trándome de vuelta al agudo olor a antisép
a de fluidos claros esta vez. La cortina entre mi cama y la siguiente estaba
dad-. Te dio un riñón. Luego te dio su sangre cuando apenas podía
la arrogancia innata estaba intacta-. Elena es fuer
Renunció, Dante. Dejó sus
sus palabras-. No tiene a dónde ir. Su padre me la vendió. Es de mi prop
prop
a. No su amor.
e abrió, señalada por el agu
guda, frenética-. ¡Los truenos!
a tormenta se desat
suavizándose instantáneamente a ese ton
icó-. Por favor. Las enfer
e a levantarme
fusión -argumentó Mateo-. Ne
me a levantarme o me arra
s sábanas, el gruñido de
la cabeza lo suficiente para ver
vaba una bata de hospital, con un aspecto terrible. Pero
o al pie
preguntó a la enfermera del pasillo cómo
a dos veces en una semana para ir a tomar la mano
na extraña sensación me inva
a
timo hilito de esperanza que me hab
de la habitación vacía,
do de empacar. Dante entró. Se veía mejor, el color había vu
ubiera pasado-. Qué bueno que estás en casa. El
renderán -dije, dobland
ompensártelo. Tendremos una fiesta de compromiso privada. Solo los J
excluir a su amante de la fiesta de compromis
bien
rendido de lo
tá b
Una fiesta suen
avión de Vicente aterrizara. Podía i
tendiendo la mano para
liné hacia él. Me quedé ta
-notó, retir
-mentí-. Perdí mucha
cer un poco incómodo, pe
compraré ese collar de diaman
ara servir
sé. Disfruta el silencio. Porque la tor

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