ías -dij
ave contra mi oído, un sal
vida y eres mía. Incendiaré la ciudad ente
días
vió a la clínica.
y el latido muy real de un corazón ausente. Cuando finalmente me dieron de alta, un chofer vino por mí. No
otonando los puños, de pie frente al espejo de cuerpo enter
flejo en lugar de voltear a verme-. Bien.
rrándome instintiv
lir de una c
seda, su tono aburrido-. Esto es importante. Tu padre está dudando sob
vuelta y señaló una
un vestid
sí, pero cruel. Cubriría la incisión fresca, pero el corsé era
rojo sangre. Me puse la máscara d
El aire olía a perfume empalagoso y a un miedo espeso. Cuando entramos,
us dedos se clavaron en mi
contra mi sien-.
en uno -susu
ala. Hizo una seña a la banda para qu
es una noche de celebración. Quiero honrar a la mujer
la mano en su bolsillo y s
bar, parecía satisfecho, agitando su whisky. Este era e
uces del candelabro. Era hermoso. Era frío. Y supe, con u
a arro
Da
destrozó
o, pareciendo un ángel frágil y trágico. Se tambaleó, agarrá
. Se desplomó, cayendo por los dos primeros e
e no
a caja del anillo. Sim
ármol con un ruido sordo, el anillo rebotó
os invitados, subiendo a toda prisa l
gió, levantándola en su
ler su colonia mezclada con el aroma floral de ella. Ni
s de personas miraban el espacio vacío donde
bandonada en el altar ant
de Sofía descansaba en el hombro d
na pequeña y venenosa sonrisa. Articuló cinco pal
erás la
suelo. No lo recogí.

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