Traicionada por la Sangre, condenada a casarme con el CEO implacable / Capítulo 3 HUMILLACIÓN | 14.29%sportaba a sus padre
k desfilaba ante sus ojos como un mundo al que ya no pertenecía. Las luces, el ruido, las
nto sonid
e la es
siado grande para contenerla. Una tristeza e
dió que no habría refugio. La puerta de su antigua habitació
ez el d
ntos, casi arrastrados, como si
a rodó por su mejilla. Se mordió los labios
squé esto.
n su voz er
ada por un error que no planeó, cast
a vida es ta
as. El silencio. La soledad. El temblor. Ha
azándose a sí misma como si
ado, el matrimonio se c
flo
mús
n a
río. Un castigo di
epulcral. El sonido del bolígrafo raspando el papel y el tic-
ente a la mesa de madera oscura, con las manos temblorosas sobre su reg
rma
autoritaria, distante. Como
bajó la
staba s
l de Joa
reducido a
irmar significaba renunciar a cualquier
irma con un
olígrafo sin vacilar. Firmó con firmeza, si
ra Benz -anunció el funcion
o de una cadena cerrándos
bo pal
bo con
ra como una muñ
No cruzó palabra con Edu
residencia Benz, Sarah sintió el peso del vestido blanco sobre
ue Joaquín via
o lo
irada fija en la ventana. Durante todo
mansión, los sirvientes se incli
n pasó
n el umbral de una habitación amplia y lujosa
e bien, Sa
era una
e convierte en mi esposa. Recuerda lo q
ntentó
Yo
ó, golpeando la p
Nunca había sentido un o
rte -continuó-. Para mí eres una carga impuesta. Una mu
se agolparon
ca quise
soltó una
... ¿por qué es
lo
misma respues
a acorralarla c
ida. Y tercera... -sus ojos se endurecieron-. No olvides que este mat
si su presenci
final del pasillo. No cruc
se
sola, con el c
ue no se
l infierno comenzaría
ión en todo el día. No
e, Joaquí
dijo con
no ha probado boca
ió sin detenerse-. Por mí
con la cabeza
te, el hambre obligó
ocas prendas que tenía. Sabía que de
sintió la
que es
rapó al jov
desc
la c
sa estaba servida. Jo
o una ama de llaves-. No suele comp
illos con man
s aho
trimonio
dignidad, ya
dentalmente" su vaso. El j
soy... -di
s una vo
están h
estaba en
rada... y su esperan
e te pisoteen -dijo con desprecio
as se re
o pienso rescatar a una mujer qu
se
bajó la
se le quedó gr
nunca se había
se por los pasillos de mármol y posarse sobre los hombros de Sarah como una condena inv
ción en el comedor, na
reguntó
e se
ingió co
tenía voz; el abandono, no. Él solo aparecía para recordarle lo innecesaria
o aire, buscando algo que no supiera a encierro. El verd
nces
o de un hombre mayor y dos asistentes. Su presencia le tens
Sa
labios de él,
tó la cabez
.? -murmuró
eguntó Joaquín con frialdad-.
quebró el silencio. Su mirada la atravesó sin
n -continuó-. No molestes. No estor
que las mano
-susurró-. Pensé que quizá podía ayudar, limp
umpió con una sonrisa
acia ella, de
arah. Ni tú. Ni tu familia. Y muc
e clavaron en el p
uera por lo que hizo tu hermana, nadie tendría que saber que es
aso atrás. Su c
esposo en ningún sentido real. Estoy aquí por obligación. Y mientras sigas e
observó la escena con interés. Lueg
-. Está claro que haría cualquier cosa por formar parte d
ómago de Sarah se
n-. No olvides jamás que esta es la vida q
elta sin espe
dejó
Rota. I
si pudiera sostener los pedazos de sí misma. No esperaba amor. Ni
Benz no se l
-susurró al cielo, buscando un
res segu
rmo
ifer
dos en e

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