ista de El
rente. Sabía a sal, a limones y
estaban rígidas, mi costado palpitaba con u
con trajes oscuros y auriculares escaneaban a la multitud con precisión quirú
o de ellos es
amírez, "
taliana; llevaba una camisa táctica negra que se tensaba contra los músculos de su pecho. Una cicatriz le atrave
ces,
inó hacia mí. La multitud se abrió
os escanearon mi rostro, buscando arrepentimiento
o. Su voz era
haría -respond
fatal,
iento
ejo agudo e involuntario nacido de la última vez
díbula hasta que un músculo se co
Le arrancaré la piel de los
ije-. Cásate c
Chasqueó
con un ramo de rosas negras.
res y poniéndolas en mis manos-. Yo no soy de cursilerías. Si te casas
as negras hasta que se clavaron
u pulgar rozando el ritm
nces
ia. Fuimos directamen
ndo Vicente Ramírez entró con su séquit
de matrimo
un período
ncionario tragó saliva, su rostro perdiendo
és, estábamos de p
Ramírez, acepta
nte, su mirada nunc
Elena T
diez años mientras yo sangraba por su enemigo. Miré al hombre que
ce
sello golpeó el papel c
Elena R
Lo dobló y lo deslizó en su b
s, cuidando mi herida, sosteniéndome contra su pecho como si
bello-. Ya no sangrarás por él. Ahor
as cámaras estallaron en un staccato cegad
a que el mund
so posesivo, de reclamo, que me robó
aron a internet ci
Treviño: Una Decl

GOOGLE PLAY