Solo tenía un último deseo, y era conocer a mi ídolo. Solo eso. Quería hacerlo antes de que el último aliento escapara de mi cuerpo. Ese era mi único deseo. Y se cumplió... Pero lo que nunca pensé, es que nada iba a ser como tanto lo soñé.
Solo tenía un último deseo, y era conocer a mi ídolo. Solo eso. Quería hacerlo antes de que el último aliento escapara de mi cuerpo. Ese era mi único deseo. Y se cumplió... Pero lo que nunca pensé, es que nada iba a ser como tanto lo soñé.
-Dios Troy, no –. Logré articular entre risas.
Desde mi posición podía ver las lágrimas en el rostro de mi hermano mayor. No podía describir cuanto me lastimaba verlo de esa forma. Estaba al tanto de que no sabían con exactitud cuanto tiempo me quedaba de vida, y él solo quería que lo pasara lo mejor posible, pero no podía, me dolía verlo que lo pasara mal.
–Te amo–. Troy me acercó en un abrazo en un intento de ocultarme las lágrimas que cubrían su rostro.
–Te amo muchísimo más, Troy–. Acaricié su espalda–. No quiero que llores, por favor.
Troy sorbió su nariz mirándome con una sonrisa triste –. No se qué haré sin ti, eres muy pequeña, Mad, solo tienes 17 años.
Mis ojos se cristalizaron al instante. Odiaba tener está conversación que se había vuelto tan constante estos últimos días a mi alrededor. El doctor había dicho que mi tiempo estaba limitado, por hacerlo escuchar bonito, pero todos sabemos que podían ser solo días, quizás horas, ellos podían despertar y simplemente hallar mi cuerpo sin vida. Mi cuerpo se estaba deteriorando muy rápidamente con la última etapa del cáncer, pero era lo que menos me importaba justo ahora, mi mente solo se iba a hacía mamá, papá y Troy.
–No hablemos de ello –. Casi suplique mirando a otro lado.
–Pensándolo bien, es una suerte, eres un grano en el trasero–. Bromeó mientras limpiaba el resto de sus lágrimas. Sonreí–. He oído que te mandaron a casa.
Su cambio de tema me puso de buen humor, tenía razón, el médico había decidido que lo mejor era que pasara tiempo en casa–. oh, si, en un par de días–. Sonreí –. Seré tu grano en el trasero hasta en casa.
– voy a estar muy feliz de tenerte en casa, Mad–. Mi corazón se estrujó, a mi también me ponía muy feliz estar en casa–. Por cierto, he oído que ese cantante que te gusta, estará en la ciudad.
–Si dará un concierto en la ciudad–. De verdad era un sueño ir, pero sabía que con lo costosa que era mi enfermedad no era algo que me pudiese permitir.
–Podriamos ir, tengo unos ahorros. Puedo llevarte, si quieres –. Troy tomo mi mano mientras se sentaba a mi lado en la cama–. Aunque odie su música toda marica.
–¡Hey!–. Golpeé su pierna mirándolo mal–. No iré al concierto con alguien que no sabe de buena música–. Bromee mientras él se hizo el ofendido llevando su mano al pecho. Mire a sus ojos–. Guarda el dinero para ti, los vas a necesitar luego.
–No me importa, ya sabes–. Se encogió de hombros–. Su novia esta bastante buena–. Me codeó mientras yo rodaba los ojos divertida.
–Ni lo menciones–. Troy volvió a sonreír–. Oye, ¿Dónde esta mamá?
–La verdad, no lo sé –. Bajó la vista a su móvil. Entrecerré los ojos en su dirección.
–No te creo–. Me senté en la estúpida cama de hospital, cruzando las piernas y viendo fijamente hacia su lugar.
–Seguro llegará en cualquier momento, relájate –. Se encogió de hombros.
Iba a replicar, como cada vez que siento que me esconde algo, pero pasos apresurados y la puerta de la habitación donde había pasado parte de mi vida se abrió de repente.
El reluciente cabello rubio de mamá hizo presencia en la habitación, estaba ansiosa podía notarlo, se movía rápido de lado a lado, puedo notar que está feliz y nerviosa a la vez. Sus hermosos ojos verdes se posan sobre mi, puedo notar que tan parecidas somos, tenemos los mismos ojos y algunos rasgos similares. No puedo evitar sentirme orgullosa de parecerme tanto a mamá.
–Lo logré–. Miro a Troy con una gran sonrisa y este plasmó una igual en su rostro.
Bien, estaba oficialmente perdida–. Hola, también estoy aquí.
Saludé con la mano dramatizando el gesto, dirigieron sus ojos a mi.
Los ojos de mamá me miran llenos de vida por primera vez en tanto tiempo, me huYa verla así y no como últimamente estaba, apagada y sin brillo. Mamá había estado bastante afectada durante está última recaída. Había pensado infinidades de veces, que una vez dejara está mundo ella podría descansar y dejar de lado tanto sufrimiento.
–Me vas a amar mucho más después de esto–. Medio grito dando saltitos en su lugar. Dios ni se imaginan cuánto extrañaba a mamá así de feliz.
–Venga dime–. Sonreí ante su entusiasmo.
–He logrado que Luke venga a verte en el hospital–. Gritó dando saltitos de nuevo.
Esperen, ¿había oído bien?
Sus palabras resuena una y otra vez en mi cabeza. Mi cerebro aún no lo capta.
Luke vendrá a visitarte al hospital.
Luke. Verte. Hospital.
Oh mi Dios.
Luke
Solté una risita por lo bajo mientras Ash saltaba fuera de mi hacia el sofá cuando la puerta se abrió de golpe.
–Luke–. Paul se hizo paso por la habitación, estos últimos días había insistido en qué deberiamos hacer algo para cambiar mi reputación, solo por aparecer fumando, ¿A quien diablos le importa eso ahora? A mi manager, al parecer–. Necesitamos a hablar, ahora–. Mira en dirección a Ash, sé que no es muy de su agrado–. A solas, por favor.
La nombrada hace unos segundos se pone de mi un poco molesta–. Llámame si me necesitas, cariño–. Y cerró la puerta tras de ella.
–Dios, puedes dejarme descansar por un día–. Suspiré mientras revolvía mi cabello con molestia–. Son mis malditas vacaciones.
–Pues tus malditas vacaciones acaban ahora–. Iba a replicar, pero no me dió tiempo de hablar–. Hay un nuevo proyecto. Tienes una muy mala reputación y necesitamos eliminarla lo antes posible antes de que todo se vaya a la mierda–. Hablo rápidamente.
–Nunca he dado una imagen equivocada de mi, nunca he sido un santo–. Me encojo de hombros.
–No he dicho que seas algo que no eres. Ni siquiera sé que está pasando contigo últimamente, se que eres una persona callada y reservada pero algo está pasando–. Me miró esperando alguna respuesta de mi. No va a llegar. Suspiró y continuó –. Soy tu manager y estoy aquí para ayudarte, por eso necesitamos hacer esto.
–¿De que estamos hablando exactamente?–. Me senté derecho mirando directamente hacia él.
–Hay una chica con cáncer, está en su última etapa, y le vamos a cumplir su último deseo, y es conocerte. Quiero que vayas a verla y estés junto a ella el máximo tiempo posible. Debes dar la impresión de que te importa, subir fotos a Instagram y fingir que te importa para pasar el proceso a su lado–. Apreté la mandíbula.
–Esto es demasiado desalmado, aprovecharse del dolor ajeno–. Susurré lo suficiente alto para que me escuchará–. Y si me importa, son mis fans, pero no estoy de acuerdo con esto.
–No te pregunté si estás de acuerdo, debes hacerlo y ya–. Declaró.
–¿Cuánto tiempo?
–No lo sé con exactitud, pueden ser días, quizás meses, no lo sé, Luke.
–No se si quiero hacerlo.
–Es necesario, Luke, está en tu oportunidad.
No me gustaba esto para nada.
Mad
Desde que me había enterado de que Luke venía a verme no había podido pegar ojo, ya que no habían dado fecha para cuando podía venir, solo dijeron que en los próximos días él vendría y estaría contento de estar aquí compartiendo conmigo.
Pensaba cada momento en como mejorar mi aspecto, no era que me viese muy bien que digamos, pero quizá con un poquito de maquillaje luzca mejor, antes me maquillaba y se me daba bien. Sí, eso haré, le pediré a mamá un poco de mis maquillajes.
Troy entra a la habitación con una soda en la mano y unas galletas en la otra.
–¿En que tanto piensas? –. Preguntó con una galleta en la otra mientras ofrecía el paquete hacia mi.
Tome una llevandola a la boca de inmediato–. En que me quiero maquillar un poco.
–Wow, esto de que Luke vendrá de verdad te ha animado–. Me miró con ojos brillosos a lo que yo me encogí de hombros–. Quizá un poco.
Troy me sonreía con una felicidad notable en su cara.
–Oye, ¿y Charl? –. Charl era mi mejor amiga desde que tenía uso de razón, siempre había estado para mi, incluso cuando nadie más podía. Era de pocos ánimos, en la escuela tenía algunos conocidos, pero la verdad nadie era cercano a mi, solo Charl.
–Esta bien, solo un poco ocupada con las tareas del instituto–. Mire hacia la ventana ansiosa, quizá Luke podía llevar hoy.
–Relajate, Mad, eres preciosa–. Besó mi frente en un gesto protector–. ¿Quieres soda?
Mi apariencia no podía verse bien, últimamente tenía muchas ojeras, estaba muy delgada y ni hablar de que no tenía cabello.
Desearía poder ser todo lo que leía. Siempre me gustó leer, me teletransportaba a un mundo donde yo, no era yo, me liberaba de mi realidad. No me recordaba que podía morir en cualquier momento o que quizá no me veía lo suficientemente bonita, aunque ese no era mi pensamiento principal. No me consideraba fea, porque por lo menos mis ojos verdes eran los suficientemente brillantes.
Ajuste mis pantalones a mis caderas y mi suéter una vez más. Había perdido el doble de peso esta vez, a tal punto que los huesos de mis caderas, hombros y clavículas se marcaban a sobremanera. Suspiré, jamás tuve tiempo de haber una linda historia de amo, mi vida se basó en pasar mucho tiempo en el hospital. Me senté una vez más en la camilla, pensando que solo me quedaba un sueño, y estaba por cumplirlo, solo me quedaba ser feliz.
...
Habían pasado solo unas horas, quizá apenas solo pasaron la 13h y yo estaba nerviosa. Bueno decir que estaba nerviosa era burlarse de mi, estaba muchísimo más que eso. Quizá ni vendría hoy y yo estaba alterando mis nervios desde hacía unos días atrás.
Comencé a jugar con un hilo de mis pantalones mientras mi mente divagaba entre cuando podría llegar Luke, o si vendría hoy, o si estaría ocupado.
–Basta, estás alterando mis nervios–. Troy soltó de repente, lo mire mal por haber interrumpido el hilo de mis pensamientos. Lo miré mal y me recosté en la camilla.
Dirigió sus ojos al lugar donde mi suéter se levantó y mis caderas quedaron expuestas, dejando ver cuan delgada estaba últimamente.
–Creo que Luke no vendrá–. Comenté para sacar su mente de los pensamientos que estaba teniendo últimamente. Troy había estado bastante afectado desde mi última recaída, incluso más cuando el doctor dijo que ya no había mucha esperanza para mí. Intentaba ser fuerte por ellos.
–No pienses así, Maddie–. Mamá levantó la vista de su teléfono móvil desde la esquina mientras me regalaba una sonrisa–. Seguro está un poco ocupado, solo eso.
Mamá se encogió de hombros intentando bajar mi nerviosismo.
–No soy tan importan...
No pude terminar lo que estaba diciendo gracias al estruendo que hizo Troy al levantarse con fuerza de la silla, sus ojos me miraron llenos de furia y salió de la habitación dando un portazo molesto. Mamá comenzó a soltar algunas lágrimas desde la esquina en silencio.
–Lo siento–. Susurré arrepentida de haber dicho eso en voz alta.
–No quiero que repitas eso otra vez–. Mamá se limpió la lágrimas rápidamente–. Eres muy importante para nosotros, Mad, nunca lo olvides–. Su voz estaba rota, me dolía justo el pecho.
–Lo siento–. Repetí. Mamá solo asintió limpiando una vez más su cara para pasar a hacerse una coleta alta.
–Descansa, iré a tranquilizar a Troy–. Se puso de pie sin mirar atrás mientras caminaba directo a la puerta.
No tenía el valor de decir nada más así que solo asentí.
Me acomode mejor en la camilla, me hice una bolita y rodee mis piernas con mis brazos, solo quería descansar un rato.
Me desperté un poco confundida, no tenía ni idea de que hora era, me imaginaba que tarde por la noche ya que todo estaba oscuro. Había pasado otro día y Luke no había venido, eso me decepciona un poco, pero lo entendía, él era famoso y no tenía tiempo para muchas cosas.
Me senté en la camilla restregando mis ojos, aún estaba un poco cansada, quién sabe que hora era, quizá las ocho y nueve.
Dirigí mi vista a una esquina donde alguien estaba sentado tecleando en su teléfono con el brillo muy bajo, no alcanzaba a ver bien sus rasgos, pero por contextura era un hombre.
–Troy, ¿Que haces aquí?–.Mi voz salió horrible, rasposa. Me acerqué a tomar mi teléfono y Vi la hora, 21. Dios había dormido demasiado. Iba a ponerme de pie cuando esa voz me dejó paralizada.
Al inicio no reconocí la voz y cuando caí en cuenta, mi cuerpo comenzó a temblar con nerviosismo.
–Despertó bella durmiente–. Esa voz, la voz que tanto había escuchado por varios medios y que tanto había soñado con conocer.
Escuché pasos alejarse un poco y de repente la luz se encendió cegandome unos segundos. Un nudo se instaló en mi garganta, ¿Cómo se habla? ¿Cómo se respira?
Lucero creía vivir el sueño de una heredera protegida por su marido, Julián Real, hasta que el silencio de la mansión se convirtió en el eco de una traición despiadada. Ella pensaba que su matrimonio era un refugio para salvar el legado de su padre, sin imaginar que dormía con el hombre que planeaba su ruina. De la noche a la mañana, el velo se rasgó: descubrió que Julián no solo esperaba un hijo con su amante, la estrella Serena Filo, sino que su unión fue una maniobra calculada para saquear la empresa familiar y dejarla en la calle. Su vida perfecta se desmoronó cuando se dio cuenta de que cada beso y cada promesa habían sido parte de una estafa corporativa. La caída fue brutal; Lucero pasó de ser la respetada esposa a una paria humillada, despojada de su hogar y acusada públicamente de extorsión. Mientras sufría el dolor de una quemadura física y el abandono de Julián ante las cámaras, la sociedad le dio la espalda, convirtiéndola en el blanco de una turba que pedía su cabeza. En medio de su desesperación, una pregunta comenzó a torturarla: ¿realmente sus padres murieron en un accidente o fue un asesinato orquestado por la familia Real? La aparición de un documento con una firma comprometedora sembró la duda sobre quién era el verdadero monstruo detrás de su tragedia. ¿Fue Damián, el gélido y poderoso hermano mayor de Julián, quien autorizó la caída de su familia, o es él la única pieza que no encaja en este rompecabezas de mentiras? La confusión se mezcló con una atracción peligrosa hacia el hombre que parece ser su único aliado y, al mismo tiempo, su mayor sospecha. Bajo la identidad secreta de "Iris", la compositora fantasma que mueve los hilos de la industria, Lucero decide dejar de huir para empezar a cazar. Una firma húmeda en un papel prohibido, un pacto oscuro con el enemigo de su enemigo y una melodía cargada de venganza marcarán el inicio de su contraataque. Esta vez, Lucero no será la víctima, sino el incendio que consumirá el imperio de los Real hasta que no queden ni las cenizas.
Observé a mi esposo firmar los papeles que pondrían fin a nuestro matrimonio mientras él estaba ocupado enviándole mensajes de texto a la mujer que realmente amaba. Ni siquiera le echó un vistazo al encabezado. Simplemente garabateó esa firma afilada y dentada que había sellado sentencias de muerte para la mitad de la Ciudad de México, arrojó el folder al asiento del copiloto y volvió a tocar la pantalla de su celular. —Listo —dijo, con la voz vacía de toda emoción. Así era Dante Moretti. El Subjefe. Un hombre que podía oler una mentira a un kilómetro de distancia, pero que no podía ver que su esposa acababa de entregarle un acta de anulación disfrazada bajo un montón de aburridos reportes de logística. Durante tres años, limpié la sangre de sus camisas. Salvé la alianza de su familia cuando su ex, Sofía, se fugó con un don nadie. A cambio, él me trataba como si fuera un mueble. Me dejó bajo la lluvia para salvar a Sofía de una uña rota. Me dejó sola en mi cumpleaños para beber champaña en un yate con ella. Incluso me ofreció un vaso de whisky —la bebida favorita de ella—, olvidando que yo despreciaba su sabor. Yo era simplemente un reemplazo. Un fantasma en mi propia casa. Así que dejé de esperar. Quemé nuestro retrato de bodas en la chimenea, dejé mi anillo de platino entre las cenizas y abordé un vuelo de ida a Monterrey. Pensé que por fin era libre. Pensé que había escapado de la jaula. Pero subestimé a Dante. Cuando finalmente abrió ese folder semanas después y se dio cuenta de que había firmado la renuncia a su esposa sin siquiera mirar, El Segador no aceptó la derrota. Incendió el mundo entero para encontrarme, obsesionado con reclamar a la mujer que él mismo ya había desechado.
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