, regresé a la ha
ran vestíbulo, mis pasos resonando contra la piedra fría. Todavía estaba débil, mi cue
trasero, atraída por el sonid
, calentada a unos perfectos 27 grados. La habían construido para mí cu
estaba
ablemente costaba más que los autos de la mayoría de la gente. Me vio
ó, sorbiendo un cóctel de color n
sobre mis talones p
dio la llave de tu oficina. Dijo que ahora soy la Contadora Principal. Anoche durmió
No me di
La necesitarás cuando el SAT
lpear el concre
ero solo eres una ladrona. ¿Esta albe
aba parada peligrosamente cerc
sfrútalo", d
añó el brazo con sus propias uñas, dejando tr
con un chap
gritó, chapoteando en el ag
instante. Francisco y María Ríos, mis padres a
María, corriend
Sofía, tosiendo agua.
pregunta. Ni siquiera me
pudiera levantar las manos, la pesada bota
ido doloroso. Salí volando hacia atrás,
sabía nadar bien -mi asma nunca se había ido del todo- y el pesado ab
llegar a la superficie.
ogré decir.
a desde la orilla. "¡Mira
dome luchar. "¿Quieres ahogar a mi h
ardían. Pateé, luchando contra
Unos brazos fuertes me
s. Tosí, vomitando agua clorada, aferrándome a él. Por u
me soltó. Mi cabeza golpeó el duro a
sobre mí, el agua goteando de su
toalla en los brazos de María, sollozando lágrimas falsas. Fra
", susurré,
orregible, Elena. Siempre causando drama.
a rodeó con su brazo,
ando a una calma letal. "Vuelve a tocarla, y olv
la es
Sofía. E
ua en el concreto frío, temblando

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