Tengo una mejor amiga que se llama Carolina y su novio, Matías, también es mi mejor amigo. Nos contamos todo. Tenemos una barra de amigos con la que nos juntamos; son geniales, nos conocemos desde el liceo y desde entonces no nos separamos más. Tenemos los mismos gustos musicales, bueno, con algunas diferencias: a los chicos no les gusta Floricienta o RBD, menos Belinda, pero con las chicas nos encanta hacerlos sufrir y se las cantamos todo el tiempo, ja, ja, ja.
Tengo un trabajo como secretaria y asistente personal. Mi jefe es un italiano, se llama Lorenzo. Al principio nos llevábamos mal; es un picaflor e intentó conquistarme, pero lo mandé a volar. Hoy en día nos llevamos bien, somos amigos. Soy su secretaria ejecutiva y, aunque paga muy bien (tanto que me pude comprar mi casa y ahorrar), me gusta la vida sencilla, nada extravagante o con gastos sin sentido.
Estoy soltera, no porque quiera, sino porque estoy enamorada desde hace un tiempo del hermano de Caro, el cual no me da ni la hora la mayoría del tiempo. Es complicado de explicar. Los chicos me dicen que lo olvide, como si fuera tan fácil. En estos momentos estoy tomando unos mates para irme a la oficina; bueno, me tendré que cambiar. Si le aparezco así, Lorenzo me mata.
Rápido me pongo mi traje formal, solo me dejo la remera. Agarro el termo y el mate, la cartera. Cierro todo, subo a mi auto, pongo Kudai y al trabajo se ha dicho. Esto es lo único que odio de Montevideo: el tránsito. Todavía tenés que tener cuidado de los boludos que no saben manejar. Yo vivo en Ocho de Octubre y trabajo en Dieciocho de Julio; sí, las peores calles para manejar. Lo sé, ¿pero qué le puedo hacer?
Llegué al fin, ya estaba podrida de manejar. Estoy por entrar cuando lo veo. Él jura que es irresistible. Yo le doy un beso en la mejilla.
-Hola, Paula. ¿Cómo estás? -me dice Lorenzo.
-Hola, Lorenzo. Bien, ¿y vos? ¿Vamos?
-Okay, yo ahora voy.
-Che, ¿es en serio? Ta, no te preocupes, yo te espero en la oficina, pero no te desaparezcas, porque te salgo a buscar.
-Ragazza (muchacha), no empieces, yo soy el jefe.
-Sí, pero estoy segura de que estás esperando a una de esas tipas con las que salís. Después no me jodas, porque te mando a pasear, ¿entendiste?
-Sí, mamma mía, contigo no se puede...
-Me importa tres carajos -le dije-, me voy.
Entré a la empresa esperando que en serio no se vaya a encamar con esas tipas y me deje sola trabajando, porque lo mato. Llego a mi piso y me cruzo con Lorena.
-Hola, ¿cómo estás? -me pregunta ella.
-Hola, Lorena, bien ¿y vos?
-¿Viste al jefe?
-Sí, está abajo esperando a una de las tipas con las que sale.
-¿Y ya le dijiste algo, no?
-Lorena, si vos le abrís las piernas a Lorenzo y ahora te quejás, jodete por boluda. A mí no me rompas las pelotas -le solté (y con eso me refiero a que no me moleste).
-Sos insoportable, guacha -me respondió ella.
-Vos no te quedás atrás cuando querés.
Me fui a mi oficina. La mayoría del tiempo nos llevamos bien, pero cuando se trata de Lorenzo siempre discutimos. Yo no lo dejo ser irresponsable o ir de cama en cama, y a ella, como ya lo hizo, no le interesa. Pero yo soy la amiga, no la amante. Me puse a trabajar, le arreglé la agenda semanal y demás. El trabajo es mucho, pero vale la pena, me gusta.
Fui a pasarle las citas de la semana y no estaba. ¡Yo lo mato! Este guacho me está tomando el pelo, se está burlando de mí. Estoy por bajar cuando el ascensor se abre.
-Llegué -dijo Lorenzo.
-Sos un guacho, Lorenzo. ¿Me estás tomando el pelo? Te dije que no te fueras.
-Me distraje hablando.
-Sí, claro, ¿cómo no? ¿Una hora?
-Ragazza, no me pasás una.
-Dale, que te vengo a pasar las citas de la semana.
-Perfetto, dai (Perfecto, vamos).
Entramos a su oficina, le pasé el itinerario, las reuniones y los correos.
-¿Llamaste para saber cuándo vienen los brasileños? -preguntó.
-Sí, la semana que viene.
-Genial, Pau. ¿Hay algo más?
-No, por ahora.
-¿Qué te parece si te invito a almorzar?
-¿A quién tengo que echar esta vez?
-Che, ¿no puedo invitar a una amiga? -se quejó él.
-Dale, te conozco.
-En serio, esta vez no hay ninguna loca.
-Ja, ja, ja. La culpa es tuya. Un día de estos te aparece una embarazada.
-!Mamma mía, che casino! (¡Madre mía, qué lío!).
-Eso te pasa por andar alzado -le dije, refiriéndome a su deseo sexual-. Bajá un cambio y ya está. Pero no, vos tenés que seguir.
-Me mudé acá por eso mismo y vos me pedís que baje un cambio, cara (querida). En serio te quiero, pero no lo voy a hacer y lo sabés.
-Por lo menos lo intenté. No está muerto el que pelea.
-¿Y, Ragazza, aceptás?
-Ah, ya entendí. Te sentís solo, porque te sacás las ganas, pero después no tenés quién esté contigo. Bueno, voy, pero ya sabés, no como carne.
-Ah, sos mala... Bueno, ¿vamos al Burger King?
-Dale, ahora voy a mi oficina, así sigo trabajando.
Seguí trabajando, a veces me toca traducirle documentos porque él no sabe portugués. Sería un despiole, un caos total escucharlo hablarlo con ese acento italiano marcado. Ya era hora de comer así que salí a buscarlo. Estaba hablando por teléfono.
-Sí, mamma. Sí, no. Te dejo que me está esperando Paula -cortó la llamada y me miró-. Te mandó saludos, mi madre te ama.
-Ja, ja, ja, y yo a ella. Bueno, a toda tu familia menos a tu hermano. Es muy serio y para él soy un cero a la izquierda, alguien irrelevante.
-Ja, ja, ja, ¿Marco? No te preocupes, es así con todos. Es porque tiene mucho trabajo y es muy exigente consigo mismo. !Avanti! (¡Adelante / Vamos!).
Salimos al Burger King. Él pidió carne y yo mi hamburguesa vegana.
-¿Y para cuándo un novio? -me soltó Lorenzo mientras comíamos.
-No empieces, ya sabés la respuesta.
-¿Seguís enamorada de este idiota?
-En el corazón no se manda, pero te juro que estoy haciendo el intento. Creo que a estas alturas el amor no es para mí, así que me quedaré sola. Total soy feliz así, tengo una vida tranquila.
-Y solitaria...
-No estoy sola, tengo a la barra.
-¿Y cuando tengan hijos?
-No sé. Además, estoy segura de que vos estarás igual. ¿Qué te parece si nos hacemos compañía?
-¿Por qué no probás con un clavo saca a otro clavo? -me sugirió, queriendo decir que busque a otro para olvidar al anterior.
-Eso es solo un dicho y no está bien usar a una persona para sentirse mejor uno.
-En serio no entiendo por qué no se da cuenta de la gran mujer que sos.
-No soy una gran mujer, solo trato de ser una buena persona. La verdad, yo me preguntaba lo mismo a veces, pero es complicado.
Terminamos y volvimos a trabajar. Al final del horario, pasé por su oficina.
-Lorenzo, estos son los últimos documentos, pero no es urgente, puede esperar a mañana. Chau.
Le di un beso.
-Chau, manejá con cuidado.
-Yo sí, los otros no tanto.
Salí, Lorena ya se había ido. Subí a mi auto, puse a Avril Lavigne, sus clásicos que me encantan. Llegué a casa, guardé el auto, cené algo, miré películas y a dormir. Mañana será otro día.