rante toda la universidad, soñando con c
mer trabajo de verdad, Dustin la apuñaló por
emos, además de ser guapísima, ¿qué más puedes ofrecer? Llevamos años saliendo y ni siquiera has dejado que te toque. Tus padres ya no están y no tienes nada a tu nombre. Si nos casamos, si alguna vez compramos una casa o un carro, todo saldrá de mi famil
tió devastada, convencida de
l como era, todo cobró sentido. La caus
osa para tener una vida fácil, mient
hogado sus penas en vino, lo que la conduj
la Gabriela de antes por haber sido tan ciega
con trajes a medida y una artificial sofisticación. Su antiguo encanto de
a casa? Phyllis no ha dormido nada esperándote, ¿sabías? Eres una invitada,
a carcajada ante lo ri
su prop
ocio, a su hermano, Josué Haynes, pidiéndole que cuidara de la niña. Así fue como la familia de Phyl
e había convertido en una
ró a Dustin. Cuando dio un paso adelante
está preocupada por ti?", la regañó él,
fingir una sonrisa. "Mi teléfono ha
ien sin llamarlo o mandarle un mensaje en estos tiempos? Todo e
era un cas
u culpa, ¿y aun así te niegas a reconocer su amabilidad? ¿Es tan difícil mostrar un poco de cariño a t
rioridad. "Ve a disculparte con Phyllis. Y a p
rre y entró a la casa, cans
n brazo sobre la frente como si estuviera
z temblorosa y fingida preocupación: "¡Gabrie
presión de agotamiento, y pasó de lar
rio? ¿Por qué esa actitud tan fría? Phyllis no p
un tono suave y de disculpa. "No culpes a Gabriela, Dustin
o tiene la culpa", dijo en voz baja y a la defensiva. "Si estás molesta, desquítate conmi
rante. "Oh, ¿no pudiste dormir? Suena grave. Quizá deberías ir a que te lo revisen, el
stro de Phyllis perdió todo su color. Las lágrimas bro
r la fingida herida. "Amabas a mi novio desde hacía mucho tiempo, entiendo lo mucho
con irritación. "Gabriela, nunca imaginé que pudieras ser t
falsa simpatía. "No seamos tan duros, Dustin. La pobrecita quizá nunca encuentre otro hombre tan extraordinario como tú. Tend
baba de pasar la noche con alguien como Brenden. No le gustaba e
ivel de su prima, no tenía energí
bitación y cerró la puerta tras de s
ués, se recostó en la cama, mirando al techo mientras el torbellino
preocupaciones la mantendrían despierta. Sin embargo, el
tristeza como si fuera una chaqueta vieja, de
areciera a su lado, con los ojos brillantes de travesura. "¿Te enteraste d
la se disparó. "Es
ecía sonreírle. Las cosas e
n el señor Moss. Naturalmente, solo él pudo haber arreglado su traslado". Y añ
ecido por enfre
a llegado. Recordó de repente que había dejado algunas cosas en
tó con voz tensa: "¿Sabes cuá
r sus cosas antes de que Brenden desapa
. Se irá en cualquier momento", murmuró
ida, pasó de largo junto a su amiga y se alejó a toda pr
teresada en é
io a sus espaldas. A Gabriela le tembló el pulso
uerza, y vio a Wesley de pie justo en la entrada.

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