Sebastián no se despidió; simplemente dejó una nota sobre la mesa de mármol del comedor: *"Viaje a Tokio. Cier
encio sepulcral, interrumpido solo por el pulido rítmico de los suelos que hacían los empleados en l
ve de plata que Marcus le había entregado se sentía como un trozo de hielo quemando su muslo
se acaba -susurró para sí misma, re
temía vivir con un cadáver emocional. Introdujo la llave. El mecanismo
s ambientadores costosos de la mansión; olía a jazmín s
do apenas unos hilos de luz solar que revelaban motas de polvo bailando en el aire estancado. Laura caminó por
ausoleo
stría que rozaba lo obsesivo. La mujer del cuadro tenía una belleza etérea, casi irreal: piel de porcelana, cabello negro como
tu dueña, Sebasti
ebras de cabello oscuro todavía enredadas en las cerdas, y una barra de labios abierta, como si Isabella acabara
si fuera usted,
Thorne apoyado en el marco de la puerta. Su rostro estaba en sombras,
Pensé que estarías en l
a aquí, vigilando que su mundo no se desmorone mientras él no está. O, ehacían ruido sobre la alfombra persa. Se d
ca. Hermosa de lejos, pero capaz de calcinar cualquie
o años. Esto no es luto, es una patología -dijo Lau
se giró hacia ella, sus ojos brillando con una intensidad nueva-. ¿Sabe qué es l
é te r
e ella sola. Ella era su sol, y él se conformaba con ser el planeta osc
amente estiradas. Notó algo extraño en la mesilla de noche: un
n pintaba? -p
ro" solía tener manos de artista. Pero el día del accidente, se rompió las manos y el alma. Dejó los pin
o se atrevió a abrirlo. Sentía que si lo hacía, vería una
-preguntó Laur
taban discutiendo. Ella quería irse, Laura. Ella no era la santa que él recuerda. Aquella noche, Isabella le dijo que nunca lo había
no guardaba un amor sagrado; guardaba una culpa monumental. Esta
que tú s
cia la salida-. Hay puertas que es mejor dejar cerradas, Sra. Blackwood. Si Sebastián descubre que usted ha entrado
or qué. Él no protege su amor por ella; protege s
uz en una habitación que él quiere que
lave de plata. El clic volvió a sonar, pero esta vez
eguntó ella mientras bajaban las escaler
no. Y verlo convertirse en una máquina me está matando a mí también. Pensé que si usted veía la realidad de su obsesión, tendría d
ón que sorprendió a Marcus-. Y no voy a quemar
ente, Laura. O
Marcus, no ha
aire frío inundó el vestíbulo. Sebastián Blackwood entró, seguido por dos asistent
. Sus ojos grises se entrecerraron, escaneando la escena. Su mirada cayó e
jo-. ¿Qué haces aquí? Deberías estar supervisan
cumentos y me encontré con la Sra. Blackwood. Estábamos discutie
altura de Laura. El aroma a sándalo y lluvia que sie
n, fijando su mirada en Laura-. ¿Por qué estás pál
n poco asfixiante -respondió ella, obligándose a
un minuto más rodeado de gente estúpida. -Él dio un paso más, invadien
tió el sudor frío en su nuca. Si sacaba
corrientes de aire en esta
ud tortuosa, la llevó hacia el bolsillo de Laura. Marcus dio un paso ad
arcus -orde
el informe
DE AQUÍ
acho. Sebastián volvió a centrarse en su esposa. Su mano entró en el bolsillo de ella
nte apretó la mano de Laura, que seguía dentro deé que crees que eres más lista que yo. Pero te advertí, Laura. Hay zonas d
soltó ella, la adrenalina ganándole al miedo-. ¿O tienes miedo de que descubr
na forma que ella nunca había visto. Era odio puro, pero tambi
que te salve. Te echaré a la calle con la ropa que llevas puesta y veré cómo e
unca estarás realmente conmigo. Y eso es un incumplimiento de contrato por tu
la rodeó y subió las escaleras hacia el ala oeste. Laura escuchó el sonido de la puerta pri
ó. Tenía las marcas de sus propios dedos gra
dejar cerradas. Pero ya la he abierto, Sebastián. Y ahora q
deliberado, la rompió en mil pedazos. El invierno de los Blackwood acababa de recibir su primera

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