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. Land
la puerta, bien cerrada, dejó la mano d
metió por las yemas de los dedos y le caló hasta los
ella y su esposo, Landen Barnett
a de la habitación, comprendió per
credulidad le oprimió el pecho. La
na dolencia que le impedía tener relaciones íntimas. Por
rse de lo contrario. Pero cuando se oyeron profundos gemidos masculinos
uya. La conocía
s lágrimas le anegaron los ojos y empezaron a caer sin control mientras se tap
uieron, Keylin se dedicó a cuidarlo con una devoción inquebrantable, haciendo oídos sordos a las burlas y miradas d
nocimientos médicos, logrando arrancarlo de las garras de la muerte. Aún recordaba el día en que despe
en su corazón, igual que el a
en cuerpo y alma para ser una esposa devota.
o si un cuchillo le estuviera desgarrando el corazón. Todo su sacrificio
lla, pero se quedó clavada en el sitio al oír las pa
alsa preocupación. "Seguro que está en casa sentada, esperándote como la esposa abnegada que
orazón solo hay sitio para ti. En cuanto a Keyli
tierna, pero sus palabras fuero
ón le quemaba en el pecho y, con manos t
echo mal? ¿Por qué
brupto dejó a La
l lado. Frunció el ceño al mirar a Keylin, con un gesto de visible irritac
as le flaqueaban. Su indifer
¿Ya ni siquiera
rolables, volvían a nublarle la vista. "Si no hubiera v
s era asfixiante, y su evidente molestia le
emblorosa. "No culpes a Landen. La culpa es mía.
n ella. Había algo en su rost
Helena, la amiga de
nden poco después de casarse. Después, la foto desapare
ue la había reemplazado, se dio c
nca, apenas un susurro. "Si no querías estar conmigo, podrías habe
cargado de desprecio. "Dejemos las cosas claras de una vez. Quiero el
ía de dolor, pero su voz sonó inquietantemente serena. "De acuerdo, divorcié
casi boquiabierta. Intercambiaron una mirada de a
avo, se atrevía a exigir la mita
dispa
nden es quien ha estado al frente del negocio familiar mientras tú te quedabas en casa disfrutando de la vida. Los Barne
ne derecho a darme lecciones de justicia. Y que quede claro: no estoy pidiendo permiso, es una
pareja al instante. Sin dedicarles una segunda mirada, s
l teléfono y sus dedos se detuvieron sobre la pantalla. Tras una
do sonó cargada de una emoción apenas contenida. "¿Key
las afueras de la villa privada de Landen. ¿Pu
sto! Llego
rompió la quietud de la calle, y una comiti
el conductor se bajó. Al reconocer aquel rostr
adero yo, viviendo en la sombra para
ridíc
y no era demasiado tarde para r
ordinado, acercándose con voz preocupad
as de las lágrimas en su rostro, abr
ebrantable como K
rastros de lágrimas con el dorso de la mano y dijo con calma
en asimilarlo antes de que una amplia sonrisa se dibujara en su rostro, seguida de una sonora carc
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