Instalar APP HOT

Yi Shi

4 Libros Publicados

Libros y Cuentos de Yi Shi

Esposa Olvidada, Reina Temida

Esposa Olvidada, Reina Temida

5.0

La noticia del accidente de Alejandro llegó en el peor momento, justo al cerrar el trato más importante para mi nueva colección. Mi asistente se acercó, pálida, temblándole la mano. "Señora Rojas, es el señor Durán." Tomé el teléfono con una calma que helaba la sangre, escuchando los detalles. No sentí angustia, nuestro matrimonio era una alianza estratégica; Alejandro no era un esposo amado, sino un socio, y su accidente, solo una crisis de negocios. "El amor es un lujo, el poder una necesidad", recordaba las palabras de mi padre. Esta filosofía se había arraigado en mí, convirtiéndome en una fortaleza en el despiadado mundo de la moda. Pero al llegar al hospital, no fue Alejandro quien capturó mi atención, sino la mujer a su lado: Xochitl, con su mirada salvaje y una intimidad inapropiada. "Somos almas gemelas", siseó, "el destino nos ha unido, y tú, debes ceder tu lugar". Sentí un escalofrío: no eran celos, sino el instinto de una depredadora ante otra en su territorio. Alejandro, aturdido, la miraba con adoración hipnótica. La verdadera crisis no era el accidente, sino esta mujer, esta "curandera" que buscaba mi estatus. La guerra estaba declarada, y yo no pensaba perderla. Xochitl se mudó a mi mansión, descalza y con su caos. Arrojaba comida "muerta", cocinaba hierbas pestilentes, arruinaba alfombras persas en sus "rituales de purificación". Alejandro, bajo su hechizo, aplaudía cada excentricidad, convencido de que ella "estaba conectada con algo profundo". Mis suegros, guardianes de la reputación Durán, estaban furiosos, amenazando el futuro de nuestro imperio. Esta mujer estaba destruyendo todo lo que había construido. En secreto, mi equipo de seguridad documentaba cada uno de sus movimientos. Xochitl, ajena a la gravedad, comenzó a vender tónicos de fertilidad, pócimas de hierbas que podían provocar abortos. Era el momento de actuar, la cena familiar era el escenario perfecto. "Estás vendiendo una sustancia peligrosa, lo que es un delito federal", revelé, mostrando las pruebas. Xochitl se derrumbó, gritando, con su fachada de "guía espiritual" desvaneciéndose. La policía llegó, la humillación fue pública. Miré a Xochitl, y algo me inquietó: una oscuridad antigua, retorcida, no solo ambición. Había algo más en juego, algo que aún no entendía. El escándalo fue contenido, Xochitl se convirtió en un fantasma, ignorada por todos. Pero sus palabras resonaban: "¡No entiendes las fuerzas con las que estás jugando!". Entonces, la bomba: Xochitl estaba embarazada. Alejandro, obsesionado con la idea del heredero, volvió a caer bajo su influjo. "Un hijo es el arma definitiva en esta guerra", exclamó mi amiga Renata. Pero para mí, era solo una nueva variable en el tablero. Si un hijo era el precio del poder, yo también entraría en la puja. Xochitl recuperó su arrogancia, pavoneándose con su vientre, provocándome en el desayuno: "Un hijo nacido del amor, es algo que el dinero no puede comprar, ¿verdad?". "La biología es más simple que tus fantasías, Xochitl, y aquí hay reglas", respondí con frialdad. Alejandro, débil, cedía a todos sus caprichos. Vi mi oportunidad. Esa noche, en un vestido de noche que realzaba mi figura, lo esperé. "No olvdes por qué estamos casados. La familia Durán necesita un heredero legítimo, un heredero que una a nuestras familias". Mis palabras fueron una propuesta de negocios que él, pragmático, no pudo rechazar. Fue un acto frío, mecánico, un movimiento perfecto en mi tablero. Un mes después, el resultado llegó: estaba embarazada. Sentí una profunda satisfacción, no alegría, sino la de un trato exitoso. Mi hijo, mi proyecto más importante, un futuro que me pertenecería solo a mí. Una pequeña sonrisa se dibujó en mis labios. El juego se había vuelto mucho más interesante. La noticia de mi embarazo aún no era pública, pero Alejandro lo sabía. "Xochitl está muy sensible, creo que sería mejor si mantenemos distancia", me pidió, sin atreverse a mirarme. Sentí ira, pero la convertí en oportunidad. "Por supuesto, la salud de los bebés es lo primero", respondí con falsa comprensión. Al día siguiente, durante el almuerzo con mi suegra, "confesé" la petición de Alejandro con una tristeza perfectamente actuada. "Alejandro me pidió que me mantuviera alejada", dije, "lo entiendo, aunque sea difícil para mí, estando también embarazada". El efecto fue devastador: yo era la víctima, la esposa legítima y embarazada, relegada por una advenediza. Las matriarcas de la alta sociedad le declararon una guerra silenciosa a Xochitl. Mientras, yo disfrutaba de una paz inesperada, trabajando en mi imperio. El amor era una debilidad, una distracción. Yo, Sofía Rojas, estaba a punto de tenerlo todo. Mi embarazo era oficial, pero lo mantuve en secreto, dejando que Xochitl se consumiera. Pero Xochitl, sintiendo el control desvanecerse, me confrontó en mi estudio. "Así que es verdad, tú también estás esperando un hijo", me siseó. "No te hagas la inocente, sé lo que haces, pero te equivocas, mi hijo es del amor, el tuyo es un contrato", me atacó. "Te sobreestimas, Xochitl, eres una molestia temporal. No te acerques a mí ni a mi hijo", respondí con frialdad. Ella intentó simular un desmayo. "Marta, llama una ambulancia, y un chequeo completo, toxicología, todo", ordené. Al oír "toxicología", se enderezó, pálida. "No, no es necesario, ya me siento mejor". Salió corriendo, humillada, pero dejó una última pulla: "Nunca serás libre, siempre serás prisionera en tu jaula de oro". ¿Prisionera? No, yo era la arquitecta de mi propia jaula, una que me protegía del caos. La verdadera libertad era elegir tus propias cadenas, y yo las había elegido con precisión. La crisis estalló una noche: gritos, cosas rompiéndose. Encontré a Xochitl retorciéndose, sangrando. El médico confirmó: había perdido al bebé, por el consumo de una hierba abortiva. Alejandro, fuera de sí, me gritó: "¡Tú! ¡Esto es tu culpa! ¡Te deshiciste de mi hijo!". "No seas ridículo, yo no tuve nada que ver con esto", respondí con frialdad. Alejandro huyó, incapaz de asumir su responsabilidad. Entré en la habitación de Xochitl, que me miraba con odio. "No te confundas, Xochitl, tú misma te destruiste, tu ignorancia y tu arrogancia te costaron lo único que te daba valor. Ahora no eres nada". "Quiero una investigación completa, no volverás a ser un problema para nadie", le advertí. Ordené a mi jefe de seguridad interrogar a todo el personal. Mi hijo, mi verdadero heredero, estaba a salvo. La tormenta había pasado, y yo seguía en pie. La pérdida del bebé dejó a Xochitl sola; Alejandro, avergonzado, la evitaba. Fue entonces cuando mi embarazo se hizo oficial, y Alejandro volcó toda su atención en mí. Mi suegra, antes recelosa, me colmaba de atenciones. Delegué responsabilidades, creando una red de aliadas leales a mí. Dos de mis aliadas también anunciaron sus embarazos, llenando la casa de conversaciones de bebés, excluyendo a Xochitl. Desesperada, Xochitl recurrió a sus "artes": danzas "sensuales", pociones de amor, lecturas de tarot. Pero Alejandro la veía como lo que era: un error de juicio. Observaba sus patéticos intentos desde la distancia. "Se está ahogando, y busca a quién culpar, sin darse cuenta que la única responsable es ella misma", le dije a Renata. Sabía cómo terminaría: Xochitl cometería un último y fatal error, y yo estaría allí, esperando. La desesperación de Xochitl la llevó a su último intento: la manipulación. Interrumpió a Alejandro, derramando lágrimas, recordándole "su amor verdadero". Él, en un momento de debilidad, la abrazó. Xochitl recuperó su arrogancia y se aferró a él. En una cena de negocios crucial, Alejandro la atendió, ignorando a todos. La incomodidad era palpable, la alarma sonó para mí: Alejandro era un riesgo incontrolable. Esa noche, examiné un costoso brazalete que él me había regalado. Dentro del broche, encontré un polvo blanquecino: veneno. Alejandro, influenciado por Xochitl o su propia paranoia, había intentado envenenarme. Quería deshacerse de mí y del heredero legítimo. Guardé el polvo en mi caja fuerte: era mi prueba, mi arma para la batalla final. Alejandro había cruzado la línea. No esperaría el ataque, lo provocaría, en mis propios términos. El ataque llegó, un incendio en mi dormitorio. Pero yo no estaba, había tomado precauciones, mis cosas valiosas estaban a salvo. Al ver las llamas devorar mi hogar, sentí desapego: era solo un edificio, lo importante éramos mi hijo y yo. Alejandro corrió hacia mí, con una máscara de falso alivio. "¡Tú!", me dijo Xochitl, con triunfo en los ojos. "Lástima que tu plan no funcionara, deberías haberte asegurado de que estuviera dentro", le susurré. "Esto fue provocado, quiero una investigación exhaustiva", declaré a los bomberos. "Prepara mis cosas, nos vamos", ordené a mi jefe de seguridad. "¿A dónde irás?", preguntó Alejandro desesperado. "A un lugar seguro", respondí. Me mudé a mi penthouse en Polanco, una fortaleza inexpugnable. Corté toda comunicación con Alejandro, excepto a través de mis abogados. El incendio, en vez de tragedia, fue mi liberación. Me concentré en mi embarazo, rodeada de mi personal, Renata y mi padre. Sabía que Alejandro se destruiría a sí mismo; era cuestión de tiempo. Mientras tanto, cuidaba a mi futuro rey, la razón de la guerra que estaba a punto de ganar. Semanas después, Alejandro me pidió verme. Su desesperación era palpable. "Tenemos que arreglar esto, por el bebé", dijo, sorprendido al verme tan embarazada. "No hay nada que arreglar, Alejandro, tú tomaste tus decisiones", respondí. "¡Fue Xochitl!", exclamó él. "¿Y tú eres un niño al que se puede convencer de asesinar a su esposa y a su hijo?", repliqué. Xochitl irrumpió, revelando la verdad: el incendio, el plan para tomar el control de las empresas Durán. "¡Le conté todo a tu padre, Alejandro! ¡Si me hundes, te hundiré contigo!", amenazó en su rabia. Pero Sofía ya no la escuchaba, había puesto en marcha su propio plan final en el momento en que Xochitl entró por la puerta, con un simple mensaje de texto, había alertado a su suegro, no sobre la traición de Alejandro, sino sobre la amenaza inminente de Xochitl. "Es demasiado tarde para amenazas, Xochitl", dije con calma. Mientras tanto, la vida de Alejandro se desmoronaba; sin mí, sus socios perdían la confianza. Xochitl, al ver a Alejandro hundirse, perdió el control. Sus gritos se volvieron la banda sonora de la mansión. El juego había terminado. Yo había retirado mi pieza del tablero, y ahora solo tenía que esperar a que los demás se destruyeran. El declive de Alejandro fue brutal: un derrame cerebral lo dejó en estado vegetativo. Su padre se recluyó, su madre estaba destrozada. Xochitl se quedó con él, no por lealtad, sino porque no tenía a dónde ir. Fue entonces cuando hice mi última jugada. "Es hora de que cumplas tu destino, alma gemela", le envié a Xochitl, "ve y cuida de tu hombre". Despedí a todo el personal, dejándola sola con Alejandro. Sabía lo que pasaría. Dos días después, Xochitl llamó a la policía confesando haberlo asfixiado. "Lo liberé, y me liberé a mí misma", dijo con calma. Fue declarada demente y encerrada. Esa misma noche, mientras las noticias llenaban los titulares, entré en labor de parto. Fue un parto difícil, un eco de la batalla. Al amanecer, con los primeros rayos de sol, di a luz a un niño sano. Al verlo, sentí una emoción abrumadora: no poder, no victoria, sino un amor protector y feroz. "Mateo", susurré, "Mateo Rojas". Su hijo llevaría mi nombre, el nombre de la sobreviviente, de la reina. Había nacido una nueva dinastía. El funeral de Alejandro fue sombrío y tenso, la muerte del heredero desató una tormenta. Asistí con elegancia, Mateo, mi bebé, seguro en casa. Me mantuve como una viuda digna, pero en privado, cada momento era para mi hijo. Sentía una paz que nunca antes había conocido. Una noche, Nicolás de la Vega, un amigo del pasado, un banquero poderoso, se presentó. "Lamento la razón de mi visita", dijo, "has manejado una situación imposible con gracia admirable". No hablamos del escándalo, nuestro mundo entendía sin palabras. "El imperio Durán está a la deriva", me dijo, "necesitan un líder, y ese líder eres tú". "Soy una Rojas, no una Durán", repliqué. "Eres la madre del único heredero, Mateo, el poder es tuyo si lo reclamas." Me ofreció una alianza, su familia me daría el respaldo financiero y político. Una oportunidad para construir un conglomerado invencible. Un recuerdo me asaltó: Nicolás, en París, invitándome a construir algo juntos, pero elegí el deber. Ahora, el destino me ofrecía una segunda oportunidad, no de amor, sino de poder absoluto. "Acepto", dije finalmente, "pero con mis condiciones". La partida de ajedrez más importante de mi vida estaba a punto de comenzar.

Leer ahora
La Guardía de Infierno

La Guardía de Infierno

5.0

El aire del Mictlán era frío, como siempre, pero el calor de la desesperación quemaba más. El portal de regreso, nuestra única esperanza, se encogía a cada segundo. La Catrina, mi novia, se paraba firme, bloqueando el camino. "No. Él vendrá. Le prometí que lo esperaría", dijo, refiriéndose a El Charro. La desesperación se convirtió en furia mientras mi cuerpo empezaba a deshilacharse. La amaba, el recuerdo de ese amor, pero la supervivencia era más fuerte. La golpeé en la nuca, un golpe seco y preciso. La arrastré conmigo a través del portal justo cuando se cerraba. De vuelta en el Mictlán, la observé despertar, furiosa, pero eventualmente pareció aceptar. Años de paz pasaron en mi mansión, nuestras almas fortalecidas. Yo estaba a punto de ascender, de convertirme en Cacique del Inframundo. Pero en medio de la ceremonia, el ataque de las Almas en Pena llegó. Y dirigiendo a la turba, estaba ella, La Catrina. Su rostro, cubierto de odio puro, me gritó: "¡Si no hubieras sido tan egoísta, El Charro no se habría desvanecido! ¡Tú lo mataste!". "¡Ahora ve y acompáñalo en su perdición!". Mi alma fue desgarrada, el dolor y la traición absolutos. Mi último pensamiento fue una furia que quemaba más que el fuego del infierno. Y entonces, desperté. Con el mismo olor a cempasúchil y tierra mojada. El mismo portal tembloroso y las mismas Almas en Pena. Y frente a mí, La Catrina, bloqueando el paso, con la misma expresión terca. "No. Él vendrá. Le prometí que lo esperaría". Había vuelto. Al día en que todo se fue al demonio. Pero esta vez, no habría golpe rápido ni escape. Esta vez, los iba a destruir. A los dos.

Leer ahora
El Chat Encriptado y Secreto

El Chat Encriptado y Secreto

5.0

Mi amigo me metió en un chat encriptado, "Pasión Brava". Al principio creí que era de toros, de los de verdad, pero lo que vi me revolvió el estómago: peleas clandestinas, sangrientas, por dinero. Mucho dinero. Quise salir de inmediato, pero entonces un anuncio me heló la sangre: "Próximamente, el duelo a muerte definitivo". En el video, una marca de plata en el lomo de un toro me destrozó el alma. Era la P y la L entrelazadas que diseñé para Lina, el regalo de nuestro aniversario. Mi esposa, mi dulce Lina, ¿involucrada en esto? Las sospechas se volvieron una pesadilla. Contraté a un detective y las fotos que recibí me hirieron hasta lo más profundo: Lina riendo con otro hombre, entrando a un hotel boutique. No solo la traición era doble, sino que al intentar confrontarla, un mensaje en el chat confirmaba mis peores miedos: "Nuestra proveedora informa que su marido empieza a sospechar. Si se convierte en un problema, habrá que solucionarlo." Sabía lo que significaba ese "solucionarlo" . El miedo me paralizó, pero no podía permitirlo. Rastree a Lina, la encontré en un matadero abandonado, el mismo donde entregarían al toro. Fui directo a enfrentarla, a pedir explicaciones. Pero justo cuando iba a entrar, un golpe seco y eléctrico me dejó inconsciente. Desperté solo, en medio de la nada, sin nada. Cuando llegué a casa, Lina me recibió con la misma sonrisa de siempre, fingiendo preocupación. ¡Se acabó el teatro! Le grité, saqué las fotos, la confronté con la marca y el matadero. Su rostro palideció, pero entonces, susurró una verdad que me dejó helado: el hombre era su hermano, y el diseño de la marca fue la carnada perfecta en una venganza que llevaban años planeando. ¿Una venganza? ¿Yo solo un peón en su juego? Mi vida se había convertido en un infierno por estos monstruos. Pero al ver el fuego en sus ojos, la determinación en su voz, supe que era hora de que pagaran. "De acuerdo," le dije. "Lo haré."

Leer ahora
El Postre Más Dulce: Vivir Libre

El Postre Más Dulce: Vivir Libre

5.0

Miro el billete de tren en mi mano, Sevilla-Santa Justa. El tren avanzaba, pero sentía un frío gélido que nada tenía que ver con el aire acondicionado. Era el frío de la muerte, ese que ya había conocido. En mi vida anterior, este viaje fue el principio de mi fin. Mi madre, Carmen, me sonreía desde el asiento de enfrente, su sonrisa de mártir era el preludio de que iba a arruinarme la vida, como siempre. Mi padre, Ricardo, se ajustaba la corbata, ajeno a todo, preocupado solo por la imagen. Recuerdo la otra vida, ese mismo viaje. Mi madre, con su devoción retorcida, metió una estatuilla robada en mi bolso. Me acusaron de ladrona, mi carrera como chef pastelera fue destrozada. Luego vino el diagnóstico falso, la enfermedad crónica que no tenía, otra oportunidad perdida. Y finalmente, la Feria de Abril, el callejón oscuro, el olor a vino y a muerte. Morí sola, deprimida, por su "bien". Pero ahora, he vuelto. He renacido en este preciso instante, en este mismo tren. Y esta vez, el infierno no será para mí. Esta vez, el juego es mío y las reglas han cambiado.

Leer ahora

Le puede gustar

La esposa rechazada es multimillonaria

La esposa rechazada es multimillonaria

5.0

Durante siete años fui la esposa perfecta y silenciosa, ocultando mi verdadera identidad mientras trabajaba como enfermera de urgencias. Hasta que mi multimillonario esposo irrumpió en mi sala con una mujer cubierta de sangre en sus brazos. Era Allena, la prometida de su primo. Me empujó con violencia para protegerla. Al examinarla, mis instintos médicos revelaron la repugnante verdad: una hemorragia interna masiva causada por relaciones sexuales salvajes. Él me arrojó un cheque de cien mil dólares para comprar mi silencio. Poco después, cuando sus amigos me acorralaron para humillarme, él volvió a empujarme para salvar a su amante de un simple café derramado. Mi cuerpo salió volando y mi brazo se estrelló contra una mesa de cristal, abriendo una herida profunda que empapó la alfombra de sangre. Él se quedó paralizado, pero ni siquiera intentó ayudarme; seguía abrazándola a ella. Recordé cómo tuve que falsificar un aborto y esconder a nuestra hija durante cinco años porque él amenazó con destruirme si alguna vez quedaba embarazada. Todo mi amor y sumisión se convirtieron en puro asco. Con escalofriante calma, me até un torniquete con los dientes, estampé mi sangre directamente en su impecable traje a medida y lo miré a los ojos. "Terminé contigo." El contrato matrimonial expira en tres días. Es hora de despertar a mi verdadera identidad, vaciar su penthouse y dejarlo rogando entre las ruinas.

Leer ahora
Nunca más seré tuya

Nunca más seré tuya

5.0

Desde que Ryan la acogió, Camila había intentado ser razonable y agradable, adaptándose a sus cambios de humor. Él la había criado, pero ella nunca lo vio como pariente; estaba segura de que terminarían juntos. El día que cumplió veinte años, lista para confesar sus sentimientos de nuevo, la mujer que él amaba regresó al país. La joven escuchó a su tío hablando con sus amigos sobre ella: "Camila es solo una niña para mí; nunca podría verla de esa manera. La única persona a la que amo es Olivia". Ella se alejó, y Ryan se derrumbó. Más tarde, en su boda, Camila sonrió radiante en su vestido blanco de novia. Ryan suplicó: "Me arrepiento, Camila. Por favor, no te cases con él". Con calma, ella dijo: "¿Puedes dejarme ir? Mi esposo me está esperando".

Leer ahora
Su venganza fue su brillantez

Su venganza fue su brillantez

4.9

"Elliana, la ""patita fea"" rechazada por su familia, fue humillada por su hermanastra Paige, la admirada por todos, comprometida con el CEO Cole, era la mujer más arrogante... hasta que él se casó con Elliana el día de la boda. Todos, atónitos, se preguntaron por qué había elegido a la mujer ""fea"". Mientras esperaban que la despreciaran, Elliana dejó a todos boquiabiertos al revelar su verdadera identidad: una sanadora milagrosa, magnate financiera, una experta en valuación y una mente maestra en la IA. Cuando quienes la maltrataron se arrepintieron amargamente y suplicaron perdón, Cole desveló una foto impactante de Elliana sin maquillaje, causando conmoción en los medios: ""Mi esposa no necesita la aprobación de nadie""."

Leer ahora
Tener hijo con mi mejor amigo

Tener hijo con mi mejor amigo

4.8

Casarse con su mejor amigo fue un sueño hecho realidad para Kelly, pero todo tiene realmente una limitación. Pierce es el primer amor de Kelly, pero como su mejor amiga, sabía bien que siempre había otra mujer en lo profundo de su corazón. Lexi Gilbert. La mujer que Pierce nunca podría olvidar incluso si ya hubiera acordado casarse con Kelly. *** Kelly finalmente se dio cuenta de que su feliz matrimonio de los últimos tres años era solo un hermoso sueño cuando Pierce pidió el divorcio solo porque Lexi regresó. Ella sólo podría ser su mejor amiga incluso si estuviera encinta de su bebé. *** Dado que su amistad se había convertido en una jaula, Kelly decidió dejarlo en libertad, así como a la miserable misma. Pero ¿por qué entonces fue Pierce quien se negó a seguir adelante? Para empeorar las cosas, su diabólico hermanastro también intervino de manera dominante al mismo tiempo, pidiéndole que fuera suya. *** ¿Su príncipe azul contra su hermanastro diabólico? ¿Cómo podría Kelly salvar su corazón en esta batalla de amor y odio?

Leer ahora
Dejada en el altar, se convirtió en la novia de su archienemigo

Dejada en el altar, se convirtió en la novia de su archienemigo

5.0

Desde que Evelyn volvió con su familia, sus padres nunca la habían aceptado de verdad ni la habían tratado como a su propia hija. El día de su boda, ellos eligieron a su hermana adoptiva en lugar de a ella; y el hombre con el que debía casarse la abandonó por amor verdadero y se marchó sin mirar atrás. Con el corazón roto, pero decidida, se quitó el velo y se plantó ante el rival de su exnovio. "¿Te atreves a casarte conmigo?". Shane la miró a los ojos. "¿Por qué no?". Su impulsivo matrimonio dejó a todos atónitos. Más tarde, su ex le suplicó: "Dame otra oportunidad". Shane la atrajo hacia sí y le dijo a ese hombre desgraciado con frialdad: "Demasiado tarde, ahora es mi esposa".

Leer ahora
Matrimonio relámpago con el magnate, estoy muy mimada

Matrimonio relámpago con el magnate, estoy muy mimada

5.0

Repudiada por una familia de la "élite" y ridiculizada por la alta sociedad, Elena sorprendió a todos al casarse con el hombre más poderoso de la ciudad. Todos suponían que era un acuerdo temporal; después de todo, él había dicho: "Esto es por dos años. Después de eso, se acabó". Sin embargo, después de la boda, él se negó a dejarla ir. "Elena, no puedes dejarme". A medida que él le prestaba más atención, los rumores se desvanecían uno tras otro. Pintora de renombre, hacker de élite y un genio de la tecnología: sus verdaderas identidades dejaron al mundo atónito. Cuando un imperio del lujo anunció que había encontrado a su heredera perdida, todas las miradas se volvieron hacia ella. "¿Por qué se parecía exactamente a Elena?".

Leer ahora
De novia por contrato a eterna obsesión: ¡mi marido se negó a dejarme ir!

De novia por contrato a eterna obsesión: ¡mi marido se negó a dejarme ir!

5.0

Bethany descubrió que su "verdadero amor" era una mentira en el momento en que le tendieron una trampa para que estuviera con otro hombre. Su prometido la había engañado con su hermana y han conspirado para robarle la fortuna. Sin nada que perder, hizo un trato y entró en un matrimonio por contrato con un hombre temido por su despiadada reputación. La gente estaba ansiosa por ver cuánto tiempo podría Bethany sobrevivir en este matrimonio. Decidida a vengarse, ella no esperaba más que una transacción. Pero cuando su hermana la provocó por haber perdido su virginidad con un extraño, el temido hombre dijo con calma: "Ese soy yo". Y cuando su ex la amenazó, él le regaló un raro diamante, mientras le decía: "Mi mujer merece lo mejor de lo mejor". A medida que el contrato se acercaba a su fin, ella intentó irse, solo para que él la atrajera hacia sí, mientras le pedía: "Quiero que este contrato sea eterno".

Leer ahora
Adiós a la señora Cooley: El regreso de la arquitecta

Adiós a la señora Cooley: El regreso de la arquitecta

5.0

Fui al Registro Civil para pedir una copia de mi acta de matrimonio. Llevaba tres años casada con el heredero de los Cooley, o al menos, eso creía. El funcionario me miró con pena a través del cristal y soltó la bomba: "No hay registro. El acta nunca se devolvió. Legalmente, usted es soltera". El mundo se me vino encima. Gray me había prometido encargarse del papeleo el día de nuestra boda. Justo en ese momento, mi teléfono vibró. Una notificación de un álbum compartido titulado *Nuestro pequeño secreto*. Al abrirla, vi una prueba de embarazo positiva y mensajes de texto fechados esa misma mañana: "Aguanta un poco más, nena. Hoy se libera el dinero del fideicomiso. Mañana echo a esa mula estéril a la calle y seremos libres". Era mi esposo hablando con Brylee, mi mejor amiga y dama de honor. Entendí todo de golpe con una náusea violenta. No era una esposa, era un accesorio necesario para cobrar una herencia. Me usaron para cumplir el requisito de tres años del fideicomiso. Se burlaban de mi infertilidad -la cual sufrí por salvarle la vida a Gray en un accidente- mientras ellos esperaban a su "verdadero heredero" a mis espaldas. Planeaban dejarme sin un centavo, sin reputación y humillada al día siguiente. Me limpié las lágrimas y saqué mi labial rojo sangre del bolso. En lugar de confrontarlos llorando, llamé al enemigo mortal de la familia, el despiadado magnate Hjalmer Barrett. "Sé que odia a los Cooley", le dije con voz firme al teléfono. "Yo tengo las llaves para destruirlos y quitarles todo. A cambio, quiero casarme con su hijo, la Bestia de Wall Street". Esa noche volví a casa con una sonrisa, lista para convertir sus vidas en un infierno.

Leer ahora
Heredera renacida: El pacto de venganza del lobo

Heredera renacida: El pacto de venganza del lobo

5.0

Mientras mi cuerpo yacía paralizado en la cama del sanatorio, mi padre ni siquiera tuvo el valor de mirarme a los ojos. Sin dudarlo, firmó la orden de "No Resucitar" con una frialdad que helaba la sangre. Fue entonces cuando mi madrastra se inclinó sobre mí, con una sonrisa cruel, para susurrarme la verdad que me llevaría a la tumba. "No fue el accidente de coche, querida. Fue el té. Un veneno lento, igual que con tu madre". En mis últimos segundos de vida, descubrí que mi prometido, por quien yo daba la vida, tenía un hijo secreto de dos años con mi propia hermana. Mi herencia había pagado su nido de amor en las Islas Caimán mientras ellos planeaban mi muerte. Mi padre arrancó el cable del monitor cardíaco y la oscuridad me tragó entre la rabia y la asfixia. Pero el infierno no me recibió. De golpe, aspiré una bocanada de aire y abrí los ojos. Estaba en una suite de lujo. El calendario marcaba el 12 de septiembre. Hace cinco años. El día de mi boda. A mi lado, desnudo y con la mirada de un depredador, despertó El Cetro. El enemigo mortal de mi familia. El hombre que destruiría la empresa de mi padre en el futuro. En mi vida anterior, huí de esta habitación avergonzada y caí en la ruina. Esta vez, me cubrí con la sábana de seda y lo miré fijamente. "No me voy a ir", le dije con voz firme. Él me miró con desprecio, esperando que saliera corriendo. "Cásate conmigo", solté, ofreciéndole mi venganza en bandeja de plata. "Ahora mismo. Hoy. Vamos a prenderle fuego a todo".

Leer ahora
El infierno en su mirada, el cielo en su beso

El infierno en su mirada, el cielo en su beso

4.8

Gabriela descubrió que su novio había estado engañándola y la describía como una tonta superficial, así que comenzó a tener aventuras imprudentes para olvidar su dolor. Una noche sofocante y sin luz, se metió en la cama con un desconocido y se escabulló al amanecer, convencida de que había caído ante un famoso mujeriego. Rezó para no volver a verlo jamás. Sin embargo, el hombre entre esas sábanas era en realidad Wesley, el decisivo e imperturbable CEO que firmaba sus cheques de pago. Asumiendo que su corazón estaba en otro lugar, Wesley regresó a la oficina envuelto en una aparente calma, pero cada sonrisa cortés ocultaba una oscura oleada de celos posesivos.

Leer ahora