a una declaración de guerra silenciosa contra cu
ropea, iluminación profesional. El tipo de casa que dice
acia la entrada. Su palma estaba sudorosa. Nerv
Pero solo quiere conocerte mejor. Y Constanza e
l himno de los hombres que
hombre uniformado nos r
es, señor Di
a preguntó
rmol que reflejaba todo. Araña de cristal que costaba más
ari
seda champán, cabello perfecto, maquillaje
mi mano pa
a conoces
endió ambas manos-. Abril,
con manicura perfecta. Las mías s
recibirme, se
a cabeza en dos segundos-. Me encanta ese vestido. Tan... clás
para "barato p
sa es
ecibidor -rio-. Ven, P
blanco que parecían demasiado caros para sentarse. A
ente a una chimenea encend
que ese tema quede en
Colgó sin
. Bien
alculador. Como si estu
obre los números de mañana -dijo
e dejaron sola con Isa
bel señaló un sillón-.
está
Y tu familia, Abril. Tu madre es
ente admi
hizo que apretara los puños-. Un
calc
cho lo de s
nta un perro atropellad
aci
difícil debe haber sido para tu madre. Cri
sos." Tan delicado que c
o lo mejo
. Trabajando en una empresa seria. Es admirabl
Como si yo vin
o. Las palabras de Sara resona
ecir algo. Pero Diego
mi amor -Diego so
nte personas. Éramos cinco: los padres
e un lado. Para verme
o -anunció Diego-. De hecho, ella en
. Tal vez iba a
atricio alz
ones -Diego se apresuró-. Nada que n
o: podemos manejar. Plural. Como si él hubier
-dijo Constanza, su vestido costando más que seis mes
y conve
o sabía cómo comerlo. Observé a Isabel. I
rrió contra el
levantó
-le dijo a Diego, ignorándome-. Aunque supongo que
go rio incómodo
o que cada uno tiene sus gustos. Nada m
a mesa. No era apoyo. Era a
en la Católica -Isabel cambió
señ
regó Constanza-. Yo hice mi maestría en Londre
cuatro idiomas
nenados disfrazados de educación. Cada
ejó su tenedor con u
odos. Algunos nacen para alcanzarlo. Otros... solo están destinados
n mí por una fracci
alba Construcciones. De la q
o al cuello. Quise gritar. Quise defe
la
madre gritó en mi cabeza. No l
a rabia. Tragué la just
ijo Diego aliviado-. L
Pequeña.
ré, mirand
ercambiaron una mirada
queñecido. Me había convertido en exactamente lo que esperaban:
yo ya no saboreaba nada. Solo el sab
postre, algo dentro de mí se q
formó. Se enfrió. Se solidificó
empequeñeciendo
ra memorizar cada sonrisa falsa, cada comen
mando. Que estaban poniendo en s
tal fue pensar que mi
a la calma antes
era otra brasa alimentando un fuego lento que
o fue que siguier
ego me llevó a casa,
en -dijo-. Mi madr
ntí. Lo bes
n mi vida, no estaba pensando en c
ndo en cómo

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