Podía sentir como el maquillaje en mi rostro se secaba debido al llanto, estaba realmente molesta por lo que habían visto mis ojos, el dinero en la caja no estaba, ese desgraciado se los había llevado.
No solamente se llevo el dinero que quedaba en mi familia, si no que se llevó la poca dignidad que nos quedaba. No debí aceptar esto, si no, no estaría aquí aceptando toda esta enorme humillación.
-Se acabó, papá -susurro, cuando escucho que la puerta de la oficina es abierta y cerrada-. Mañana declararemos la quiebra, ya no podemos hacer nada.
-No lo harás.
Esa no era la voz de mi padre.
Yo me giró bruscamente, en el umbral de la oficina estaba un hombre que parecía sacado de otra época y que jamás en mi vida había visto. Vestía un traje oscuro de corte impecable, y sostenía el sombrero en la mano y las botas de cuero gastado delataban que no era de aquí. Su sola presencia parecía consumir el oxígeno de la habitación.
-¿Quién es usted? -pregunté, irguiendo la espalda, luego me limpio el rostro como puedo.
-Me llamo Aiden Blackwood y vengo de Texas -dijo el hombre. Su voz era de un tono un poco profundo, con un acento arrastrado que me hizo poner más nerviosa-. Supe que tu prometido resultó ser un cobarde y un ladrón. También sé que necesitas ese dinero antes de que se declaren en quiebra.
El señor Blackwood caminó hacia mi con una seguridad que me resultaba abrumadora. Luego veo como saca un sobre de cuero y lo pone sobre el escritorio.
-Ahí hay un cheque que cubre la deuda y garantiza la expansión de tu empresa por diez años. A cambio, tú vendrás conmigo a mi rancho y tomaré el lugar de ese idiota frente al juez. Ahora mismo, lo único que debes hacer es firmar este papel.
Yo miro el papel y luego a los ojos de aquel hombre; eran oscuros, fríos como el acero y extrañamente hambrientos.
-¿Por qué? -alcanzó a decir-. Usted ni siquiera me conoce.
El esboza una sonrisa que no llega a sus ojos, una expresión que no sabría descifrar, pero que si sabia que no era nada bueno.
-Digamos que mi hermano y yo tenemos un gusto particular por las inversiones arriesgadas. Y tú, Clara, eres la propiedad más valiosa de esta ciudad así que firma el papel, casemonos y te prometo que mañana tus problemas de dinero habrán terminado.
¿Que debía hacer? ¿Debía firmar? Es que si lo hago..
No, no debería estar pensando en esto ahora, la empresa de mi padre está en riesgo, aquel desgraciado se termino llevando todo lo que nos quedaba, no me queda de otra que firmar, de igual manera allá afuera no saben con quién me voy a casar, qué más da si no se dan cuenta de que el novio ahora es otro.
Dios papá, no tengo porque estar pagando todos tus errores.
Sin pensarlo demasiado tomo el bolígrafo para así firmar aquel contrato, claro que no sabia en donde me había metido, pero no había de otra.