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Me dejó ir y un multimillonario me tomó de la mano

Me dejó ir y un multimillonario me tomó de la mano

5.0
1 Capítulo
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En un brutal accidente automovilístico, el prometido de Katherine la empujó hacia el peligro para salvar a la hija de la sirvienta. Al despertar en la UCI, se le destrozaron todas las ilusiones que le quedaban. Canceló el compromiso, cortó todo lazo con su familia y dejó de entregarse por completo a personas que jamás la valoraron. Sus hermanos se burlaron de ella. Estaban convencidos de que volvería arrastrándose en menos de una semana. Pero lo que vino después los dejó sin palabras. Su hermano mayor, perplejo: "¿Por qué las finanzas de la empresa son un caos total?". Porque Katherine retiró cada centavo de su inversión. Su segundo hermano, furioso: "¿Por qué acusan de plagio mi obra maestra?". Porque Katherine dejó de permitirle robarle su trabajo. Su hermano menor, aterrado: "¿Por qué todo el circuito de carreras me ha dado la espalda?". Porque Katherine ya no formaba parte del equipo. Cuando se dieron cuenta de todo lo que su hermana había hecho para ellos, ya era demasiado tarde. De pie junto a su nuevo prometido poderoso e implacable, Katherine les dedicó una sonrisa burlona: "Ya no tendrán otra oportunidad".

Contenido

Me dejó ir y un multimillonario me tomó de la mano Capítulo 1 Nunca me casaré contigo

"Deja de fingir que estás desmayada, Katherine. ¿Acaso crees que todavía quiero casarme contigo? Si no te disculpas con Emily, entonces nunca me casaré contigo".

Katherine Holt se llevó una mano a la cabeza palpitante y luchó por abrir los ojos al oír la voz de un hombre.

Miró hacia el hombre que hablaba: Preston Barnes, quien estaba de pie junto a la cama.

Él frunció el ceño, con impaciencia en los ojos, mientras Emily Wilson se apoyaba en él, silenciosa y con un aire frágil.

A Katherine le tomó un largo momento procesar lo que había sucedido.

Así que todavía estaba viva.

Unas horas antes, ella y Emily habían tenido un accidente automovilístico.

Le había gritado a Preston pidiendo ayuda, pero él había corrido a salvar a Emily, la hija del ama de llaves de la familia Holt.

El conductor del camión frenó bruscamente, deteniendo el vehículo en seco.

Katherine había sido arrastrada debajo, con la pierna atrapada bajo el pesado parachoques. El hueso se partió en el instante en que el peso la aplastó.

El dolor le recorrió el cuerpo. Un sudor frío le cubrió la piel mientras luchaba por respirar y miraba a través del estrecho espacio bajo el camión.

Vio a Preston sosteniendo a Emily en brazos, con preocupación en el rostro mientras le revisaba las heridas.

Emily solo se había torcido un tobillo y tenía algunos cortes menores.

"Llamen a una ambulancia...". Katherine logró articular las palabras con el último ápice de fuerza que le quedaba.

Sin embargo, nadie le respondió.

Unos momentos después, el sonido de la sirena de una ambulancia se acercó, y varios paramédicos bajaron con una camilla.

Preston se mantuvo pegado a Emily mientras la ayudaba a subir a la ambulancia. Luego, les dijo a los paramédicos que se marcharan con ellos.

Katherine fue abandonada bajo el camión.

Si un transeúnte no se hubiera detenido a llamar para pedir ayuda, ella se habría desangrado al borde de la carretera mucho antes de que la policía y los bomberos llegaran a rescatarla.

Desde su cama en el hospital, Katherine miró a Preston y a Emily, ambos en perfecto estado, y sintió cómo se le helaba el corazón.

Tras la muerte accidental de su padre, su madre no pudo soportar el vacío en su hogar. Acogió a tres niños de un orfanato, Preston, Carson Howard y Tyler Clark, y los crió como si fueran suyos.

Además, su madre decidió que, con el tiempo, uno de los tres se casaría con Katherine y heredaría junto a ella el negocio familiar.

Por absurdo que pareciera, ella, la heredera de la familia Holt, importaba menos para ellos tres que la hija del ama de llaves.

Katherine no dijo nada y solo lo miró. Por alguna razón, su silencio irritó a Preston.

Normalmente, en cuanto él mostraba el más mínimo enojo, ella se ponía nerviosa de inmediato, aferrándose a su brazo y disculpándose con lágrimas en los ojos.

Pero hoy permanecía en completo silencio.

¿Tan mal la había asustado el accidente?

A sus ojos, solo había sido un accidente automovilístico. El camión ni siquiera la había arrollado por completo. No le parecía nada grave.

"Katherine, ya basta", espetó Preston. "Estás despierta, ¿o no? ¡Discúlpate con Emily ahora mismo!".

La mirada vacía de Katherine no pasó desapercibida para Emily, quien por dentro estaba encantada.

Si el accidente de verdad le había dañado la mente a Katherine, entonces todo lo perteneciente a la familia Holt terminaría en sus manos.

Se apretó más contra Preston, apoyándose con más peso en él, y un suave quejido escapó de sus labios. "Me duele tanto el tobillo, Preston. Casi desearía ser yo la que estuviera ahí en su lugar. Si pudiera cambiar de lugar con Katherine, ella no tendría que sufrir de esta manera".

Preston ya estaba irritado por el extraño silencio de Katherine, pero la dulce voz de Emily suavizó su expresión al instante. Inclinó la cabeza y le habló en un tono reconfortante: "Eres demasiado bondadosa, Emily. Nada de esto habría ocurrido si Katherine no te hubiera obligado a salir con ella hoy. Todo es culpa suya".

Luego se volvió hacia Katherine, con una evidente repulsión en la mirada, y dijo: "Espera a que Carson y Tyler regresen de su viaje de negocios. Cuando se enteren de que casi provocas la muerte de Emily, no te lo van a perdonar".

En el instante en que Katherine escuchó sus nombres, el último ápice de calidez en su corazón se desvaneció.

De niña, solía seguirlos a los tres a todas partes, llamándolos con dulzura, como si fuera su pequeña sombra.

Su padre había muerto cuando ella todavía era una niña. Su madre pasaba la mayor parte del tiempo gestionando la empresa, por lo que los tres chicos se habían convertido en el centro de su mundo.

Pero todo había cambiado hacía tres años.

Su extraordinario talento para el arte le había valido una recomendación de su mentor para asistir a una de las academias de arte más prestigiosas del país.

Pasaron tres años y ella regresó a casa llena de ilusión, solo para descubrir que todo era diferente.

De algún modo, Emily se había convertido en el centro de sus vidas.

Ya no la recibían con afecto, ni siquiera les importaba que acabara de volver de un largo viaje. Lo único que esperaban de ella ahora era que obedeciera cada uno de los caprichos de Emily.

En los últimos meses, incluso habían estado dispuestos a poner en peligro a Katherine con tal de proteger a Emily.

Cuando a Emily le diagnosticaron leucemia y necesitó una transfusión de sangre, los tres llevaron a Katherine a rastras al hospital y la obligaron a donar.

El médico les advirtió que extraerle demasiada sangre de golpe podría provocarle un shock, pero ninguno de ellos escuchó. Aun así, le sacaron 800 mililitros.

Katherine perdió el conocimiento en la sala de extracciones, mientras ellos tres se quedaban al lado de la cama de Emily, colmándola de atenciones.

En otra ocasión, durante un fuerte aguacero, Emily tosió una vez y los tres la llevaron a toda prisa a casa. Echaron a Katherine del auto porque su ropa empapada podía ensuciar los asientos, y la abandonaron sola a un lado de la carretera en medio de la lluvia torrencial.

Después de aquello, ella ardió en fiebre durante tres días seguidos y estuvo a punto de desarrollar una neumonía.

Luego, hace dos semanas, Emily comió mangos a escondidas a pesar de ser alérgica y se llenó de ronchas.

Sin siquiera preguntar, los tres decidieron que Katherine debía haber mezclado a propósito jugo de mango en la comida.

Como castigo, la encerraron en la perrera del patio trasero con un perro agitado que casi enloqueció al verla.

Si uno de los sirvientes no la hubiera encontrado en medio de la noche, el animal le habría desgarrado la garganta.

Cada recuerdo pasó por la mente de Katherine, uno tras otro.

Lentamente, cerró los ojos.

En ese momento, se odió a sí misma por haber permitido que su madre acogiera a aquellos tres hombres malagradecidos.

Ya que Emily era la única que les importaba, estaba bien. Les daría exactamente lo que querían.

"Lárguense", dijo con frialdad.

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