Levantó la vista, y el terror la invadió mientras el candelabro de cristal se balanceaba peligrosamente sobre su cabeza.
El peligro era inminente; un golpe directo sería fatal.
Su tez se tornó de un blanco fantasmal, con el miedo grabado en sus facciones mientras luchaba contra la madera implacable. Cada tirón le provocaba punzadas agudas de dolor en la pierna, y la sangre empezaba a brotar, manchando las astillas.
La idea de arrancarse la piel en un intento desesperado por escapar la heló hasta los huesos.
En su momento de mayor vulnerabilidad, recorrió con la vista a la multitud horrorizada y sus ojos se posaron en una silueta familiar que corría: Carlos Pearson, su prometido.
Un destello de esperanza brilló cuando extendió la mano hacia él, pero su corazón se hundió cuando él pasó de largo junto a ella. Su atención estaba en otro lugar; tomó a Lara Elliott en brazos, su coprotagonista que yacía desplomada cerca.
"No te preocupes, estoy aquí", le aseguró a Lara, sosteniéndola con firmeza.
"¡Carlos!", Lara, llorando, se aferró a él y le rodeó el cuello con fuerza.
Carlos la consoló en silencio y la levantó del escenario sin esfuerzo. Ni siquiera le dedicó una mirada fugaz a Mariana, a pesar de que estaba más cerca y era la mujer con la que iba a casarse.
Como si el destino lo hubiera querido, el cable de un foco cedió de pronto, sumiendo el escenario en una oscuridad total.
Justo antes de que las sombras lo envolvieran todo, Mariana buscó a Carlos con la vista, pero él nunca se giró.
Impulsada por un instinto primario de supervivencia, apretó los dientes y, con una fuerza desesperada, liberó su pierna. El espeluznante crujido de los tablones al ser arrancados llenó sus oídos.
Su pierna izquierda se liberó por fin y, en el instante siguiente, un fuerte agarre la sacó de aquella peligrosa posición.
Con un estruendo atronador, el candelabro de cristal se estrelló contra el suelo, esparciendo fragmentos en todas direcciones.
Cuando el instinto se apoderó de ella, Mariana levantó los brazos para protegerse, pero una presencia imponente ya se interponía entre ella y el peligro.
Al volver las luces, el escenario quedó al descubierto, una escena de devastación y ruina total.
Sin embargo, el misterioso salvador que había intervenido ya se había marchado.
Presa del pánico, Mariana escudriñó el caos hasta que sus ojos se fijaron por fin en Carlos.
En el momento crítico en que el candelabro se desplomó, él se había lanzado para proteger a Lara.
Lara seguía aferrada a su cintura y él no hizo ademán de apartarla, una declaración silenciosa de cuáles eran sus prioridades.
Una sonrisa amarga se asomó fugazmente a los labios de Mariana, teñida de una silenciosa tristeza.
Casi se había convencido de que Carlos había vuelto para salvarla.
La voz del director resonó en el set, su tono agudo y acusador. "¿Qué demonios pasó aquí? Si ese candelabro hubiera caído sobre alguien, habría sido un desastre".
Su furia era palpable, una tormenta se gestaba en sus ojos mientras se enfrentaba al encargado de utilería, que balbuceaba, intentando desesperadamente eludir la culpa.
En medio del creciente alboroto, Carlos por fin clavó su penetrante mirada en Mariana. Frunció las cejas al notar que le sangraba la pierna izquierda. Desde la distancia, Mariana no podía ver con claridad su expresión.
Acurrucada en los brazos de él, la voz de Lara rasgó la conmoción. "Mariana, ¿intentaste matarme?"
Su acusación resonó y la sala enmudeció de golpe.
El rostro de Carlos se endureció y el aire a su alrededor se volvió glacial. "¿Qué pasó exactamente aquí?"
A Lara se le llenaron los ojos de lágrimas, que se desbordaron mientras contaba su versión.
"Antes vi a Mariana junto a la lámpara, manipulando el cable. En ese momento no le di importancia. Me encaró justo antes de que saliéramos al escenario, diciendo que no merecía competir por el puesto en la compañía nacional. Me he dejado la piel en esto, y solo quería una oportunidad..."
Con los ojos llenos de lágrimas, miró a Carlos y continuó: "Solo quería perseguir mis sueños, pero nunca imaginé que ella se rebajaría a esto".
"Alas Destrozadas", la última producción del club de teatro del colegio, estaba protagonizada por dos prometedoras actrices. Era reconocida como un trampolín para los artistas que aspiraban a entrar en la prestigiosa compañía nacional.
Sin embargo, la competencia era feroz: solo había una vacante, y la elección recaería inevitablemente en Mariana o Lara.
Del grupo de bailarines, se alzó una voz, rompiendo el tenso silencio. "Si el escenario no se hubiera derrumbado, ese candelabro habría caído justo sobre la cabeza de Lara".
"¡Dios mío! Imagínense si le hubiera caído encima mientras actuaba. ¿Podría haber sobrevivido a semejante golpe? ¿Cometer un acto tan despreciable por un simple puesto?"
"Es más profundo que solo el papel. Carlos siente algo por Lara, pero Mariana, la prometida que eligió su familia, ha estado atormentando a la pobre Lara entre bastidores. Creo que, independientemente del papel, tenía toda la intención de deshacerse de ella".
Un fugaz destello de triunfo brilló en los ojos de Lara, aunque lo ocultó de inmediato con estudiada naturalidad.
Agarrando la manga de su prometido, lo miró con ojos llorosos. "Carlos, menos mal que viniste por mí. Dejemos esto atrás, ¿de acuerdo?"
Su fingida benevolencia solo avivó aún más los murmullos, y algunas voces pidieron ahora con vehemencia acciones legales contra Mariana, tachándola de asesina en potencia.
Ante la creciente hostilidad, la expresión de Mariana se volvió fría; apretó los puños a los lados, con el rostro pálido pero decidido. "¡Entonces adelante! Llamen a la policía. ¡Pero no confesaré un crimen que no cometí!"