cía. Las luces del Fiore de Oro quedaban atrás, y con cada paso, el eco de su frustración y miedo crecía dentro de ella. ¿Por qué todo parec
sus risas y murmullos rompiendo el silencio inquietante. Nayara tragó saliva, sintiendo cómo su corazón se aceleraba. Miró a su alrededor, buscando
los, uno de los hombre
a, ¿a dónde
lo y continuó camina
uapa. Ven, te h
ápido, ignorando las risas detrás
es mejor que nosotros? ¡Deten
rrándola del abrigo, jalándola con fuerza hacia atrá
on voz quebrada, lu
sonrisa torcida, la sujetó más fuerte mientras los d
minamos de hablar contigo -dijo o
ra rival para la fuerza bruta de sus atacantes. El miedo la pa
nsación de irritación que la chica, Nayara, le había dejado. ¿Por qué había permitido que lo alterara? Con un suspiro,
un pequeño dije que llevab
te y los ojos aguados de la chica. Algo en ella lo había descoloc
miradas curiosas del personal del hotel. Revisó el lobby y el restaurante, pero no había rastro de Nayara. Al sa
amando su atención. Se acercó con rapidez y notó a una figura conocida en me
evían? A zancadas largas, Angelo cruzó la cal
voz cortó el aire como un cuchill
l ver a Angelo, uno de ellos retrocedió instintivam
dijo el que sujetaba a Nayara, au
, lo agarró por el cuello de la camisa y lo empujó contr
ivirás para arrepentirte -d
on a retroceder. Nayara, aún temblando, se apartó del grupo, l
quien cayó al suelo, t
go.
la oscuridad. Cuando todo quedó en silencio, Angelo se giró haci
reguntó, acercán
aunque sus ojos aún brillab
muró, incapaz de so
la mano, mostrán
es tuy
audible. Angelo la observó por un momento, sus emociones divid
e acompañ
protestó Nayara, aunque su
ón -respondió Angelo, su to
, agradecida de no estar sola en esa noche que había

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