequeño Juanito estaba en el quirófano, luchando por su vida. Mi esposa, Sofía, la madre de nuestro hijo, no estaba a mi lado; en cambio, su voz helada y acusadora me golpeó con una crueldad inimaginable por teléfono, culpándome del accidente. Luego, la vi llegar al hospital con su antiguo amor, Ricardo, y susurró una acusación escalofriante a la policía: que yo había golpeado a nuestro hijo hasta casi matarlo, despojándome de todo y dejándome solo ante el abismo. La incredulidad me ahogaba, ¿cómo podía la madre de mi hijo urdir una mentira tan monstruosa, viéndolo como un "obstáculo" en sus ambiciones? Pero en la oscuridad de esa noche, una grabación de seguridad me reveló la verdad: sus voces, frías y calculadoras, planeando mi destrucción y, peor aún, viendo a Juanito como un mero inconveniente en su retorcido juego.

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Me regala Un bebé ilegítimo

Me regala Un bebé ilegítimo

5.0

Hoy celebramos nuestro primer aniversario de bodas, o al menos, así debería ser. Preparé su cena favorita, encendí las velas, pero solo encontré el eco de mi propia soledad en esta inmensa casa. La paciencia se me agotaba con cada tic-tac del reloj, hasta que un mensaje inesperado, de un número desconocido, hizo trizas cualquier esperanza. En la pantalla, Ricardo, mi Ricardo, estaba en un bar ruidoso, acunando a Camila, su ex amor universitario, que sonreía con una mueca triunfal. Y debajo, un texto que me heló la sangre: "Elena, Ricardo está conmigo. Dice que estar contigo es sofocante". El dolor me desgarró el pecho, pero la conmoción me endureció: ¡Divorcio! Esta farsa tenía que terminar. Intenté confrontarlo, su voz fría me dijo: "¿Qué quieres, Elena? Estoy ocupado", y luego escuché su cruel indicación: "Camila no se siente bien. La estoy cuidando. No me esperes despierta." Colgó, dejándome varada. Apenas unas horas después, en nuestra propia casa, lo vi llevarla en brazos escalera arriba, como si yo fuera invisible. "¿No se siente bien? ¿O bebió demasiado celebrando nuestro aniversario?" , le espeté. "Estás cansado de mí, ¿verdad?" , le susurré, sintiendo cómo mi corazón se rompía en mil pedazos. "Yo también. Estoy cansada de esperar, de tener esperanzas, de ser la segunda opción". "¿Qué esperabas, Elena?", dijo, clavándome en el corazón mi propia ingenuidad: "Ambos sabíamos lo que era este matrimonio. Teníamos un acuerdo." Saqué el sobre, ya tenía mi firma. "Aquí está el acuerdo de divorcio. Solo falta la tuya." Su burla resonó: "¿Divorcio? ¿Por esto? ¿Por una noche?". "No, Ricardo, es por cada noche que he pasado sola. Es por la humillación de traerla a nuestra casa en nuestro aniversario." Mientras empacaba, mi mano tocó mi vientre, forjando una nueva determinación. "Me voy", le dije. "Y tú te equivocas. No estoy sola. Tengo a mi hijo, y me tengo a mí." No volví la vista atrás, aunque escuché sus gritos. Mi camino se alejaba de él y del amor no correspondido, abriendo una puerta a la libertad. Pero la vida me tenía preparada una última y cruel trampa. Cuando regresé por mis cosas, Camila estaba allí. Me mostró un video de ella y Ricardo en nuestro sofá, íntimos. Luego, con una sonrisa maliciosa, me clavó la daga final: "Ricardo canceló tu tarjeta de crédito. Dice que, como ya no eres su responsabilidad, no ve por qué debería seguir pagando tus gastos." Me sentí como una idiota, pero una ira fría se apoderó de mí. No derramé una lágrima, solo un vacío punzante y una terrible rabia. Y una revelación: la presencia cálida en mi vientre era mi única esperanza. "Somos tú y yo, pequeño. No necesitamos a nadie más" , susurré. Fingiendo mi firma en el acuerdo de divorcio, le dejé una nota: "No me busques más". Estaba a punto de cerrar la puerta del departamento de Lupe, mi única aliada, cuando Ricardo irrumpió, furioso, agitando los papeles del divorcio. "¿Se puede saber qué significa esto?" , espetó. "Significa exactamente lo que lees", respondí con la voz más gélida que pude lograr. "Quiero el divorcio." "Sabía que estaba enojado, Ricardo, pero no tan ciego. ¡No puedes irte a la cama con ella y luego venir a verme!" Lo dejé atónito, pero la llamada de "Mi Cami" lo hizo correr de nuevo hacia ella. "Ella me necesita" , gruñó. "Ella siempre te necesitará, Ricardo. Y tú siempre la elegirás a ella. Gracias por dejarlo tan claro, una vez más." Cuando intentamos firmar los papeles, el teléfono de Ricardo volvió a sonar. Camila afirmó haber sido atacada por alguien en el centro comercial. "¡No tienes corazón, Elena!" , me acusó, y se fue corriendo, una vez más, para salvar a Camila. En ese momento, sentí que algo andaba mal, una horrible premonición me invadió. En cuestión de minutos, dos hombres vestidos de traje me llevaron a la fuerza a la casa segura de Ricardo. Allí, Camila yacía teatralmente en un sofá con un supuesto vendaje en la frente, mientras Ricardo la alimentaba como a una niña. Sofía, una conocida, estaba a su lado, la miré a los ojos, y supe que había sido sobornada para mentir. "¿Qué está pasando aquí?" , pregunté, pero Ricardo ya había dictado sentencia: "Vi a la señora Elena discutir con la señora Camila. Y luego... la empujó." "¡Mentira! ¡Esto es absurdo!, grité, pero nadie me escuchó. "¡Usted, Don Emilio!, ¿por qué hace esto?" , pregunté, mis ojos fijos en el padre de Sofía. "Siempre menospreciando a los demás, ¿verdad, Elena?", aseveró Ricardo con frialdad. "No puedes aceptar que alguien más sea la víctima. Tienes que ser siempre tú." Me sentí atrapada. Ricardo me encerró en una habitación. Mi única opción era jugar su juego. Toqué mi vientre: "Tranquilo, mi amor… mami nos va a sacar de aquí." Grité el nombre de Camila hasta que vino a la puerta. "¿Qué quieres, Elena?" , preguntó con voz aburrida. "Estoy embarazada, Camila. Estoy esperando un hijo de Ricardo."

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La Décima Vez Separación

La Décima Vez Separación

5.0

Era la décima vez que Máximo y yo rompíamos. Estaba comprando un cochecito de bebé carísimo para su amante en una tienda de lujo. Él me llamó para ordenarme que me mudara a un apartamento de servicio y me preparara para cuidar a su futuro hijo con ella. Escuché su desprecio, su risa, su afirmación de que yo era tan patética que aceptaría cualquier cosa. Luego, Sabrina, su amante, exigió la pulsera de mi abuela. Máximo me la arrancó de la muñeca, hiriéndome, y se la dio como un trofeo. Ella la tiró al suelo, llamándome "niñera" antes de atropellarme con su coche. Desperté en un hospital, la enfermera me dijo que había perdido a mi bebé. Máximo entró, sin preguntar por mí, solo por Sabrina. ¡Me obligó, aún convaleciente y habiendo perdido a mi hijo, a donarle sangre a la mujer que me había arrollado! ¿Cómo podía alguien ser tan cruel, tan vacío de alma, tan cegado por el egoísmo? Mientras mi sangre fluía, el hombre destinado a cambiar mi vida apareció, y con él, un plan para mi venganza.

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La Venganza de Una Idiota

La Venganza de Una Idiota

5.0

En medio de la alegría forzada, mi padre anunció mi compromiso con Santiago. El salón resonaba con aplausos forzados, y yo, Isabela, la ingenua heredera, debía sonreír dulcemente. Pero la Isabela que murió no era la que había despertado. Un trago de aguardiente barato, la risa cruel de los sirvientes y el frío del suelo de piedra fueron el preludio de mi "muerte". Morí sola, abandonada, mientras Santiago bailaba y reía en la feria con Camila. La imagen de su traición, su indiferencia en mis últimos momentos, se grabó a fuego. Desde mi asiento, vi el desdén apenas oculto en los ojos de Santiago, la sonrisa victoriosa de Camila. Lo que antes fue un misterio, ahora era una verdad brutal. La inocente que fui no lo habría entendido, pero la mujer que soy ahora siente la profunda injusticia de cada mirada. Diez años de confusión se disolvieron. Esta vez, con la mente clara y el espíritu de revancha, no sería la marioneta. Cuando anunciaron el compromiso, no acepté mi destino: me puse de pie.

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La Farsa de un Amor Perfecto

La Farsa de un Amor Perfecto

5.0

Isabella "Isa" Montes, una talentosa cocinera de origen humilde en Medellín, creyó haber encontrado el amor perfecto junto a Mateo Velarde, el apuesto heredero de una de las familias más influyentes de Bogotá. Tras un noviazgo intenso que superó barreras sociales, se casaron y se sumergieron en una vida de ensueño y comodidades, donde cada detalle parecía confirmar un amor idílico. Pero la burbuja se reventó brutalmente: Isa descubrió que Mateo mantenía una doble vida con su exnovia, Carolina Sáenz, con quien tenía dos hijos gemelos. Peor aún, él financiaba secretamente a esta otra familia, transformando su supuesta historia de amor en una farsa calculada. La devastadora revelación no solo le causó un aborto espontáneo sino que desató una campaña de humillación sin fin por parte de Carolina, quien la acosaba con videos íntimos de Mateo, mostrando impúdicamente su doblez. Cada regalo, cada promesa de amor, cada lugar especial compartido con Mateo, era profanado, replicado cínicamente con su "otra" familia. Las frías miradas de la alta sociedad y el silencio cómplice de la familia Velarde solo acrecentaban el tormento, mientras Mateo seguía actuando como si nada ocurriera. ¿Cómo podía alguien, a quien amó tan profundamente, ser capaz de una traición tan vil y sistemática? La mezcla de dolor, asco y una desesperación helada se instaló en su pecho, ahogando su respiración. Un vacío insuperable la consumía, dejando solo la cruda certeza de una mentira insostenible. En el abismo de esta traición, y con la inminente llegada de un hijo que la ataría aún más a la mentira, Isa vislumbró su única salida: fingir su muerte. Un trágico accidente aéreo en el Caribe sería su billete de escape, la única forma de recuperar su vida y romper para siempre con la asfixiante obsesión de Mateo. "El plan sigue en pie, necesito salir de aquí", sentenció con voz firme.

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Rechazada por mi ex, deseada por su padre

Rechazada por mi ex, deseada por su padre

5.0

Tras seis años de relación, Joslyn fue abandonada justo antes de su boda, cuando su novio prefirió a su primer amor antes que a ella. Entonces llegó una propuesta inesperada, de Connor, el padre adoptivo de su exnovio. "Cásate conmigo. Tendrás todo lo que quieras y podrás vengarte de él". El acuerdo tenía sus ventajas: una generosa asignación mensual, abundantes recursos a su alcance, un marido que prácticamente nunca estaba en casa y el puro placer de restregarle a su exnovio su nueva posición social. Pero el esposo distante que esperaba se volvió posesivo. Mientras su ex le suplicaba públicamente que le diera otra oportunidad, Connor la atrajo hacia sus brazos. "Si vuelves a decir eso, te expulsaré de la familia para siempre". Solo más tarde Joslyn descubrió la verdad: Connor había pasado seis años planeando hacerla suya. Creyendo que solo era un trato beneficioso, ella aceptó. ¿Viajes constantes? Una completa mentira. ¿Y la promesa de que cada uno viviría su propia vida? Otro engaño cuidadosamente urdido. En su noche de bodas, él la tenía inmovilizada bajo su cuerpo, y sus besos le robaban el aliento. Y noche tras noche, seguía volviendo a casa, completamente obsesionado con ella.

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Venganza de la heredera en su boda humillante

Venganza de la heredera en su boda humillante

5.0

El día de su boda, el prometido de Alina decidió celebrar la ceremonia junto a un funeral solo para humillarla. Pero ella no se dejó pisotear: cambió de novio en el acto y se casó con un hombre al borde de la muerte. Ella era la hija de una sirvienta que había luchado toda su vida por sobrevivir. Él, el hombre más rico de la ciudad, estaba desfigurado y postrado en cama. Todos se burlaron de este matrimonio condenado al fracaso y esperaron verlos caer en la miseria. Pero Alina pronto reveló un brillo que nadie había imaginado. Era una reconocida maestra joyera, genio de las finanzas y prodigio de la medicina. Y lo más importante: ella era la verdadera heredera. La alta sociedad quedó conmocionada. Mientras su familia se hundía en el arrepentimiento y su ex suplicaba otra oportunidad, Kellan se mantuvo a su lado, ya recuperado y más atractivo que nunca. "Somos perfectos el uno para el otro. Aléjate de mi esposa".

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Mientras yo me desangraba, él encendía farolillos para ella

Mientras yo me desangraba, él encendía farolillos para ella

5.0

Oculté mi identidad como una genio de la medicina para ser la esposa perfecta y sumisa de Cole Compton durante cuatro años. Pero cuando mi embarazo ectópico se rompió y me desangraba en el suelo de nuestra mansión, lo llamé suplicando ayuda. "Deja de actuar, estás perfectamente bien. No vuelvas a llamar esta noche". Él me colgó fríamente para caminar por la alfombra roja del brazo de su amante, Alycia. Mientras yo casi moría en el quirófano perdiendo a nuestro bebé, lo vi por televisión anunciando una donación de diez millones de dólares para la "brillante" investigación médica de Alycia. Una patente que ella me había robado. Cuando por fin apareció en mi habitación del hospital, me empujó con tanto desprecio que desgarró mis puntos quirúrgicos. Me dejó sangrando de nuevo sobre las sábanas blancas solo para ir a consolar a su amante por teléfono. Todo el amor que sentía por él murió en esa mesa de operaciones. Pero el verdadero golpe llegó cuando descubrí que el trágico accidente que mató a mis padres hace diez años no fue una casualidad. Fue un asesinato orquestado por mi propio tío y la intocable familia Compton. Firmé los papeles del divorcio con mi propia sangre y abandoné el hospital. Descongelé mi cuenta bancaria secreta con 128 millones de dólares y retomé mi lugar como la científica en jefe de la industria. Esto ya no es solo un divorcio. Es una guerra, y voy a hacerlos sangrar a todos.

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Se retira la Primera Dama, y entra Su Majestad

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5.0

Durante tres años, Allison interpretó el papel de la perfecta Primera Dama en un matrimonio que nunca le devolvió el amor. Nolan le entregó los papeles del divorcio, burlándose de sus orígenes mientras su madre la menospreciaba por no poder tener hijos y su amante embarazada reclamaba su lugar. Así que Allison se fue. El mismo día que dejó a su esposo, su familia la reclamó como una princesa perdida. Corona, fortuna, poder, tres hermanos imponentes y un consorte real elegido a dedo ahora estaban a su lado. Su hermano mayor, el traficante de armas más temido del mundo, deslizó una tarjeta negra sobre la mesa y le dijo: "Adelante. Gasta a tu antojo". Su segundo hermano, el médico genio, giraba un bisturí entre sus dedos, mientras decía: "Dime, hermanita. ¿Cuántos cortes merecen los que te hicieron daño?". Su tercer hermano, una superestrella mundial de las artes marciales, irrumpió en el refugio de su exmarido. "¿Quién hizo llorar a mi hermana? Es hora de pagar las consecuencias". Cuando su arrepentido ex suplicó por otra oportunidad, Allison solo sonrió. Era demasiado tarde. Ya no era su esposa. Era su peor error.

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Nunca más seré tuya

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Desde que Ryan la acogió, Camila había intentado ser razonable y agradable, adaptándose a sus cambios de humor. Él la había criado, pero ella nunca lo vio como pariente; estaba segura de que terminarían juntos. El día que cumplió veinte años, lista para confesar sus sentimientos de nuevo, la mujer que él amaba regresó al país. La joven escuchó a su tío hablando con sus amigos sobre ella: "Camila es solo una niña para mí; nunca podría verla de esa manera. La única persona a la que amo es Olivia". Ella se alejó, y Ryan se derrumbó. Más tarde, en su boda, Camila sonrió radiante en su vestido blanco de novia. Ryan suplicó: "Me arrepiento, Camila. Por favor, no te cases con él". Con calma, ella dijo: "¿Puedes dejarme ir? Mi esposo me está esperando".

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Exesposa del Presidente, Princesa de la Mafia

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Durante tres años, Melanie soportó en silencio un matrimonio secreto con el presidente. Pero en el funeral de su madre, él apareció con la mujer que realmente amaba. La última humillación llegó cuando Melanie descubrió que él le había dado a esa mujer el corazón donado que su madre necesitaba para sobrevivir. Destrozada, firmó el divorcio y se marchó sin mirar atrás. Sin embargo, al salir de la residencia presidencial, una fila de autos de lujo la estaba esperando. El temido jefe de la mafia la tomó entre sus brazos y le dijo: "Cariño, llevamos veinte años buscándote". Entonces Melanie descubrió la verdad: era la hija perdida de una poderosa familia mafiosa. Y desde ese día, nadie volvería a pisotearla. ¿Y su exmarido? Pasó días arrodillado frente a su puerta, suplicando su perdón.

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Un multimillonario desalmado: nunca debió haberla dejado ir

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4.8

Las horas bañadas por el sol reflejaban su amor brillante, mientras que las noches iluminadas por la luna encendían un deseo ardiente. Pero cuando Brandon se enteró de que su amada solo viviría medio año, le entregó a Millie los papeles del divorcio y le dijo con frialdad: "Esto es solo para guardar las apariencias. Nos casaremos de nuevo una vez que ella se calme". Millie, con la espalda recta y las mejillas secas, sintió que su pulso se desvanecía. La separación fingida se volvió permanente; silenciosamente terminó con su hijo no nacido y dio paso a un nuevo comienzo. Brandon se derrumbó, y condujo a máxima velocidad, incapaz de dejar ir a la mujer que había descartado, suplicando que ella lo volviera a mirar una vez más.

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De exesposa humilde a magnate brillante

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5.0

Durante tres años, Christina se dedicó totalmente a cuidar su amado, solo para que el hombre en quien confiaba la desechara sin piedad. Para colmo, él trajo a su nueva amante, convirtiéndola en el hazmerreír de la ciudad. Liberada, perfeccionó sus talentos olvidados y dejó a todos boquiabiertos con un éxito tras otro. Cuando su exmarido descubrió que en realidad ella siempre era un tesoro, el remordimiento lo llevó a buscarla de nuevo. "Cariño, volvamos". Con una sonrisa fría, Christina le escupió: "Déjame en paz". En ese momento, un magnate impecablemente vestido la rodeó con su brazo: "Ahora está casada conmigo. ¡Guardias, sáquenlo ahora!".

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Las cicatrices que ocultó al mundo

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5.0

Tres años después, mi familia por fin me permitió volver a casa. Todos creían que regresaba de un lujoso "retiro de bienestar" para curar una adicción a las drogas que nunca tuve. La realidad era muy distinta. Mi hermana perfecta, Brisa, me había incriminado con sus propias drogas, y mis padres me enviaron al Campo de Corrección Wilderness, un infierno de tortura física y psicológica. El día de mi regreso, mi hermano Risco me obligó a bajar de su limusina en medio de una tormenta eléctrica porque mi "olor a encierro" le molestaba. Tuve que caminar bajo la lluvia hasta la mansión, cojeando por un tobillo roto que nunca sanó bien. Durante la cena de bienvenida, se burlaron de mí. "¿Aprendiste a tejer cestas en el spa?", preguntó Brisa con malicia. En respuesta, me subí la manga del suéter. No había piel suave. Mi brazo era un mapa de cicatrices queloides, quemaduras de cigarrillos y marcas de inyecciones forzadas. Mi madre gritó de horror. Risco, desesperado por proteger la mentira, me acusó a gritos de autolesionarme para manipularlos. Solo Cenit, mi ex prometido y ahora pareja de mi hermana, rompió el silencio con frialdad militar: "El ángulo de esas quemaduras es imposible de autoinfligir. Alguien más le hizo eso". Aun así, me desterraron a la vieja cabaña del jardín, pensando que soy una vagabunda rota y avergonzada. Creen que soy una víctima. Lo que no saben es que no volví para pedir perdón. En la oscuridad de la cabaña, saqué un teléfono satelital oculto en el forro de mi único cuaderno y envié un mensaje a mi contacto hacker: "Estoy dentro. Fase uno completa. Déjalos cocinarse".

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¿Cómo domar a un boxer salvaje?

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5.0

Al regresar a su ciudad natal para una cita a ciegas, Verena esperaba encontrar estabilidad, pero no a Asher, un rudo entrenador de boxeo que parecía tener demasiada confianza en sí mismo. Cuando le preguntó por qué alguien como él había optado por una cita a ciegas, respondió que simplemente era exigente con las mujeres. ¿Su opinión? Demasiado superficial. Desde luego, no era alguien en quien pudiera confiar. Convencida de que no era de fiar, ella mantuvo las distancias. Sin embargo, el hombre aparecía por todas partes, llenando sus días de comentarios burlones y encuentros sospechosamente oportunos. Verena supuso que se trataba de un simple coqueteo, sin darse cuenta de que él llevaba años esperándola en silencio. Hasta que un día, las cosas dieron un giro. Cuando ella lo acorraló y lo desafió, el hombre, por lo general descarado, se puso rojo. "Soy un tipo decente", insistió, mientras ella luchaba por no reírse de su inesperada inocencia.

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