urí. No necesitó tiempo para desperezarse; el entrenamiento de años la puso en pie antes de que el segundo timbrazo pudiera
ndo dejara de dar vueltas. "Solo es el primer trimestre", se recordó
con un pequeño pulso eléctrico desde una aplicación en su reloj, se contraía de forma uniforme. No era una faja convencional; este dispositivo distribuía la presión para no dañar los órganos, p
de cuello rígido y una corbata delgada. El uniforme de la invisib
ando unos informes en la parte trasera de un SUV b
ue esa puntualidad sea una constante y no u
ero, señor Thorne -respondió ella, ocupando el asiento del cop
a bolsa de valores para evitar tres puntos ciegos que detectó en los informes previos. Mientras el coche
ptara este vehículo en el puente? -preguntó él de repent
trónica. Su voz era técnica, fría, perfecta. Pero por dentro, el mareo provocado por el movimien
vo que seguirlo a través de tres plantas diferentes, supervisando reuniones, escaneando rostros y verificando la integridad de
mi despacho -ordenó Adrian mie
r el perímetro del comed
omerá conmigo. Necesito repasar los protoc
e a él era el mayor peligro. El olor de la comid
humado. El olor a pescado inundó la habitación cerrada. Sofía sintió que el mundo
reguntó Adrian, notando que
es que me envió -mintió ella, clavando la vista en la tab
de seguridad se desmaye por f
propio cuerpo. Adrian la observaba con una intensidad inquietante. Había algo en su mirada que no er
mentó él, dejando su cubierto de plata-. Y muy solitaria.
n mi línea de trabajo, señor Th
a es... refrescante. Casi parece qu
o ella podía sentir. Era el sensor térmico del panel de compresión: estaba detectando un aumento de
se fijó en la palidez
revisarlo personalmente. Con su permiso -se levant
de seguridad y cerró la puerta con pestillo. Se apoyó contra el mármol, respirando agitadamente
ce llorar. Se miró al espejo. Su vientre, liberado, mostraba una
rró, acariciando la tela sobre su pie
s firmes acercándose a la puerta
so 4 -la voz de Adrian, justo detrás de la puerta, so
itivo de compresión, sintiendo cómo el panel volvía a apretar su cuerpo, y se aboto
una expresión que mezclaba la sospecha con u
a contra el marco de la puerta-. En mi empresa no se miente. Si tien
dando sus sentidos. La cercanía era letal. Sus ojos bajaron por un segundo a los la
sido un episodio de agotamiento por el calor
a rozar la mejilla de ella para comprobar su temperatura, pero se detuvo a pocos centímetros. E
ndo a un susurro ronco-. No me gusta que mis empleados ten
día había sido una victoria pírrica. Había mantenido el secreto, pero había despertado al caz

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