img El albañil de mi madre  /  Capítulo 4 El castigo sobre la lengua | 2.31%
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Historia

Capítulo 4 El castigo sobre la lengua

Palabras:1128    |    Actualizado en: 28/12/2025

r unas bragas de encaje empapada en deseo. Intenté leer, mirar el celular, distraerme, pero nad

ás que un insulto. Me acurruqué sudada, vacía, abrazand

ré los ojos y

ga entre mis labios. Todo. Otra vez, como u

istirme per

cuerpo reaccionaba. Cerré las piernas, como si pudiera contener el calor que empezaba a crecerme entre lo

urdo seguir alimentando algo que él no quería. Pero no pude. Era como si

bragas hasta

idos. No era yo la que se movía: era él, su v

blar, la espalda arquearse. Me mordía los labios. Me faltaba e

í, viéndome. Inmóvil, con mis dedos aún dentro, sentí el

sde siempre. Como si fuera normal encontrarme así: abierta, desnu

a la cama. Como si sus ojos pesaran más que mi cuerpo entero. Me mordí el labio. Sentí que las lágrimas querían sub

ecir algo, pero n

Se acercó unos pasos, sin hablar. Se detuvo al lado de la silla del escritorio y

fin, con esa voz suya,

. No entendía si me lo decía como orden, c

a to

con torpeza. Cerré los ojos pero su presencia seguía ahí, clavada en el pecho como una aguja. Estaba calie

a abrir los

nio, con esa forma suya de no ceder ni un milímetro. Tenía el pantalón desabrochado, apenas bajado. Su erección era e

que él también podía jugar este juego sin perder el control. Que podía

me m

n los ojos clavados en los suyos pe

n mí? -preguntó, como si le moles

esponder. Me apreté las piernas con fuerza

o -dijo-. No sa

o nunca. Pero sabía que no era eso lo que quería escuchar. No se tra

ordenó-. Pero esta v

ismo, con la voz más baja que

ení

obresalía, pesada, palpitante, con una gota brillando en la

és chu

nté sin

on la lengua. Primero un roce leve. Después un beso. Después lo lamí e

sí -dijo-

eo, sino porque ya no podía hacer otra cosa. Era mi man

la voz quebrada, la boca a

dió-. Usá la boca

olía la mandíbula o si las lágrimas me resbalaban por las mejillas. Quería que s

abó, se de

bó frente a mí, con una expresión fría, como si se conc

lengua

, derramándose sobre mi lengua

snuda, con su sabor en la lengua y el corazón roto. Se alejó sin odio, solo indifere

ensando en mí... al

e f

. Ni encaprichada. Estaba atrapada. Y cuando creí que todo

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