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ojos de Dante Villarreal,
é sus heridas y calenté su cama cuand
cuperó la vista, los años de
Moreno por una plaza, descartándome como "la hija de la si
a verlo
e una torre de copas de champaña se hiciera añic
ragmentos de cristal, mientras se la llev
ver a la mujer que le
ta de que había ado
para que me tratara como una venda
quedaría en el penthouse,
elebraba su compromiso
quidación por cincuent
mi teléfono y abordé un
vacía, se dio cuenta de su error y empezó a destroz
ítu
Ríos
ono sonó, y en el lapso de una sola conversación de tres minutos, los siete años qu
rte trasera de la
l olían a su loción
e que se había cegado a sí mismo con whisky y rabia antes de que y
contestó e
ordenó-.
avoz, pero a u
olo era la hija
sabía hacer era cambiar v
ciego y gritando a las paredes, yo había aprendido su
ea, afilada por la ira-. ¿Estás loco? ¿Vas a firma
de moverse
que solía vibrar contra m
o rápido y fluido-. La plaza de los Moreno es vital.
-preguntó Ma
e me
a un azul helado y penetra
. Una segurida
una vez me había mostrado en la oscuridad-. Es un desahogo. Pero Sofía será la espos
esah
añera. No u
masc
rompió; simplemen
ventanilla
ron en vetas de rojo y dorado cont
ió Dante, dándome el tiro de gracia-. Ent
lg
a sus labios y
ve, encantadora. La voz de un mentiros
nr
el de mi cara se es
puesto,
ibró de nuevo
ombre *Sofía* bril
íbula s
la di
el c
nstante en el arcén húmedo
ia mí-. Tengo que encargarme de alg
a llo
ince kilómetro
nté, mi voz ap
ta. El viento frío entró de golpe, mordiéndome la piel-. Espera
taba pro
verla
hija de la sirv
a
se hundieron
golpe, sellándolo dentro de
rechinando contra el asfalto, dejá
s se desvanecían hasta que fue
te
o cuando no podía
uando vivía en u
aba completo, se había dado cuenta de que yo
ia la caseta
luvia empapara mi blusa de seda
teléfono
an, pero mi mente
que nunca me habí
larreal -respon
ndo la carretera vacía-. Dígale que la hija de la

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