img Mi hermana me robó a mi compañero y se lo permití  /  Capítulo 5 Capítulo 5 El funeral | 1.20%
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Historia

Capítulo 5 Capítulo 5 El funeral

Palabras:1915    |    Actualizado en: 10/12/2025

vista de

sin concili

cio de lo desconocido en esta nueva casa se sentía más fuerte que cualquier otra ausencia. Cada

edón de Star Wars, respirando hondo y calmado. Agradecía a la Luna por estas pequeñas muestras de bondad. Esta modesta casa podía car

n se abrieron paso a través de mis cortinas

nterraríamo

stra relación había muerto mucho antes de que su corazón dejara de latir. Era la perspectiva de enfrentar las miradas juiciosa

l término ara

. Estaba sentado, ya vestido con el traje negro en miniatura que habíamos elegido

có una sonrisa que no llegab

miraba frente a mí tenía la mandíbula definida de Kieran y su mirada penetrante. Era un

é, alisando su solapa.

valor y dejó su consola a un lado. -Vámonos -susu

ció imponente frente a nosotros, su coraje flaqueó. Sus nudillos

su hombro tenso-

muladas en sus ojos. -No pudimos... No pudimos despedirnos

yo me había acostumbrado a la ausencia de mi padre, Daniel había perdido

o aquí, mi amor. -Mi voz se quebró-. Y aquí. -Toqué su s

que parte de la tensión abandon

Li

la fuerza que necesitaba

res galas negras, aliados de territorios vecinos y un grupo de socios humanos que había hecho negoc

ealeza. La cabeza de mi madre descansaba con

r D

avés de los vitrales iluminaba sus perfectas ondas rubias. Su vestido de diseñador se ajust

acercábamos. Aunque no era para mí, nunca había sido para mí, sino para

u abrazo contra el encaje negro. Esto dejaba solo un asi

radas y, aun así, su odio no había disminuido ni un poco. Se alejó con lentitud mientras me sentaba

i mirada aterrizó en otra familia que tampoco me quería. Los Blackthorne ocupaban los asientos del lad

igual que mi familia, los Blackthorne se negaban a aceptarme.

a heredado el rango de Alfa. En este momento, me miraba con frialdad. De seguro estaba

do liberarse de las garras de mi madre y ahora formaba una barrera humana entre C

e tuviera que mostrar valentía. Entonces, los acordes melancólicos del órgano indicaron el comienz

*

algo a Celeste: sabía muy bie

nosotros esparcía puñados de tierra sobre el ataúd de nuestro padre. Esperó hasta que la multitud por

a con los arreglos del funeral -Su voz in

cho se abrió más. Mi único mensaje de texto ofreciendo ayuda no había tenido respuesta, aunque

o malicioso. -¿Cómo si algui

-siseó-. Durante diez años, jugaste a la casita con la vida que me correspondía, pero ahora recla

arcajadas frente a

eso. El amor de nuestra familia, su lealtad, el corazó

n removida. Este era un día para honrar a mi padre,

abo, Celeste

d cómo el rostro de Leona se iluminaba al verla, cómo los brazos de ese hombre se abrían por instinto. Cuando Daniel se movió a un lado mío, lo co

mía. Mi valiente niño, de pie a mi lado, me protegí

ran, Daniel merecía estar con su familia. -Claro, mi amor.

n abuelo podría y a Leona alisando su traje. Al menos lo amaban a él

agujero abierto en la tierra. Un re

imas caían, no solo por el padre que había perdido, s

entras me dirigía a mi auto, mi lugar seguro. Esperaría dentro

la salida del cementerio cuand

e las personas. Al siguiente segundo, todo era una pesadilla llena de gruñidos y grito

an

. El lobo de mi hermano protegía a nuestra madre mientras sus colmillos goteaban un líquido carmesí. Al otr

sona recordó a la hija sin loba, a la

renegados s

iguras demacradas se acercaban con sigilo. Sus fosas

l sonido horrible que producía

de golpe y el mundo se inclinó mientras retrocedía a rastras. Encima de mí, un lobo rene

odo lo que había pasado, mori

. Mi hombro me ardía y un líquido caliente y espeso g

ad que estuviera escuchando que so

se abalanz

lo interceptó en el aire. El crujido aterrador de sus huesos

los colmillos al descubierto, se alzaba

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