ista de El
e, el penthouse olía
co, una mentira crue
riódico. No preguntó por la sangre en mi vestido de anoche.
ra invisible. Mi au
-. La minestrone. Sofía se siente débil despu
había incriminado. Quería que nutriera
sirviera a
bien
, un casquillo de ba
cisos y rítmicos. El cuchillo golpeaba la tabla
fuego lento. Lo v
deslizándolo por la
o-. Volveré tarde. No
a alime
ilencio que dejó atrás era pesado, per
promiso que me había dado, el reemplazo del q
ío allí. I
ta. Había enviado mis cosas esenciale
sábado y el lugar estaba vacío. Caminé has
or diez años de inviernos de Monter
orteza hasta que mis dedos se ampollaron, hasta que la madera que
bo
nde me dejó caer. El Puente d
enía dieciocho años. Estaba oxidado. Usé un cortapernqueño chapoteo y desapareció
por su seguridad cada semana. Había atado cientos de cintas rojas allí a lo la
el muro de
í est
. Con
lar. Ella estaba bebiendo
endo Dante, su voz suave, un tono que solía reservar para mí-. Pa
bolsa de basura. Mis cintas. Diez años de mis oraciones,
sitaba rezar. Los dioses estaban muert
uerto Internacio
s despegar. Mi teléfono se sentía pesado e
ho
umadores. Adjunté el expediente médico que probaba que autorizó la extracc
í un m
ue me empujaste. Sé que me dejaste caer. Ya terminé de paga
oné e
ero. Bloqueé a Mateo
de mi teléfono y la
drid, iniciando abordaje -a
e. No miré hacia atrás al horizonte de la ci
a el sac
el f

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