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Historia
Las bellezas del rey

Las bellezas del rey

Autor: Lizy Kell
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Capítulo 1 Ardid de concubinas

Palabras:1273    |    Actualizado en: 05/03/2021

los palacios del harén imperial. El invierno había llegado por primera ve

esde sus palacios la entrada

o conformaban, la emperatriz; su esposa principal, la consorte Akil; representante de una de las familias influyentes del imp

al palacio que se alzaba imponente sobre el resto

manera individual para conseguir el favor del rey. Pero resultaba casi imposible ganarse su aprobación compitiendo con una p

ingresa a los palacios y vuelve a reunirse con

u majestad seguro la recuerda -

oritismo del rey con la emperatriz como por la

i descuidada con mis p

da. No era la favorita del rey y tampoco le había dado hijos, si una mujer entraba al palacio y eventualmente esta se ganara el favor del rey y ademá

·

o de la emperatriz hasta llegar a sus habitac

d -la mujer lo salud

reguntó el rey mientr

que su majestad

ado ocu

es el jefe del estado y esos asuntos son más impo

an simples como aquellas lograba ga

rsenal de encantos con tal d

están l

n la niñera mientra

la cabeza y caminó inq

a algo,

el supuesto desinterés en mis mujeres y es

ber de la selección hacía que la emperatriz se llenara de celos. En tres años esa sería la tercera vez que se celebrar

del harén del rey y una de esas era su capacidad para mantener r

cumplir los 30 años. Las esposas que confor

mi madre imperial. Debes ayud

rnativa mientras una sonrisa

tación está lista-. Una

las puertas tras ellos. La noche auguraba ser corta para quiénes dor

.

a de la señora Cadi dañó la mañana de la joven reina. Muy bien era conocido su carácter entre las demás esposa

a emperatriz -saludó con

as, no debes tener tal forma

y está por encima de mí. Le d

trae a mi

i pabellón de que el rey

heredero y nosotras solo

mplieron 7 años. ¿Permitiría

sa hizo la peti

, luego al cumplir los 23 años, adquirió otra, esta era la señora Cadi. Fue esa misma mu

uestro trato. Si cumple lo que le pido, p

suplicó desesperada mientras caía

animal mientras con desinterés escuchaba a la señora Cadi. En sus oídos las palabras de la mujer eran un teatrillo barato y sin

o eres una esposa oficial. Te permití elev

e. Por favor, podría hacer cualquier otr

mosa alfombra del palacio hasta llega

ogrando acomodar así ricamente a su clan. Para la emperatriz esta mujer era su lacay

eña cámara. La señora Cadi desde el suelo pudo escuchar el tintineo de los pendientes de

edes gastar todo el tiempo que quieras, solo al

a y limpió sus lágrimas. No importaba cuántas lágrimas derrama

lico el primer capítulo de las bellezas de

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