El Rusty Spur era un típico bar de carretera, con su barra de madera gastada, mesas de billar y una rocola que tocaba country a todo volumen. Pero lo que realmente captó la atención de Tony fue la hermosa morena sentada sola en la barra.
Con la confianza de quien se sabe irresistible, Tony se acercó a la barra, acomodándose junto a la chica.
- Buenas noches, señorita -saludó, su voz grave estaba teñida con un marcado acento sureño, mezcla del acento de sus padres provenientes del norte de México, y del acento típico del sur de Texas, donde había nacido y vivido toda su vida- ¿Le molesta si un humilde vaquero le hace compañía?
La chica lo miró de reojo, una sonrisa divertida se dibujó en sus labios.
- Depende -respondió ella- ¿El humilde vaquero sabe comportarse?
Tony soltó una carcajada.
- Pos' eso depende de lo que usté considere "comportarse", mi reina. Porque si hablamos de modales, soy todo un caballero. Pero si hablamos de diversión... -dejó la frase en el aire, guiñandole un ojo.
La chica rió, sacudiendo la cabeza.
- Soy Sarah -se presentó, extendiendo su mano.
- Y yo soy el hombre más afortunado de Texas esta noche -respondió Tony, tomando su mano y besándola galantemente- pero pa' los cuates, soy Tony.
- Bueno, Tony -dijo Sarah, tomando un sorbo de su bebida- ¿Qué te trae por estos rumbos?
- Pos' la verdad, andaba buscando un oasis en este desierto de soledad -respondió él, inclinándose un poco más cerca- y mire nomás qué suertudo soy, que me topé con el espejismo más bonito que han visto estos ojos.
Sarah soltó una carcajada.
- ¿Siempre eres así de... colorido con tus palabras?
- Mire, reinita, yo soy como los frijoles del rancho, picosito pero sabroso -le guiñó un ojo- y usté me tiene más emocionado que becerro en corral nuevo.
La noche avanzó entre risas, tragos y coqueteos cada vez más descarados. Tony desplegó todo su arsenal de frases ingeniosas y doble sentido, manteniendo a Sarah constantemente entre risas y sonrojos.
- Oye, vaquero -dijo Sarah después de un rato, inclinándose para susurrar en su oído- ¿Qué te parece si nos vamos a un lugar más... privado?
Tony sintió que el corazón le daba un vuelco.
- Pos' me parece que acabo de ganarme la lotería sin comprar boleto -respondió con una sonrisa traviesa- nomás dígame pa' dónde jaló las riendas, mi reina.
Sarah tomó su mano y lo guió hacia la salida, Tony la siguió, no sin antes lanzar una mirada triunfante a los otros clientes del bar.
- ¡Échense un trago, muchachos! -gritó mientras salía- ¡Que esta noche, el Coyote va a aullar a la luna!
El viaje en el auto de Sarah fue corto pero intenso, Tony no podía quitarle las manos de encima, y ella parecía igual de entusiasmada.
- Tranquilo, vaquero -río Sarah, apartando su mano de su muslo- guarda algo para cuando lleguemos.
- Pos' usté no se preocupe, mi cielo -respondió Tony con una sonrisa pícara- que tengo reservas pa' toda la noche... Y parte de la mañana.
Finalmente llegaron a una pequeña casa en las afueras del pueblo, apenas habían cruzado la puerta cuando Sarah se lanzó sobre él, besándolo apasionadamente.
- Órale, mi reina -jadeó Tony entre besos- si así besa, ya me imagino cómo...
- Menos hablar y más acción, vaquero -lo interrumpió Sarah, arrastrándolo hacia la habitación.
Lo que siguió fue una noche de pasión desenfrenada Tony demostró que sus habilidades iban más allá de su labia, dejando a Sarah sin aliento en más de una ocasión.
- ¡Ay, mamacita! -exclamó en un momento particularmente intenso- ¡Me tienes más agitado que pollo en rosticería!
Sarah soltó una carcajada entrecortada.
- Eres incorregible -jadeó, antes de besarlo nuevamente.
- Y usté es más dulce que algodón de azúcar en feria de pueblo -respondió él, acariciando su rostro.
La pasión continuó hasta altas horas de la madrugada, finalmente, exhaustos y satisfechos, se dejaron caer en la cama, con sus cuerpos entrelazados, cubiertos de de sudor.
- Pos' si esto es un sueño -murmuró Tony, acariciando el cabello de Sarah- que nadie me despierte.
Sarah sonrió, acurrucándose contra su pecho.
- No es un sueño, vaquero -respondió con voz somnolienta- pero definitivamente ha sido una noche para recordar.
Tony estaba a punto de responder cuando un ruido los sobresaltó, unos pasos pesados se acercaban por el pasillo.
- ¡Mierda! -susurró Sarah, incorporándose de golpe- ¡Es mi padre!
- ¿Tú qué? -Tony se sentó en la cama, súbitamente muy despierto- Pos' ¿Qué no vivías sola?
- Se suponía que estaba de viaje -respondió Sarah, saltando de la cama y recogiendo la ropa de Tony- ¡Rápido, tienes que irte!
Pero era demasiado tarde, la puerta de la habitación se abrió de golpe, revelando a un hombre corpulento con una escopeta en las manos.
- ¡Sarah! ¿Qué demonios está pasando aquí? -rugió el hombre, mientras sus ojos lanzaban chispas al ver a Tony desnudo en la cama de su hija.
- ¡Papá! -exclamó Sarah, cubriendo su desnudez con una sábana- ¡Puedo explicarlo!
Pero el padre de Sarah no parecía interesado en explicaciones, levantó la escopeta, apuntando directamente hacia Tony.
- Tienes tres segundos para desaparecer de mi vista, muchacho -gruñó- uno...
Tony no necesitó que se lo dijeran dos veces, con una agilidad digna de un atleta olímpico, saltó de la cama y corrió hacia la ventana.
- ¡Dos...!
- ¡Pos' ya me voy, don! -gritó, abriendo la ventana de un tirón- ¡Que tenga buenas noches!
- ¡Tres!
El sonido del disparo resonó justo cuando Tony saltaba por la ventana, por suerte, el padre de Sarah tenía mala puntería... o quizás solo quería asustarlo, en cualquier caso, Tony aterrizó en el jardín ileso, pero completamente desnudo.
- ¡Ay, virgencita de Guadalupe! -exclamó, cubriéndose sus partes íntimas con las manos mientras corría por el jardín- ¡En la que me he metido!