ista de El
coche era sofocante, má
no me
gri
l volante de cuero, su mandíbula trabajando tan du
o bajo y patético que me irritaba los nervio
almente, su voz áspera como la gra
na, viendo las luces de la ciudad desdibuj
n psiquiatra
en la entrada
ban allí, asegurando el perímet
Sofía. La ayudó a salir con una
propia
sadas, como si mis venas
la sala de e
automáticas se cerraron detrás de
vió ha
hado de lágrimas. Estaba to
mano y me
ruscamente en las
do. El escozor fue agudo, cal
l beneficio de las enfermeras de afuera-. ¡Intenta
osotras, atrapando a Sofía
m
dos trozos de
pción goteando de su tono-. Creí que tenías clase.
mejilla. M
brotó den
ri
oscura y dentada, y se abrió p
las lágrimas corrieron por mi rostro, mezclándose con
clase mientras paseas a tu amante como una reina? ¿Me
cho de Dante, acurrucándose más-. Dante
de Dante
ue cambiando por completo a la
doctor! -rug
la es
l hombro-. Desaparece de mi vista antes
por el
la en la sa
censo
tr
tando la vista de mi esposo corriendoen el acero frío
llo
terminado
é a la
horas. Fue el sue
la univ
ndo un cuaderno de bocetos que se me había caído. Sonreía, esa
ue nadie te ha
o se re
transformó e
ra el v
mi cuello estaba teji
erté ja
por las ventanas, pero la
otas pesadas. El sonid
ta de seda y s
udanza subían cajas
n el rellano,
tocador -ordenó-.
cí el
casa de
-pregunté, mi voz
ía culpa en sus ojos, solo irr
u numerito -dijo-. No puede quedarse sola en la
contigua a la nuestra
da aqu
illa? -p
igió-. Más cerca de mí.
nte a la habitación con
ando el últ
veo
si eso lo hiciera mejor-. S
upuest
ta y volví a
puerta
. No arr
o y saqué mi
otra noche ba
miento de mi alma fina

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