/0/21881/coverbig.jpg?v=f1e680c5ea3132cb8ea8b619993aa746)
el corazón, dos enemigos están a punto de con
mpenetrable y gobernado por una ambición que no deja espacio para debilidades. Desde el primer instante en que sus caminos se cruzaron, lo único que c
án atados po
dición impuesta por sus familias para proteger reputaciones, aseg
ra batalla no e
brevi
nes que rozan lo intolerable. Todo parece empujarlos al borde de la ruptura... y, sin embargo, hay alg
a entre el odio y el de
rca... puede c
te al juez, ambos compar
s vidas se torcier
claro, era esto: sie
ogante y esa manía de empujar, provocar y hacer llorar a cualquiera que se cruzara en su camin
cum
irientes, humillaciones públicas. Siempre con esa maldita sonrisa que la hacía hervir de furia. Alex
su rivalidad se
equipo de básquetbol, no dejaba de seguirla. Henry, en cambio, reinaba en el campo de fútbol: atractivo, pop
o cuando coincidía
uvo lejos, como si el destino finalmente hubiera decidido separar
regresaron convertidos en adultos
na decisión.
riales y acuerdos estratégicos, habían d
atri
n. Sin es
ción: permanecer cas
fue inmedia
le venía encima en el instan
se con
podía s
nte, invisible. El hombre que había convertido su infancia y adolescencia
tir su vida con él le
lidad no pe
ó cada cláusula con una atención casi obsesiva, buscando una
rato er
imonio... o lo
legado. El esfuer
za, Alexa entendía perfectamente lo que estaba en juego. La empresa Kingsley se tambaleab
era la única forma
hacía a
acia él, algo en su int
l chico insoporta
. pel
o hecho a medida para él. Su mandíbula era más dura, más masculina. Su cabello castaño caía con una perfección
damente a
que su mente si
naba en la sala, lej
su vida había
una vez. Jack. La traición. Esa imagen imposible d
aún no
do
ra...
con su
í, clavada en el pecho. Ella no sabía nada de negocios, ni de estrategias, ni
rdo era
ejaría
xistiría dentr
se divorciarían.
iones. S
nsecue
parecía peligros
asi
o por dentro, la satis
cido sentido del humor...
sley era, sin duda, el
viviendo en su propio mundo de fantasías. Una niña mi
n emb
ién había juga
mpecable, su cabello rubio caía con elegancia sobre sus hombros. Los lentes habían desa
rm
samente
pía toda tradición, y Henry no tuvo duda
ea... lo est
fiere la ley... los declar
ayó como u
ismo tiempo, como si de
b
olvidado
susurros, el peso del momento. Solo quedaron ellos d
ron len
e a f
n era ins
con normalidad. La unión de los Carrington y los Kingsl
abían l
odi
estaban... a pu
áculo, pensó Henry, cla
o si la observaran desde todos los ángul
eabrieron apenas c
a escap
ede s
to la golpeó
Henry. No frente
ajo, un nudo apretán
y no era so
u ene
pas
her
aba a un suspi
GOOGLE PLAY