Libros y Cuentos de rabb
El Último Adiós de Amor
Ximena, con manos ásperas de cloro, apenas estiraba el dinero para los medicamentos de su pequeña Sofía, de solo ocho años, consumida por una enfermedad cruel. Pero un día, Sofía le mostró un video: una niña tocando un piano blanco, y sus ojos se llenaron de un deseo inocente: "Yo quiero uno de esos". La respuesta de Ricardo, el padre de Sofía y su esposo ausente, fue un frío eco al otro lado del teléfono: "¿Un piano? ¿Estás loca? Apenas me alcanza para Susana y Pedrito, ellos lo perdieron todo". Luego, lo vio. No en sus peores pesadillas, sino en un centro comercial de lujo, riendo y derrochando con esa "otra familia" que él había elegido. ¿Cómo era posible? ¿Cómo podía el padre de su hija, el hombre que una vez prometió amar y proteger, ser tan cruel, tan ajeno al sufrimiento de su propia sangre? La dulzura de Sofía, preguntando "¿Papá ya no me quiere?", mientras se aferraba a ella en la oscuridad, encendió una llama fría en el corazón de Ximena: ya no rogaría más, si Ricardo había elegido su lado, ella también elegiría el suyo: Sofía.
El Secreto del Héroe
El aire acondicionado congelaba mi piel, pero no lograba apaciguar la furia que sentía por dentro. Mi prometido, el Capitán Roy Lawrence, "el héroe de Medellín", estaba en la cama con Sylvia Ramírez, mi supuesta amiga de la infancia. Pero lo más atroz fue escucharlos conspirar: Roy tenía dos hijos secretos con Sylvia, y planeaba robar mi dote para salvar a su familia de la bancarrota. Mi mundo se desmoronó, entre el asco y la traición, apenas pude llegar al baño a vomitar. ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo el hombre al que creía un héroe podía ser una farsa tan cruel? Decidí poner fin a la farsa y buscar mi propia salida. Me quité el anillo y lo arrojé al suelo, dando por terminada la mentira, pero esto fue solo el principio de su venganza. Roy, el "héroe nacional", me humilló en público, tachándome de arribista y mujer sin corazón. Fui el blanco de toda Colombia, la villana. Pero yo, Lina Salazar, una Salazar, nunca me dejaría humillar; me casaría con Máximo Castillo, el enigmático magnate que, extrañamente, siempre me ofreció respeto. Y en esa boda, la verdad que Roy tanto se esforzó por ocultar, saldría a la luz. ¿Podría enfrentar al "héroe" y revelar al monstruo?
El Sabor del Primer Bocadillo
Mi vida era una lucha constante contra el hambre. En el instituto, mi único sustento era un humillante "pacto" con Mateo, el chico rico: comida a cambio de mis tareas. Me sentía una mendiga, una carga. Una devastadora Nochebuena, mi propia madre me echó de casa, dejándome a la intemperie. Vagué sin rumbo, el frío mordiéndome, hasta que Mateo me encontró, ofreciéndome cobijo temporal en su inmensa casa. Por un momento, creí que había encontrado paz. Pero la cruel realidad volvió: mi padre me secuestró para casarme forzosamente con un hombre mayor y saldar una deuda. Escapé, construyendo mi vida desde cero en Londres, logrando la independencia que tanto ansiaba. Al reencontrarme con Mateo, sus constantes y lujosos regalos, lejos de complacerme, me hacían sentir como un proyecto de caridad, un recordatorio constante de la brecha entre nuestros mundos. ¿Por qué esa persistente necesidad de "cuidarme" si yo ya no lo necesitaba? ¿Por qué, en su momento más desesperado, me presentó como su "prometida" para espantar a una exnovia, y años después, me escondió en un armario ante otra, como si fuera un vergonzoso secreto? Harta de la confusión y la condescendencia velada, lo enfrenté: "¿Qué soy para ti, Mateo? ¿Tu arma secreta para ahuyentar a novias locas? ¿Tu secreto vergonzoso?". Su respuesta, una confesión desgarradora y reveladora de un amor oculto por más de una década, desveló la verdadera historia detrás de cada bocadillo.
Pago Extra para Ser Amiga
Sofía, hija de bodegueros riojanos, nunca tuvo que preocuparse por el dinero. Quizás por eso sentía una deuda con el esfuerzo de Lucía, su compañera de universidad de Extremadura. Cuando Carmen, la hermana de Lucía, soñó con un taller de cerámica en Madrid, Sofía no dudó en ayudar, prestando una importante suma sin firmar nada. El taller "Barro y Alma" se convirtió en su segundo hogar; Sofía lo apoyaba incondicionalmente, llevando amigos y comprando a precio completo. Pero la confianza se hizo añicos por una casualidad. Una colega le mostró, emocionada, un grupo de WhatsApp "secreto": "Amigos del Taller". Allí, ofrecían 20% de descuento y cocción gratis. Me quedé helada. A mí, la inversora que había pagado por el horno, siempre me habían cobrado 15 euros por cocción, y mi "descuento de amiga" era un vago 10% que a veces olvidaban. La rabia me consumió. Al enfrentar a Carmen, la ceramista usó a su hijo Mateo, de cinco años, para armar un escándalo público en plena calle, gritando que Sofía era "mala" y "pringada". Lucía, la supuesta amiga, apareció fingiendo sorpresa para luego revelar un resentimiento y envidia ocultos. Las amenazas veladas del novio de Carmen, Javier, completaron la humillación. Después, Carmen irrumpió en una importante presentación de Sofía en su agencia, intentando arruinar su carrera con otro drama público. ¿Cómo era posible tanta vileza? ¿Cómo pudieron usar a un niño para humillarla de esa manera? La "Sofía generosa y confiada" no existía más. Solo quedaba la punzada helada del desprecio y la abyecta traición. ¿Creían que era una ingenua a la que podían desplumar impunemente? Se habían equivocado. Habían olvidado, o ignorado, de quién era hija Sofía. En esos instantes, la mujer ingenua murió. Había nacido una nueva Sofía, estratega y letal. La hija de mi padre. El juego no había hecho más que empezar.
El Último Susurro de Sofía
Sofía, una artista llena de vida, y Mateo, el arquitecto de sus sueños, construyeron un imperio de amor en el humilde barrio de Narvarte. Sus vidas eran un lienzo de felicidad, marcado por sueños compartidos. El éxito y la ambición transformaron a Mateo en un extraño, obsesionado con un heredero que Sofía, atormentada por la infertilidad, no podía darle. La aparición de Valeria, su ambiciosa asistente, desató una traición devastadora, y el diagnóstico fue un golpe final: cáncer de páncreas terminal. Mientras Sofía se consumía, Mateo la ignoraba cruelmente. Pero la calculada crueldad de Valeria la destrozó: mensajes, fotos íntimas, la profanación de su santuario en Narvarte, donde el mural de girasoles fue brutalmente destruido. El clímax llegó cuando Mateo, al revelar el embarazo de Valeria, le deseó la muerte con escalofriante indiferencia. ¿Pudo el hombre que le prometió amor eterno desear su final con tal crueldad? ¿Por qué Valeria se encarnizaba en borrar cada rastro de su existencia? El sabor amargo del agave azul, el sabor de la traición y la soledad, se instaló en el alma de Sofía. En un último acto de dignidad, Sofía tomó una decisión: moriría en sus propios términos, dejando una verdad oculta en las páginas de un diario. Su partida no sería el final, sino el inicio de una justicia poética que arrastraría a Mateo a un abismo de culpa y locura.
