rileo de miedo. Me agarré el estómago, un instinto protector que superaba todo lo demás. Mi bebé. Mi pr
bían encarcelado. Sacudí el pomo, desesperada, pero se mantuvo firme. Las pesadas cortinas bloqueaban las luces de la ciudad, sumiendo la habitación en una oscuri
o el estatus, la riqueza y el apellido Garza por encima de la seguridad de su propia hija y la vida de su
a huérfana. No realmente. Cuando era adolescente, había encontrado una carta, escondida, de una trabajadora social. Contenía un único número de teléfono. Un con
ente, un eco medio olvidado de esa vieja carta. Lo había descartado como una coincidencia, una fantasía. Pero ahora, en esta pesadilla, era el único hilo de esperanza
esitaba llamar a ese número
a llave giró en la cerradura. La puerta se abrió. Alejandro estaba allí, con una bandeja de comida tibia
cuidadosamente modulado-. Sé que esto es difícil para ti. Créeme, también es
dolían las rodillas-. Querrás decir por tu carrera pol
do la bandeja en
El futuro de nuestra familia. Proveer para todos.
na mirada trist
rificando a todos los demás en el altar de tu ambición. Niegas a tu hijo, me obligas a es
a mano por
re el cargo, podremos manejar las cosas de manera diferente. Podemos hablar de... una compensació
a mi hijo, mi dolor, mi vida, como un activo negociable. Un problema que debía ser manejad
í. Tenía que luchar contra él con sus propias
mis hombros a relajarse. L
entemente firme-. Yo... lo entiendo.
a una capitulación tan fácil. Un destello de
? ¿De
ansada. Estoy tan, tan cansada de luchar. Solo quiero
de puro alivio, se ex
ía que entrarías en razón.
acabara de aceptar un inconveniente menor
s de que pudiera regodearse por
, un toque de ca
ndic
alizar los acuerdos. Para asegurarme de que todo sea... discreto. Y para decirles a mis
ble, pero me compra
momento, l
que te los traigan de inmediato. Están guardado
atrayéndome en u
repentirás de esto. Te l
nte y posesivo. Luché contra el impulso de retroc
a esperanza, frágil y aterradora, se encendió dentro de mí. Mom
uas, mensajes antiguos, hasta que lo encontré. Una captura de pantalla que había tomado hace años, un trozo d
y temblorosamente, cerré los ojos y presioné marcar. El teléfono sonó,
a Petri. ¿
ente nublando mi visión-. Yo... creo que usted podría ser m

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